Paul Weller, el increíble hombre cambiante CONCIERTO EN LA RIVIERA

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No hay demasiados casos en la música popular en que encontremos un artista que abandona su grupo de toda de la vida, a pesar de encontrarse en lo más alto, y arriesgando todo, decida emprender una nueva y arriesgada carrera, en la que además romperá con todos los corsés estilísticos de antaño.

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La obra de Paul Weller, es ya tan vasta (13 discos en solitario) que ha superado por sí sola su trabajo en sus dos míticos grupos The Jam y Style Council. Tanto es así que, a pesar de los rumores y la insistencia de fans, prensa especializada y sus antiguos compañeros, Bruce Foxton y Rick Buckler, el músico de Woking, Gran Bretaña, se ha negado a hablar de cualquier posibilidad de reunión del grupo que este año celebra el 40 aniversario del lanzamiento de su primer álbum, In The City.

Y eso es algo que se puede apreciar en cada uno de sus conciertos, muy poco dados a la nostalgia, y muy centrados en la necesidad de atención respecto a una obra en solitario que empezó en 1992, con el maravilloso álbum homónimo Paul Weller. Por eso empezó su concierto en la sala La Riviera de Madrid con la inapelable White Sky, primer single de su disco de 2015 Saturns Pattern, pistoletazo de salida para un concierto en el que el artista británico demuestra por qué es el músico más en forma del Reino Unido, sin que le cause la más mínima mella sus cuatro décadas de oficio.

El exlíder de The Jam gira acompañado por una sólida banda, compuesta por bajo, teclado, batería y percusión, en la que destaca su fiel Steve Cradock (miembro a su vez de Ocean Colour Scene) como guitarra solista, el único músico que ha permanecido con Weller desde la edición de su obra maestra Stanley Road. Poco a poco, sin concesiones y manteniendo intacto el interés de un público entregado, fueron cayendo esas joyas en las que se han convertido sus canciones.

A la perfecta Long Time, le siguieron Where I Should Be, My Ever Changing Moods (una de las escasas concesiones a su obra anterior, en este caso de The Style Council), Nova (de su último álbum), para relajar al respetable con esa impresionante mezcla de lo mejor de la tradición de la balada pop con ligeros ecos de soul que es Long Long Road, también perteneciente a su último disco.

Así continuaron sucediéndose canciones, que no solo demostraban el buen hacer de una banda más que impecable, sino también como Paul Weller ha madurado como músico rompiendo esquemas, abrazando desde un pop rompedor a su adorada música afroamericana, pero manteniendo siempre esa actitud de permanente rebelde juvenil, como cuando inició su carrera con 17 años mal contados.

Por eso, La Riviera vibró y bailó con Saturns Patter, Shout to The Top (segundo guiño al pasado de nuevo de la mano de los Council), Into Tomorrow, la electrizante From The Floorboards up, Woo Se Mama su última obra maestra, Peacock Suite, o se dejó llevar con Up in Suzes’ Room, o Above The Clouds que bajaron algo la atención del público.

Hubo que esperar a los bises, tal vez demasiado, para que los fans de The Jam pudieran rugir con los primeros acordes beatle de Start!, provocando un frenético fin de concierto con Come on/Lets Go y The Changingman, dos de los mejores temas de su carrera. Así, hasta llegar al éxtasis final con Town Called Malice, esa canción donde la áspera crónica social de un futuro incierto se baila nota a nota, demostrando que la música de Paul Weller ya es eterna.

Fotos: Jose Juan Catalán Uña