Yonkis del dólar

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¡Oh, Lord, cuánto nos gusta el dinero! A mí también me gusta, la verdad. Es necesario para vivir y además, si te sobra un poco después de cubrir tus necesidades básicas, puedes comprar con él experiencias placenteras como viajes, masajes, entradas de teatro o cenas ricas en sitios bonitos. ¿A quién no le gusta eso? Me gusta el dinero y lo disfruto, pero no me hace perder el norte. Con el dinero me pasa como con el sexo: prefiero tenerlo de sobra a no tenerlo en absoluto, pero no voy a convertirlo en el centro de mi existencia, ni me empeñaré en tener cada vez más y más sin ni siquiera importarme si lo estoy disfrutando o no. Eso sería enfermizo.

patricia-sornosa-diciembre-beatFoto: Pilar Taberner

 

El dinero no debería ser un dios ante el que arrodillarse ni una guía de comportamiento. Puede ser una consecuencia deseable, pero ¿un motivo por sí mismo? Perdemos de vista que la importancia que le damos al dinero no es más que una convención. Los seres humanos hemos llegado a ese acuerdo: el dinero es MUY importante, casi LO MÁS importante. Pero podríamos haber llegado a otro tipo de acuerdo. Podríamos darle al capital una importancia relativa. Asumir que la pasta es necesaria, pero no tanto como para hacer el ridículo con la ostentación o acumulando hasta puntos rocambolescos.

Es curioso. Tratamos la acumulación compulsiva de objetos o animales como un trastorno psiquiátrico. Nombramos y tratamos esas enfermedades: Disposofobia, Síndrome de Noé… Pero cuando se trata de acumulación de dinero, en lugar de considerar al acumulador compulsivo un enfermo, lo ponemos en la lista Forbes y lo admiramos.

Cualquier acumulador compulsivo estima que aquello que acumula tiene valor. La diferencia es que si lo que acumulas es dinero, el mundo entero te da la razón. Y si nadie ve la enfermedad, ¿quién la cura? Así de confundidas andamos las personas. Y si crees que exagero, considera el valor del agua y cómo nos comportamos con respecto a ella.

El agua es básica para nuestra supervivencia, es fundamental para la vida. Sin agua se acabó la movida. Sin agua no hay IBEX 35. Pero a diferencia de lo que nos pasa con el dinero, no se nos va la pinza con el agua. No hacemos ostentación de ella. No salimos los sábados por la noche cargando garrafas de agua de diez litros para impresionar al personal.

La gente rica no acumula miles de piscinas llenas de agua. Piscinas en las que jamás se bañarán, llenas hasta rebosar de agua que no les dará tiempo a beber, ni a ellos ni a los descendientes de sus descendientes, mientras millones de seres humanos mueren de sed. Nuestros políticos corruptos no viajan a Suiza para esconder del propio Estado que gestionan sus botijos repletos de agua sin potabilizar robada de algún pozo público. ¿A que comportarse así con el agua sería patético? Pues con el dinero, más.