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091, el rumor se ha confirmado

por | 8 noviembre 2016 | Reportajes

Se había especulado mucho acerca de una posible reunión. En cada entrevista a José Ignacio Lapido desde la disolución de los Cero salía la misma pregunta de marras: “¿Habrá una reunión de 091?” La respuesta siempre era la misma: “No. Ya hicimos un disco que se llamaba Último concierto”. No había más que añadir.

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Así durante 20 años cada vez que el compositor de Granada ofrecía material nuevo. Sí, es cierto que en los últimos años algo se estaba fraguando. La negación no era tan tajante, parecía haber un atisbo de posibilidad. Un tal vez… O eso queríamos pensar. Y así ha sido. A finales de 2015 sonó la campana. 091 volvían a los escenarios. Pero cuidado, solo en 2016. Ahora o nunca.

Mientras estuvieron en activo el viento no sopló precisamente a su favor. Siempre había algo que impedía alcanzar el éxito masivo, que una compañía pusiera todo su empeño y el dinero necesario para que así fuera. Se ha especulado mucho, ha habido análisis profundos sobre el tema: letras por encima de la media, rotundidad en el sonido, imagen, puesta en escena… seguramente el destino les tenía algo preparado para 2016, como al parecer se está confirmando.

Con José Ignacio Lapido como principal compositor, los Cero arrancaron a principios de los ochenta en Granada. Por entonces, los colorines se adueñaban de la escena underground. Ya entonces eran una rara avis. Pinceladas de punk, algo de post-punk vía Echo and the Bunnymen, The Cure… se entrelazaban con unas melodías personales, letras de cierto calado enigmático y sesudas connotaciones literarias. Ahí quedan para la posteridad sus primeros singles y ese “Cementerio de automóviles” (DRO,1984). Poco o nada sería comparable en la época. Y mucha actitud. Su carrera fue derivando hacia sonidos más rock, de corte más clásico en las formas, pero en el fondo sin perder un ápice de originalidad.

El grupo consolidó su nombre en Andalucía, pero más allá de Despeñaperros pocos se dejaban atrapar por su personalidad. Y sin embargo, fueron capaces de atraer a todo un Joe Strummer, que se cruzó en su camino por casualidad, en una de sus huidas al sur de nuestro país. El azar contribuyó a que les produjera un disco, editado por Zafiro, “Más de 100 lobos” (1986). La compenetración con el inglés, estandarte del punk de finales de los setenta, fue absoluta.

Los Cero lo intentan de nuevo, con “Debajo de la piedras” (1988) y “Doce canciones sin piedad” (1989). El éxito no llega pero se convierten en un pequeño fenómeno, una especie de grupo de culto que cautiva por su personalidad, su compromiso rockero y por el lirismo de su propuesta.  “Doce canciones sin piedad” inicia su etapa más celebrada, caracterizada por las hechuras de rock clásico, el arraigo de las guitarras y la explosión como gran autor de Lapido. A la vez representa el cierre de su capítulo Zafiro. Antonio Arias, que ya había ido y venido tres años antes, decide finalmente abandonar la formación para lanzarse con su propio proyecto, Lagartija Nick.

Con “El baile de la desesperación” (1991), y un intento fallido por parte de Polydor de acercarlos al gran público con el single “La vida qué mala es”, la banda continúa su particular travesía (por cierto, el vídeo, realizado por Tono Errando, se grabó en El Puerto de Sagunto). Sin embargo, será “Tormentas imaginarias” (1993), uno de los álbumes más valorados por sus acérrimos seguidores, el álbum que asiente ya una formación realmente estable. La que actualmente está defendiendo sobre las tablas el legado de los Cero. La que grabó “Todo lo que vendrá después” (1995), su último trabajo de estudio, para despedirse finalmente con un multitudinario concierto en el Auditorio de Maracena, Granada, que quedó registrado en un álbum en directo, ese “Último concierto” (1996) al que tanto se refería Lapido en las entrevistas para justificarse y eludir la demanda de sus fans.

Aunque suene a tópico, el tiempo pone las cosas en su sitio, y vive Dios, que con 091 lo ha hecho. Sus canciones, ahora, 20 años después, no han perdido un ápice de rotundidad, siguen tan repletas de emoción e intención como antes. Con la misma calidad en los textos y en ejecución que hace veinte años. Muestra de ello es, ahora sí, el directo que acaban de publicar, “Maniobra de Resurrección”. Epitafio definitivo del rumor convertido en leyenda.

Sin embargo, ahora es el momento, ¿y antes no? Da que pensar que por naturaleza el humano siempre tarda en darse cuenta de las cosas, y llegamos tarde a los acontecimientos. Cuando tenemos que rebuscar y prestar atención a otras cosas que no se encuentran a simple vista, delante de nuestros morros, mejor mirar para otro lado. Tal vez, todavía haya algunos a los que les va a costar asimilarlo durante veinte años más y entonces será tarde. Algunos nos sentimos orgullosos de haber pertenecido al bando que pregonaba en el desierto que estábamos ante una de las más importantes bandas nacionales de rock de todos los tiempos. A las duras y a las maduras, hace veinte años y ahora. ¿Podremos esperar veinte años más?

Fotos: M. Valdivieso

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