2013: Cosecha gozosa

por | 2 septiembre 2014 | Música, Reportajes, València

Frondosa y muy variada, la cosecha discográfica en Valencia (y el conjunto de nuestra Comunidad) ha sido altamente productiva a lo largo de 2013. No solo abundante, sino también generosa en calidad. Sí, perviven algunos vicios aún enquistados (especialmente la poca amplitud de miras de quienes tienen como cénit actuar en cualquier sala de nuestro circuito local ante un centenar largo de amigos y conocidos, meta loable pero insuficiente), pero ni su presencia es tan predominante como hace unos años ni, por otra parte, puede negar la evidencia de que el ecosistema sonoro autóctono es tremendamente rico y merece gozar de una visibilidad exterior mayor a la que, entre todos, solemos otorgarle.

BEAT VALENCIA #66 DICIEMBRE 2013 PORTADA-CONTRAPORTADA

Es complicado delimitar el ejercicio de marcar unas jerarquías sin aparentar una resolución caprichosa, y más aún cuando hay mayores espacios que este para desgranar argumentos. Pero si hemos de resaltar un álbum sobresaliente, por intuición melódica, empuje lírico y ánimo de relevancia, hemos de quedarnos con La orfebrería según los místicos, el extraordinario segundo álbum de Maronda. Su tránsito, del centenar largo de ejemplares vendidos del primer disco a las más de 5.000 descargas de este último, ya autoeditado (y con más de 200 vinilos también despachados) ilustra mejor que nada el estado de nuestra escena, abocada a una auto gestión editora que, tal y como están las cosas, no debería suponer una limitación en su proyección. También es significativo que haya quien decida poner fin a su trayectoria facturando trabajos que solo pueden generar estupendos augurios. Ese fue el caso de los valenciano-franco-argentinos Megaphone Ou La Mort, quienes se situarían muy cerca de los primeros, gracias a un canto del cisne que engrosaría un pelotón de estupendos álbumes en el que también cabe citar los trabajos de Alberto Montero, Mox Nox (desde la Marina Alta) o incluso la chilena Soledad Vélez, prácticamente valenciana de adopción a efectos operativos.

Ha sido también este un año propicio para los veteranos de nuestra escena. Especialmente para los de medio recorrido. Entre ellos, escribieron un nuevo capítulo en sus dilatadas carreras Doctor Divago, Señor Mostaza, Caballero Reynaldo, Óscar Briz y los algo más intermitentes La Gran Esperanza Blanca, con álbumes a los que hay que situar entre lo mejor de sus carreras. Y sin olvidarnos de Euro-Trash Girl, ya que hablamos de intermitencias en el medio fondo. O de los madrileños Dwomo, tan cómodamente instalados en nuestra tierra que se marcaron un variopinto álbum de versiones de  momentos históricos de nuestro pop. O de esa bendita anomalía que aún son La Muñeca de Sal, protagonistas de un disco (y concierto) irrepetibles junto a luminarias del indie patrio. O de la proyección foránea del garage rock de Wau y los Arrrghs y el paisajismo electrónico de Rauelsson. Particularmente fecunda ha sido también la cosecha que con más frecuencia asociamos al underground local, que gracias también al apoyo de medios y sellos de ámbito estatal, está gozando de una proyección insospechada hace unos años para algunos de sus prebostes. Nos referimos a los rotundos discos de Betunizer, Cuello, Siesta! y toda la hornada que viene detrás, integrada por Teletexto, BeginEnd o los aún emergentes Nueva Internacional.

Desde presupuestos folk, Senior i El Cor Brutal afianzaron su propuesta desde la austeridad, mientras Manolo Tarancón mutó de piel con los estimables Reno. Y precisamente folk autóctono, sin fronteras de estilo, es lo que encontramos en el estupendo tributo a Vicent Andrés Estellés que se marcó Pau Miquel Soler, meses antes de que sus Arthur Caravan unieran fuerzas a Hugo Mas, marcando el paso de una escena en valenciano en la que también destacaron la Petita Orquestra Peiotaire, Aspencat o incluso los catalanes Balancí, editados desde aquí.

De las cenizas del indie rock de los 90 resucitaron los recomendables Mad Robot (concretamente de Furious Planet), y en parte de esas mismas brasas se alimentan aún propuestas más jóvenes, como las de Carolina Otero & The Someone Elses, Trinidad o su spin off  Galope. Mención aparte para el singular punzón melódico de El Ser Humano, el vigoroso rock en castellano de Los Radiadores, el synth pop de Amatria, el jazz con aristas rock de Naima o el soul pop amable de Arcana Has Soul: todos ellos también blandieron argumentos para creer en su crecimiento artístico. El mismo por el que deberían confirmarse con el tiempo promesas como Lanuca, Gatomidi, Delocksley, Daniel Rosell, Red Buffalo y tantos otros que pueden haberse quedado en el tintero.

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