CTMV: “No puede ser que durante marzo todo el mundo quiera contratar mujeres músicas y el resto del año se nos ignore” OCHO DE MARZO: SILENCIO EN LOS ESCENARIOS

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La música es expresión. Es libertad y emoción. Es reivindicación. La música conmueve y remueve. Con ella, emergen pulsiones y valores, deseos y anhelos, confesiones y reafirmaciones. Pero no olvidemos que la música es también un oficio con el que muchas personas consiguen agitar y llenar almas. Y uno donde las mujeres, por desgracia, siguen viéndose obligadas a luchar contra la invisibilización y el machismo que sufren, como trabajadoras, tanto detrás como sobre el escenario.

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Demandar un espectáculo artístico para poner un parche o aparentar unos valores que posteriormente quedan en el olvido es hipócrita y sin duda, muy poco acertado. O lo que es lo mismo: abrir agendas para crear una “bonita” programación musical llena de mujeres en el mes de marzo es tan reduccionista como inoportuno. Pero sobre todo, es tan triste como irreal. Porque la realidad no se condensa en un día o un mes: la desigualdad en la industria musical se da todos y cada uno de los 365 días del año.

Así lo confirman un gran número de músicas y trabajadoras del sector de la Comunidad Valenciana. Ellas se han hermanado para decir que no. Para no ser cómplices de ese remiendo que muchas entidades aplican el cuestionablemente celebrado “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. Lo hacen a través del Colectivo de Trabajadoras de la Música Valenciana (CTMV), sumándose a la huelga del próximo 8 de marzo e instando a sus compañeras de profesión a plantearse si deben colaborar con quienes soliciten su trabajo para dicha fecha, según el grado de compromiso adquirido por estos contratantes el resto del año. Pero en un sector masculinizado y poco cuestionado, esto es solo la punta del iceberg.

Un espacio para el encuentro

Monty Peiró, integrante del CTMV y guitarrista y cantante de Gran Quivira – además de una hiperactiva y más que reconocida profesional en Valencia-, sitúa 2016 como el punto de partida del colectivo: “Algunas de nosotras llevábamos desde 2016 tanteando el terreno, organizándonos (al principio de manera más informal), participando en mesas redondas o charlas y tejiendo una red que ha devenido en el CTMV. Por aquel entonces ya unas pocas hicimos huelga el 8 de marzo. En 2018 decidimos ir juntas a la manifestación con nuestra propia pancarta para visibilizarnos como colectivo. Fue la culminación de un trabajo que ya venía de antes […] La especificidad de nuestra situación nos pedía crear un colectivo propio, como espacio de lucha y como espacio de encuentro entre nosotras”.

Laura Albert (Làuder), técnica de sonido, DJ y parte de la plataforma Fusa Activa, apela a esos inicios conjuntos, pese a que ella no forma parte del CTMV: “Hace unos años, en 2017, ya hicimos huelga e instamos a que las demás se unieran a través del movimiento que llamamos #Capgirem8M, no nos autodenominamos como colectivo, pero lo fuimos. Lo llamamos así porque el 8M se había mercantilizado y había dejado de tener el valor reivindicativo original, por eso sentíamos que debíamos recuperarlo y darle la vuelta (‘capgirar’). Es por ello por lo que apoya la reclamación actual de la agrupación de las trabajadoras valencianas del sector: “comparto la movilización hacia la huelga y el poner límites a quienes pretendan hacer un lavado de imagen o instrumentalizarnos de alguna forma”.

Un 8M contra las falsas medallas: entre sacrificios y valores

“Son muchos años trabajando el Día de la Mujer pensando que así las cosas estaban bien hechas, pero te vas dando cuenta de que todo esto se reduce a un ‘panfleto’ de ciertas entidades y políticos para quedar ‘como personas de bien’. No deben instrumentalizarnos y el resto del año olvidarse de que existimos o darnos migajas. Las mujeres debemos ocupar los escenarios todos los días del año”. Así resume Vanessa Giner –componente del grupo Carraixet, presidenta del SIMUV y también integrante del CTMV-, lo que, como música, ha vivido cada 8 de marzo. Ella denuncia esa doble cara de entidades que contratan a mujeres en fechas tan señaladas como lo es un 8M y las olvida el resto del año.

Esta es una práctica muy común en el sector según indica Ada Díez, ilustradora, co-fundadora del proyecto Hits With Tits y organizadora del Truenorayo Fest, con una visión externa al CTMV: “El problema radica en la desconexión que existe por parte de las instituciones o entidades privadas sobre la realidad de la las mujeres en la música. La visibilización de las creadoras debe ser algo de los 365 días del año, no algo anecdótico para rellenar un hueco un día específico […] Es algo que hemos vivido de primera mano, de hecho desde el Truenorayo Fest cortamos lazos con un proyecto institucional concreto porque no todo vale y usar el dinero público para poner tiritas en vez de interesarse por soluciones reales y eficaces es algo que nos ha llamado negativamente la atención, ya no solo en referencia a las mujeres si no a la precariedad de los músicos, que por supuesto se ve incrementada cuando hablamos del género femenino, al final, el desconocimiento de las problemáticas o de la propia escena hace que se intenten cazar moscas a cañonazos”.

Estas acciones limitadas son las que el Colectivo de Trabajadoras de la Música Valenciana critica y una de las razones por las que llama a la huelga, pese a los sacrificios que ello conlleva: “Renunciar a actuar el 8 de marzo y en todos los actos ligados a él que se dan a lo largo de todo el mes implica rechazar trabajo y por tanto, perder dinero. Desgraciadamente, para muchas, las actuaciones de marzo son un balón de oxígeno puesto que es el único mes en el que realmente se tiene un volumen considerable de trabajo pero sinceramente, estamos dispuestas a sacrificar ese ‘pan para hoy, hambre para mañana’ que supone el mes de marzo. No puede ser que durante marzo todo el mundo quiera contratar mujeres y el resto del año se nos ignore”, explica Monty Peiró.

Vanessa Giner además, hace referencia a las cuestiones legales: “Existe una Ley de Igualdad que en teoría nos debe amparar y que no se cumple en la mayoría de ocasiones. Esta parte queda totalmente olvidada en el ámbito cultural. Nosotras estamos dispuestas a luchar por romper ese ‘escenario de cristal’ (concepto que me acabo de inventar) que nos impide ocupar la gran mayoría de festivales. Lo que no podemos es estar haciendo continuamente pedagogía a entidades públicas, como ayuntamientos, ya que es agotador y además tienen una agente de igualdad para supervisar las actividades realizadas por ellas”.

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La realidad del sector: discriminación y espacios masculinizados

Precariedad laboral, una escena no inclusiva e invisibilización: Estas son algunas de las razones que llevan a las profesionales de la música a agruparse en colectivos como lo es el CTMV y respaldar una huelga necesaria y crítica en muchísimos ámbitos. En ese sentido, Vanessa Giner apela a la discriminación de la que es objeto la mujer en el ámbito musical: “Todas sufrimos discriminación por ser mujeres, aunque las músicas estamos más expuestas por el hecho de subir a un escenario y ahí entraría la cosificación, por ejemplo. Como más de una vez hemos hablado, es importante feminizar los espacios y que no se vea cómo un ‘mono de feria’ a una road manager , una baterista o a una técnica de sonido y luces. Cada profesión sufre los suyo delante y detrás de los escenarios. ¿De qué manera podría hacerse más visible el trabajo de las que se sitúan ‘tras’ el escenario? Dándoles trabajo y no impedir que su trayectoria avance como la de cualquier compañero por culpa de los prejuicios machistas”. Giner apela aquí a algo ineludible: la lucha más visible es aquella que ejercen las que se sitúan sobre el escenario. Es decir, las artistas. Principalmente porque ellas son, de cara al público, las protagonistas en el escenario.

Este hecho supone un grave problema con respecto a lo que se ven sometidas las mánager, técnicas o gestoras entre otras. Al no ser vistas, dejan de ser percibidas, tal y como especifica como técnica de sonido, Laura Albert (Làuder): “No se percibe porque no se ve y lo que ‘no se ve’, parece que no existe”. ¿Cómo combatirlo? Poniéndolo encima de la mesa. “La única forma de hacerlo visible es reivindicándolo, o bien por la queja o bien de forma positiva nombrando y señalando. Si se tiene la posibilidad de cambiar algo que está a nuestro alcance, hay que llevarlo a cabo, son valores de solidaridad e igualdad. Como es sabido, juntas somos más fuertes siempre, así que una buena forma de luchar es juntándonos y cooperar. Así podemos denunciar agresiones, discriminaciones, o por ejemplo señalar que en una plantilla, rooster o cartel no hay mixticidad. Como técnica, cuando he sufrido algún tipo de discriminación (consciente o no) lo he señalado a través de las redes sociales porque necesito expresarlo y me siento también con la obligación de denunciarlo, aunque cuando son muchas las veces, acabo cansada. Es un trabajo añadido (y no remunerado) tener que aguantar según qué cosas y ya no tengo paciencia. Y para visibilizar a mujeres en trabajos invisibles, en mi caso, pienso que tanto en el grupo con el que estoy, Pupil.les, como otros con los que he trabajado, tienen ese hecho muy en cuenta y me nombran y me valoran, a parte de aparecer en algunas fotos, con lo que ponen en valor la profesión y me visibilizan como mujer en un entorno masculinizado, estoy muy agradecida por esos gestos y por los cuidados y confianza que he recibido siempre”.

La posición es unívoca, tal y como hace ver Monty Peiró: “El resto de mujeres trabajadoras de la música, que también forman parte del colectivo (técnicas, road managers, etc.) exigen una feminización de los espacios y un espacio diverso donde tengan cabida frente a las habituales prácticas patriarcales y excesivamente masculinizadas del sectores. Si los espacios son hostiles con las mujeres, evidentemente habrá menos trabajadoras en ellos y si a las que hay no se las ve ni escucha, esta situación es difícil de revertir. Hay que dar voz a las mujeres trabajadoras: las técnicas, las managers, las que están detrás del escenario. Hay que nombrarlas y hay que contar con su experiencia y su visión, de lo contrario parece que no existan”.

¿Y los compañeros de profesión?

En la gran mayoría de debates feministas, suele ser un tema recurrente el cuestionamiento sobre qué pueden o deben hacer los hombres. En el tema que aquí se aborda, también. Con respecto a ello, se incide mucho en el apoyo real: “Exigimos de nuestros compañeros un posicionamiento real. A día de hoy su colaboración es prácticamente nula. En marzo alguno dice algo, pero el resto del año tocan sin problema en festivales o conciertos donde no hay ni una sola mujer y ni siquiera se plantean que eso conlleve una discriminación. La mayoría jamás tocarían en sitios con determinados posicionamientos políticos o sociales pero la igualdad efectiva de hombres y mujeres en la música no parece importarles mucho, excepto en marzo, que suben una frase a su instagram diciendo que las mujeres molamos mucho, bla bla bla”, afirma Peiró.

Para Làuder, es importante el silencio y la no reapropiación de las reivindicaciones que las mujeres hacen: “Apoyar desde su silencio y acción, es decir, realizar acciones que normalicen una igualdad real, a nivel musical y a nivel personal. No puede ir una cosa sin la otra. No puede ser que alguien (véase hombre cis-heterosexual) que en sus redes sociales está colgando carteles sobre la mani del 8M o que asista a manifestaciones feministas, después en su vida personal sea un baboso o le haga gaslighting a su pareja y ejerza una relación de poder machista. Por eso, debe ocurrir en el silencio, porque puede ser ofensivo. Nacemos en el patriarcado y tenemos conductas patriarcales; no puede ser que un señoro se reapropie de nuestra lucha, cuando seguramente en algún momento de su vida haya hecho algo dañino a una mujer. A mi me resulta ofensivo ver cómo hay quien apoya el NoesNo o se cuelga una medalla feminista y luego en su vida personal ha sido un machirulo con su pareja / relación sexoafectiva. Eso es escoria e hipocresía, no necesitamos su voz también en esto cuando ya lo colapsan todo. Para mi el mejor apoyo que pueden hacer es aprender educación emocional y ser más empáticos y menos prepotentes, dejando sus egos, pedestales y privilegios a un lado, de esa forma lo demás viene dado. Y que el 8M, por favor, se queden en casa”.

Compromiso institucional, ciudadano y privado

Es evidente que en todo este proceso de denuncia y reivindicación, tanto las acciones de las entidades contratantes como la ciudadanía adquieren un papel fundamental. “Pedimos a la ciudadanía, que sea responsable con los modelos de ocio que consume. Si vas a festivales donde no actúa ni una sola mujer, estás fomentando un modelo de ocio que nos excluye. Si no te interesa la música hecha por mujeres, pregúntate por qué”, reconoce Monty Peiró. Por su parte, Ada Díez, hace hincapié en el boca a boca: “La ciudadanía tiene una voz muy potente; debe alzarla, poner el grito en cielo cuando en un lineup no haya mujeres, cuando se trate a las profesionales o creadoras de formas distinta, debe romper con los estereotipos que perjudican la igualdad, debe empezar a plantearse cómo ve la sociedad y darse cuenta de las realidades que les rodean en cuestión de género, no quedarse con el ‘siempre se ha hecho así’ o excusarse en el no hay mujeres. Debe reeducarse para poder avanzar, apoyar a grupos, festivales e iniciativas que luchen por esa igualdad, el boca a boca tiene muchísima fuerza.”

Laura Albert, reflexiona sobre ello a distintas escalas: “Si se es DJ o se trabaja en un medio de comunicación, consultar la mixticidad de grupos de sus playlists, añadir mujeres artistas/grupos mixtos/grupos sólo formados por mujeres, para lograr más paridad. Si se es programador/a de eventos, tener en cuenta la presencia de mujeres artistas en todos sus carteles. Si se es aficionado/a a asistir a conciertos, apoyar a grupos locales formados íntegramente por mujeres o mixtos. Hacer promoción de éstos a través de internet. Si se es profesor/a de música, incluir a las mujeres compositoras que han sido silenciadas a lo largo de la historia y mostrar y descubrir al estudiantado grupos de música y artistas donde las mujeres, por ejemplo, no tengan siempre el rol de cantantes para romper estereotipos de género. Hacer boicot de no asistencia a festivales/conciertos donde no hayan mujeres programadas y denunciar aquellos que, además, reciben subvenciones públicas. También, organizar jams no mixtas que ayuden a las más jóvenes a iniciarse musicalmente, etc.”

En relación a entidades públicas y privadas, Vanessa Giner tiene muy clara la necesidad de concienciación, algo que ve lejano: “Pedir a las entidades que se conciencien, que hagan autocritica y esperar que ellos mismos cambien su mentalidad patriarcal, seria ser muy optimista y tendríamos que esperar un siglo más. Así que la mejor opción es, utilizar las herramientas legales con las que contamos, crear las que faltan , movilizarnos a través de las redes y realizar denuncias públicas para visibilizar la discriminación que sufrimos”. Ada Díez reflexiona sobre la gestión económica: “La cultura en general queda relegada a un segundo plano, haciendo que se convierta en algo precario y no sostenible para los profesionales. Debemos acabar con lo gratis poniendo en valor lo que se hace, aunque sea de manera simbólica. Las instituciones públicas podrían comprometerse a no apoyar ni aportar dinero público a todos aquellos festivales o iniciativas que no cumplieran unos mínimos en materia de género, tanto delante como detrás de los escenarios, podrían comprometerse a conocer la escena local y cuando quieran contratar ir más allá de los mismo grupos o dj’s apoyar grupos emergentes. Es imprescindible tener referentes desde corta edad para romper barreras”. Monty Peiró, incide en el incorrecto tratamiento de la cuestión: “Mis contactos con políticos me hacen pensar que no están, ni remotamente, entendiendo nada en este tema. Pensamos que el tema se está abordando desde la superficialidad, desde el organizar actos sueltos que por sí mismos no cambian nada y que falta entender el problema como lo que es, una situación estructural que requiere de compromiso real con la causa y no de cuatro medidas cosméticas que salvan la papeleta en marzo pero no cambian nada”.

Una mirada positiva

Aunque la realidad sigue mostrándose hostil, las percepciones son positivas. Laura Albert (Làuder) habla de avances y conquistas: “Aún nos queda tiempo hasta ver cambios significativos de forma normalizada, sin embargo, de un tiempo a esta parte, he percibido mucho interés por intentar cambiar viejas costumbres y querer sumar. Así que mi valoración es positiva, ya que llevo unos 9 años activa en la ‘lucha musical-feminista’ y he podido ver todo lo que hemos avanzado al respecto. Estamos en el camino, y cada vez somos más, y más empoderadas”. Vanessa Giner, hace referencia a la confianza y fortaleza de las mujeres así como de colectivos como el CTMV: “El colectivo es fuerte y cada vez somos más las mujeres que hemos despertado de esta ‘falsa igualdad progre’ que tan engañadas nos tenía. En eso creo que estamos bien. Lo que todavía no veo claro, es que el público tenga conciencia de lo que realmente está pasando […] todavía salen a relucir argumentos nefastos sobre nosotras; que si la calidad, que si somos pocas,..etc. No confío en que esto se normalice con el tiempo por arte de magia. Confío en que a través de la movilización, de la participación activa del colectivo y nuestras aliadas y aliados (pocos, pero los hay), haremos de la música un espacio inclusivo, respetuoso y diverso. Confío plenamente en las mujeres que nos dedicamos a la música, ya que hay que ser muy cabezotas para seguir en este ámbito profesional tan machista”.

Cuestión de presente

Deconstruir, transformar y desafiar el presente supone avanzar en la construcción del futuro. Este 8 de marzo, las músicas y profesionales de la escena lo demuestran.  “¿Te han llamado para hacer un concierto el Día de la Mujer? Entérate si dan un apoyo real a la igualdad o solo quieren colgarse una medalla”, dicen desde el Colectivo de Trabajadoras de la Comunidad Valenciana. Lo hacen porque saben que tras la vorágine de marzo, su cauce – al igual que el de un gran número de mujeres en el sector- deriva en una nueva lucha para conseguir que el ámbito musical sea un espacio realmente igualitario. Un deseo y derecho que Monty Peiró expresa con claridad y precisión: “Nos gustaría que las consecuencias fueran una escena musical más justa e inclusiva, unos espacios más feminizados con más trabajadoras en todos los puestos y unas condiciones laborales menos precarias. No puede haber nada de negativo en eso”.

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