Este colectivo de músicos andaluces, con sede central en Sevilla, comenzó el proyecto Frente Abierto para acompañar al cantaor Israel Fernández en el festival Canela Party 2024 y ha acabado lanzando una descomunal obra donde el flamenco encuentra cobijo en querencias como el jazz, el rock y el ambient. El sábado 9 de mayo presentarán ‘Guerra a todo eso’ en la sala Jerusalem de Valencia.
Sois Marco Serrato y Borja Díaz (Orthodox), el guitarrista Carlos “Choco” Pérez, el tocaor Raúl Cantizano y el productor David Cordero. ¿Cuándo comienza vuestra historia en común?
Yo (Marco Serrato) ya había trabajado previamente con todos ellos, pero no nos reunimos los cinco hasta finales de 2023, cuando empezamos a dar forma a los primeros cantes del disco.
La mezcla de flamenco y otros sonidos ya es una tradición en sí misma. Sabicas, Morente, Camarón, Lole y Manuel… iniciaron un camino convulso, trillado después por lugares comunes. Aquí hay más arropo que mezcla. Más conversación que fusión. ¿Cómo os planteasteis la composición?
La composición se limitó a elegir una serie de cantes y buscar los colores y texturas con que los íbamos a vestir de nuevo, teniendo en cuenta los elementos con los que contábamos. Obviamente queríamos huir de toda esa estética del “flamenco fusión”, que estéticamente nos resulta lejana y que desplaza el cante a un lugar que no nos interesaba. Queríamos hacer algo donde pudiéramos volcar el bagaje previo de los trabajos que veníamos desarrollando unos y otros.
Aquí participan voces del flamenco de hoy como Lela Soto y Sebastián Cruz con quienes girareis en 2026, junto a colaboraciones de Inés Bacán, Ángeles Toledano e Israel Fernández. ¿Cómo se le explica a cantaores de flamenco que meteréis doom metal envolviendo sus voces? Más allá de lo anecdótico de la pregunta, entiendo que quienes aceptaron colaborar sabían el proyecto que abordaban y estaban comprometidos con la propuesta.
Es un proceso de ajuste. Independientemente de las etiquetas de los géneros que se vayan a manejar, ellos necesitan reconocer un patrón rítmico y unos acordes que les ayuden a colocar el cante. En este caso, esos códigos vienen un poco disfrazados o envueltos de otros recursos musicales que les pueden despistar. No les resulta tan obvio como cuando van acompañados solos por una guitarra como llevan haciendo toda la vida, o con agrupaciones más asentadas dentro del flamenco fusión etc… Pero una vez que vamos puliendo y encajando piezas, el cante va saliendo de la mezcla con una energía diferente.
Os he leído en una entrevista en Rockdelux que la dicotomía entre tradición y vanguardia o pureza y contaminación conllevan a un falso debate y responde a ciertos intereses. ¿Podéis incidir sobre esta cuestión?
Son unos términos de los que se ha abusado, a menudo por intereses políticos y económicos. Igual que la barrera entre culto/popular, etc… Todos esos discursos tienden a generar narrativas equívocas de las que se aprovechan unos y otros. A veces al flamenco se le trata de dar una mística romántica y colocan su origen en un pasado mítico, surgen teorías nacionalistas, racistas, etc… Pero no es una exclusiva del flamenco, pasa en el jazz, el tema de la “autenticidad” en el rock, etc… Cuando te sumerges empiezas a ver que ninguna de esas barreras es tan clara. ¿No hay tradición en la música académica de Beethoven? ¿No ha habido contribuciones personales en las músicas “folclóricas”?¿Los Beatles son música popular, es artístico o eran un producto? Muchos regímenes reaccionarios se sirven de esas músicas “auténticas” y “populares” para enfatizar la identidad nacional, pero EEUU y la CIA después de la Segunda Guerra Mundial promovieron vanguardias artísticas en Europa con ideas de mantener control en la vida política y cultural. También los fascistas en Italia apoyaron vanguardias artísticas antes de la guerra. Hay que rascar e hilar fino para ver quién se beneficia de qué. Como bien comenta Carlos García Simón en el texto que acompaña al disco, fue el teórico de la estética fascista española Eugenio D’Ors el que desarrolló esa dialéctica de tradición/vanguardia que tan alegremente sigue esgrimiendo nuestra prensa musical. Aunque él buscaba precisamente unirlas para crear una nueva estética de orden y disciplina. Para nosotros se trata más de aceptar todas las impurezas que ya arrastran los elementos con los que trabajamos, y nos gustan precisamente las grietas y las fisuras que se generan. Igual que tampoco nos interesa esa idea naive del mestizaje, de las que al final siempre salen las mismas mezclas.
Llevamos décadas con el soniquete del Estatuto del Artista y de la sindicación de los trabajadores de la música, pero en la industria musical española los únicos que sí se han organizado son los promotores, ya sean de macrofestivales o de festivales medianos. Esta patronal lleva años acordando normativa y subvenciones públicas con las administraciones de distinto signo político y con las consejerías de Turismo de las Comunidades Autónomas. ¿Cuándo se sentarán los representantes de los músicos en las mesas donde se reparte el pastel de la industria?
Como siempre se benefician los mismos. A menudo los mismos músicos indies que inflan los cachés en los festivales son también promotores, A&R’s, etc… hay mucha endogamia. El sector de la música es muy precario, y no hay ningún tipo de organización. De todos los músicos que vemos en los escenarios hay una gran mayoría que no se dedican exclusivamente a esto y no dependen de ello. Por lo que no van a hacer un sobresfuerzo para algo que no deja de ser un hobby para ellos. Ha habido intentos de crear sindicatos, que creo que sería el primer paso lógico. De hecho existen, pero con el desprestigio en el que han caído actualmente los sindicatos y toda la bohemia que parece rodear al sector parece imposible. Pero sí, habría que dar ese paso y empezar a sentar unas bases.












