¿Actividad sísmica en Camden Town?

por | 27 abril 2026 | Conciertos

¿Vuelve la agitación al subsuelo del gentrificado barrio de Londres o es una quimera?  El escenario de Withnail and I, el feudo de Madness, el lugar donde unos desconocidos Arctic Monkeys se presentaron en la ciudad por primera vez, el barrio del mercado donde The Clash se fotografiaron para su álbum de debut, el hogar de Amy Winehouse, el distrito de The Good Mixer con su baño roto, su mesa de billar y los espectros de las del estrellas del brit pop. The Libertines creyeron ver en sus calles y canales el lugar perfecto para la bohemia en los albores del Siglo XXI. Mitos y leyendas.

¿Seguirán los negros del puente del canal vendiendo porros a los incautos? ¿Persistirán las turistas japonesas, con su timidez oriental y sus bolsos retro de líneas aéreas, en su empeño de encontrar estrellas del pop? El barrio ha cambiado tanto como el Skyline de la ciudad; demasiado turismo, demasiada especulación, demasiada desigualdad. Los alquileres estratosféricos asfixian los sueños. Qué asco de capitalismo. ¿Será posible que, pese a todos los inconvenientes, una escena neo mod, joven y ajena a las servidumbres de las tendencias haya encontrado en esa trama urbana un terreno fértil para crecer?

Llevaban los británicos liderados por Laurie Wright unas cuantas canciones cuando se acordaron de sus amigos The Molotovs. El dúo, también vecino de Camden, va como un tiro: gira triunfal en UK, álbum de debut muy bien recibido y concierto en Valencia para el mes que viene dentro del Deleste Festival. La trayectoria de Laurie Wright ha sido más complicada, dejó los Midlands con 19 años, se instaló en la capital, trabajó en lo que pudo, ha grabado tres discos desde 2020, ha tocado hasta en la calle, pero su nuevo álbum está a punto de aparecer, están girando por Europa por primera vez y tienen fecha en el Forum de Kentish Town, que son palabras mayores. ¿Los tiempos están cambiando? Igual la suerte sopla ahora a favor, miren lo bien que les va a The Lemon Twigs.

Se presentó Mr Wright con la guitarra y una casaca sixty que apenas soportó medio set la noche del miércoles 22 de abril en Loco Club de Valencia. Lo acompañaban un enérgico bajista  con unos pantalones tan cortos que quitaban el hipo, un contundente batería que no perdió compás y un cuarto miembro, el amigo que le salvó la vida, encargado de la armónica, de la pandereta, de los coros y de las segundas voces. Se les vio muy trabajados, todos conocían sus funciones. Sonaron sólidos. En su puesta en escena la entrega, las poses, los gestos, los detalles, los énfasis, las interacciones con el público están muy pensadas. Se sienten herederos de una tradición que va de The Beatles a los Arctic Monkeys pasando por The Who, The Kinks, The Small Faces, The Jam, Sex PIstols, Oasis, The Libertines hasta The Streets.  “Parece que hayan arrancado en 1965 y se hayan acercado a todos  los palos importantes”- nos comentó tras el concierto Santi Almenar, que sabe mucho de soul del norte y de culturas modernistas.

Si la burguesía apostó por la contracultura con sus ínfulas aspiracionales la clase trabajadora forjó su corpus ético y sus solidaridades en las subculturas. Laurie Wright y su banda tienen muy claro los códigos, en el escenario no se escatiman esfuerzos. Tensión, vitalidad y ritmo desde el primer minuto. Arrancaron fuertes con My Rock and Roll y siguieron con píldoras vibrantes y llenas de energía hasta que un percance los hizo parar. Unos minutos de ajustes y vuelta a empezar con muchos temas de Power of 3 (2025) salpicando el repertorio. El público que llenaba tres cuartos de sala, muy afín al power pop aunque no faltaban los polos Fred Perry, se lo pasó en grande.

Fue en la segunda parte de un set que superó la hora y veinte cuando llegaron los medios tiempos, los fraseos con erres arrastradas a la manera de John Lydon y esos momentos de sabor jamaicano como Bambi Legs tan sugerentes. Entonces confirmamos que su versatilidad y sus capacidades interpretativas son muy reseñables. Hay muchas posibilidades en esa voz y parece que no les falta determinación.

El mundo es un lugar complicado, pero se merecerían tener suerte. Tampoco lo tienen fácil los barrios con atractivo global para el turbocapitalismo extractivista y financiarizado. Sería tan excitante que los movimientos en el subsuelo provocarán la aparición de una nueva escena en un territorio tan singular y con tanta historia como Candem Town. Somos unos románticos.

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