Antonio Galera, nocturnos y requiebros

por | 4 febrero 2018 | Entrevistas

Al lado de Paul Wittgenstein, el pianista austriaco que perdió la movilidad del brazo derecho en una acción militar y al que Maurice Ravel dedicó su “Concierto para la mano izquierda”, el catalán Enrique Granados resultó otro de los músicos célebres damnificados en la I Guerra Mundial. Tras estrenar, en 1916, su ópera “Goyescas” en el MET de Nueva York, el transbordador inglés en el que viajaba de regreso junto a su esposa, Amparo Gal, fue torpedeado por un submarino alemán que lo confundió con un minador. 

AntonioGalera2-©DRodriguez

El pianista valenciano Antonio Galera (Picanya, 1984), mucho más que una joven promesa, dedicará su concierto en La Nau, el 7 de febrero, a este compositor clave en la renovación que vivió el panorama musical español a finales del siglo XIX y comienzos de la centuria siguiente de la mano de nombres como Manuel de Falla, Turina o Albéniz. La cita se completará con la conferencia a cargo de José Miguel Sanz “Goya, Goyescas y lo goyesco”.

 

Enrique Granados es uno de los compositores más irresistibles de nuestro romanticismo tardío. ¿Qué lo hace tan especial?

Se trata de un compositor fantástico, tanto a nivel técnico como de inspiración. Además, era un grandísimo pianista y un grandísimo improvisador. Yo creo que eso es lo que hace de él un compositor maravilloso.

“Goyescas” inicialmente fue una suite para piano, hasta que su entorno convenció a Granados para que la convirtiera en una ópera en un acto. Se trata -tanto la ópera como la suite- de una recreación fastuosa de la música española del siglo XVIII en la que el talento del propio Granados se entrelaza con músicas populares. Pero también están presentes atrevidos cambios de tono que evidencian su conocimiento de las vanguardias.
Tanto en la ópera como en la suite están presentes algunos temas populares. En “Los requiebros”, por ejemplo. Granados siempre comentaba que “La maja y el ruiseñor” estaba inspirada en una canción que había escuchado en Valencia. Pero, claro, son pequeños motivos de inspiración que desarrollaba en base a improvisaciones. Y todo ello culmina en una ópera maravillosa. El libreto es muy flojo, una pena, pero la música es maravillosa. En sus cartas Granados comenta lo que le habían inspirado los cuadros y grabados de Goya, sus retratos y sus majas. En el caso de las piezas para piano, “El amor y la muerte” parte de un capricho de Goya del mismo título, en el que una maja abraza a un majo moribundo. Fue una inspiración enorme.

“Goyescas”, la ópera, fue el mayor éxito internacional de Granados. Se trató de la primera ópera en español estrenada en el Metropolitan Opera House, el principal teatro de Norteamérica. Contó para ello con varias estrellas del momento, y uno de sus principales apoyos nacionales fue Pau Casals, especialmente cuando tuvo que componer en el último momento un nuevo Intermezzo, y surgió esa maravillosa pieza instrumental a ritmo de jota como homenaje involuntario a la tierra natal del pintor. El reconocimiento de Granados fue tal que el presidente Wilson le invitó a la Casa Blanca para que ofreciera un concierto. Lamentablemente, este viaje propició un final trágico para el compositor. Granados regresaba con su mujer el 24 de marzo de 1916 desde Nueva York, tras haber pasado por Londres en un transbordador inglés que fue torpedeado por un submarino alemán al confundirlo con un minador.
El éxito popular de la pieza hizo que el mismo presidente se interesara. Granados tuvo mucho apoyo de Pau Casals, que se encargó de los ensayos y la dirección. Junto a su mujer fue invitado a quedarse un tiempo más en Estados Unidos. Y, por casualidades, en el viaje de vuelta su barco fue torpedeado por los alemanes.

 

Con motivo del año Granados tocaste la suite Goyescas, que sirvió de base a la ópera, en diversas ciudades europeas ¿Qué supuso para ti esa experiencia?
Fue un lujo poder incluir el repertorio de Granados en mis recitales. Para mí, que soy un músico joven, ha sido tener mi primer acercamiento serio, sobre todo a “Goyescas”. Ya había tocado mucha música de Granados antes, el “Allegro de concierto” lo toco muchísimo, pero esta suite supone palabras mayores. Lo he disfrutado muchísimo.

En tus recitales has entrelazado, con gran éxito, las músicas de Granados y Chopin, compositor que influyó vivamente en el impresionista Debussy. Se trata de dos músicos con ciertos puntos comunes.
A ambos les une la faceta de pianista improvisador. Muchos pianistas de la época eran parecidos a lo que ahora sería un pianista de jazz, improvisaban en sus recitales. Y Granados era un improvisador excepcional. También es cierto que en Granados también influyeron otros músicos, desde Grieg y Schumann, hasta Wagner. Hay un influjo enorme de Wagner en “Goyescas”. Pero en cuanto a Chopin, quiero señalar que el inicio de la “Barcarola” de Chopin y el de “Los requiebros” de Granados, se parecen mucho. Y “La maja y el ruiseñor” no deja de ser un nocturno.

Y, por descontado, no podemos dejar de hablar de Manuel de Falla que se encuentra también en esta estimulante encrucijada estilística. Tu primera colaboración con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias fue interpretando “Noches en los jardines de España”, de este compositor.
Fue una suerte contar con estos músicos estupendos y con el director valenciano Rubén Gimeno. Es una pieza muy especial. Se trata de una página para piano y orquesta, el piano está dentro de la orquesta, y se aleja de los grandes conciertos románticos para piano como instrumento solista.

AntonioGalera4-©DRodriguezFoto: D. Rodríguez

También has colaborado interpretando a Chopin con una compañía de danza tan estimulante como La Veronal. Y, recientemente en Valencia, te pudimos escuchar en “En el Generalife”, de “Noches en los jardines de España”, dentro del homenaje a Manuel de Falla a cargo de La Fura dels Baus “El amor brujo. El fuego y la palabra”. ¿Qué te aportan este tipo de colaboraciones escénicas?
Marcos Morau, de La Veronal, es un genio. Me gusta la posibilidad de formar parte de algo más grande. Con La Veronal tenía que estar dentro del escenario y, además, tocar a oscuras. Es algo que inspira: poder hablar con esos bailarines estupendos. En el caso de La Fura todo estaba dentro de un espectáculo enorme. Y poder colaborar con la Orquestra de la Comunitat Valenciana y con un director como Andrés Salado es un regalo. Además, la Fura contaba con Miguel Ángel Cortés, un guitarrista flamenco que yo adoro, y con gente de mucho talento. Motiva salir de lo cotidiano, del esquema clásico, hacer algo diferente.

Hace poco tocaste en la presentación del nuevo disco de la violinista Leticia Moreno dedicado al argentino Astor Piazzolla. Este compositor revolucionó el mundo del tango llevándolo a la música clásica. Piazzola, que interpretaba un papel diminuto, apareció en una escena de la película “El día que me quieras” junto a Carlos Gardel. Una imagen que posee un valor emblemático en la historia del tango.
Leticia es una de nuestras violinistas más internacionales. Grabó con el sello Deutsche Grammophon este disco dedicado a Piazzolla y me pidió tocar con ella en la presentación. Fue genial.

Estudiaste en el conservatorio Joaquín Rodrigo de Valencia y continuaste tu formación en Bruselas y París. Debido a tus compromisos tienes que viajar mucho. ¿Resulta complicado llevar esta vida nómada?
No es algo que me cueste esfuerzo, porque no tengo la sensación de viajar tanto, ya que paso también mucho tiempo en casa. La mitad del tiempo en casa, la mitad del tiempo fuera. Es una forma diferente de vivir a la de alguien que trabaja en una oficina. Para mí es algo natural. Conocer otras culturas, otras gentes, lo veo como una oportunidad, un privilegio.

AntonioGalera-©IMonasterio- Foto: I. Monasterio

Has recibido elogios de los escritores Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo. Y se ha dicho de ti que el buen gusto impera sobre cualquier tentación al elemento circense. Da la impresión de que te alejas del virtuosismo exhibicionista de ciertos intérpretes.
Tanto Antonio como Elvira han colaborado activamente conmigo. Es un lujo contar con ellos. Respecto a lo que dices sobre el virtuosismo es lo que parece percibir la gente. Pero no es que yo no quiera ser virtuoso. Es algo que intento transmitir a mis alumnos: valoro el poder cantar una buena frase, valoro más el hecho de escuchar a alguien que pueda emocionarme; pero también hay virtuosos que me emocionan por su virtuosismo. Supongo que eso es lo que leen en mis interpretaciones.

Colaboraste en las funciones familiares de “Sent la música” con el departamento de Educación del Palau de les Arts para acercar la música a los más pequeños. Parece que todavía se perpetúa la imagen de que la música clásica es un ámbito difícil y elitista. ¿A qué crees que se debe esto? ¿Qué pasos habría qué seguir para romper estos prejuicios?
Este departamento del Palau de les Arts, que lleva Víctor Gil, tiene muchísimas actividades. A los niños les encanta. Luego no sé por qué no hay tantos niños en una sala de conciertos. Cuando hacemos estas funciones con Mozart, niños de seis años suben al escenario con nosotros y escuchan la “Sonata para dos pianos” de Mozart completa, y se lo pasan pipa. Y nosotros con ellos. La energía de los niños es tremenda. Yo creo que hay muchas propuestas que tendrían que ser más difundidas. En el Palau de la Música ahora están con el Menut Palau que lleva cosas chulísimas. A mi pueblo vendrá De soprano y arpa con “Peer Gynt”, una propuesta también para los más pequeños. Lo importante es que la gente se entere. Y que la música tenga más presencia en las escuelas. Es también una cuestión de educación. Se descuida mucho la cultura en nuestro sistema educativo. Por otra parte la música clásica tiene mucha vida en Valencia. También como programación estable: tenemos dos orquestas, los ciclos de La Nau, y la Orquestra Filarmònica de la Universitat de València es muy dinámica.

En breve grabarás tu disco de debut con el sello IBS en el Auditorio Manuel de Falla de Granada. ¿Cómo encaras este proyecto?
Es algo que me impone mucho respeto. Será dentro de mes y estoy contando los días. Será un disco recital, por lo tanto paso por muchos autores. Alrededor de preludios, corales y fugas. Un repertorio interesante.

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