Aquella cinta de casete de Bobby Gillespie y el retorno de Primal Scream a Valencia tres décadas después de la desbandada

por | 30 marzo 2026 | Reportajes

Foto Primal Scream en Garage Valencia, 1990. © Iziar Kuriaki

En el piso de nuestras amigas, cerca de la Avenida Blasco Ibáñez, las llamadas de Creation Records se sucedían. La joven estudiante de segundo de anglogermánicas, que era la única de las cuatro que se manejaba un poco con el inglés, lo intentaba, pero el acento escocés lo ponía todo más difícil. Ni Bobby ni su compañero de banda querían contestar a su compañía discográfica, estaban enfurruñados: en aquellos días en Valencia no hablaron mucho, ni siquiera entre ellos. La timidez y el problema del idioma lo redujeron casi todo a monosílabos y agradecimientos. Tampoco comieron apenas y fueron en todo momento enormemente educados. Las chicas tardaron tiempo en asimilar el impacto de esos días. Hay cosas que hay que contarlas muchas veces para que parezcan verdad.

La artista Sarah Lucas reconoció en la BBC, a propósito de su retrospectiva en la Tate Britain, que ser pobre en la infancia te marca para siempre. Los que hayan leído los primeros capítulos de Un chaval de barrio (2022), la autobiografía del líder de Primal Scream, comprenderán lo definitivo que tuvo que ser esa infancia en el barrio obrero de Springburn, en una casa que apenas era una habitación para los cuatro y con un baño en el pasillo que era compartido con otras familias. Sus padres, militantes socialistas, le inculcaron la conciencia de clase y un imaginario de lucha y compromiso que siempre ha tenido presente. Discos tan combativos como XTRMNTR (2000), que volverán a recorrer veinticinco años después en el Deleste Festival, y muchas acciones audaces son prueba de ello.

Al locutor y dj Jorge Albi casi le da un pasmo cuando vio entrar en BarracaBar a nuestras amigas con el señor Gillespie. Habían estado allí la noche anterior tras el concierto, pero esto era inesperado. -¿ Habían abandonado la gira? ¿Se había roto el grupo?-. Era viernes noche, el local de Cánovas empezaba a agitarse y él estaba a punto de pinchar el Jennifer She Said, que siempre fue una baza segura. Casi se le cae de las manos el disco de Lloyd Cole and The Commotions de la sorpresa. Albi era una de de las figuras claves de la escena, desde su programa La Conjura de las Danzas era capaz de movilizar un público dispuesto a ver actuar a los grupos que estaban definiendo la música más audaz y apasionante del momento. Valencia quería ser vanguardia y Primal Scream eran otra promesa posible.

Dos cintas de casete les dejaron a las chicas de recuerdo, las dos decoradas con estrellitas pintadas a bolígrafo. Cuando semanas después las pudimos escuchar nos quedamos descolocados. Si esperábamos encontrar a The Velvet Underground, MC5, The Byrds, The Stooges, Joy Division, Sun Ra, a héroes del Blues, a alguna que otra referencia funk, piezas oscuras de Northern Soul, clásicos de la banda de Arthur Lee, Dub narcótico, Sex Pistols, PIL o The Rolling Stone lo que sonaba en aquellas recopilaciones era house, ambient y hasta italodisco. Las semillas del referencial Screamadelica (1992), el álbum que puso fin al segundo verano del amor, ya circulaban por sus venas, pero nosotros no lo supimos intuir.

Dicen las crónicas que aquel jueves 18 de febrero de 1990 a eso de las 23:30 de la noche se reunieron unas doscientas personas en Garage Arena para disfrutarlos en directo. La entrada costó 1500 pesetas (9 euros) y el concierto estuvo regular. Entre el público contábamos con algunas amigas y amigos entre las que se encontraba la que años después sería mi mujer. Ellos recuerdan a un cantante que apenas se soltó del pie del micro, lo más que hizo fue hacer algunas palmas de cuando en cuando. En todo momento se le vio ausente y desganado. Las guitarras, sin embargo, sonaron más violentas, más desequilibradas y más sucias que en los discos. La fórmula de cuero y speed de su segundo álbum terminó siendo un callejón sin salida. Mientras que compañeros de generación como The Jesus and Mary Chain, The House of Love y por encima de todos The Stone Roses coronaban el olimpo del pop independiente ellos iban camino de la irrelevancia. La desbandada de Valencia tuvo que ser pura frustración. Tocaba reinventarse para girar con los tiempos.

XTMNTR en el Deleste Festival

Si la primera visita de los Glasgow a la ciudad se pareció mucho a una suave decepción, su participación en el FIB del 2000 con XTMNTR fue uno de esos acontecimientos que no se olvidan. “ El recuerdo que prácticamente todos mis amigos y conocidos conservan es el mismo: levitamos (…) Shoot speed/ kill light, Kowalski. Accelerator, Pills (vaya) y la abrasiva Swastika eyes (catarsis absoluta) fueron los detonantes principales que activaron la centrifugadora de un concierto memorable. Uno de los mejores que yo nunca haya podido ver. Más que un bolo, toda una experiencia. Un placentero apocalipsis”. Con esta contundencia recordaba esa actuación en Benicàssim el periodista Carlos Pérez de Ziriza en su delicioso libro No olvides las canciones que te salvaron la vida. Una crónica generacional (2019). En aquella formación ya militaban el ex Stone Roses Gari “ Mani” Mounfield y el mago del ruido blanco Kevin Shield. Menuda escuadra.

Los tiempos no se repiten pero riman, dice la máxima atribuida a Mark Twain. El incendio provocado por EE.UU. e Israel en el Medio Oriente que estamos viviendo podría verse como el enésimo retorno de la barbarie y la sinrazón a la zona o como un nuevo capítulo de una guerra regional de consecuencias globales que se prolonga, con distintas formulaciones, más de medio siglo. En cualquier caso, resulta tan actual lo que dos miembros de la banda le contaron a un empático Víctor Lenore (no vale reírse) en una entrevista de RockdeLux en su número 172 de marzo del 2000 que vale la pena recordarlo: “ Escribimos “Swastika eyes” antes del bombardeo de Serbia, si lo hubiéramos hecho después aún sonaría más dura. Es una canción contra el imperialismo norteamericano, sobre cómo destruye todo aquello que no puede comprar” (…) “ la esvástica me parece una gran imagen. Sobre todo, como insulto a las figuras autoritarias ( …) “.

Menudo lío se montó el pasado diciembre cuando en su concierto de Londres proyectaron imágenes de Netanyahu, del anterior ministro de defensa Yoav Gallant y de otros líderes globales cercanos lo que parecía swastikas dentro de estrellas de David en sus ojos. El escándalo fue descomunal y hasta la sala Roundhouse se vio obligada a pedir disculpas y a rechazar una acción de la que no habían sido informada previamente. Las amenazas de demandas por antisemitismo no tardaron en llegar desde círculos israelíes. “Queríamos provocar debate no odio”, fue la respuesta de la banda. Sólo hay que ver los periódicos de esos días para comprobar que el objetivo estaba más que conseguido.

Cuando el próximo sábado 23 de mayo en los jardines de Viveros de Valencia volvamos a bailar esas canciones muchos sentiremos que nos volvemos a posicionar, como diría Sr. Chinarro, en el bando bueno. Nuestras amigas, nuestros amigos y mi mujer tampoco piensan faltar.

PD. Hay muchos grupos y artistas que tienen discografías interesantes. Sin embargo, son pocos los creadores capaces de firmar obras que encapsulan el espíritu de su tiempo. En nuestra humilde opinión, Primal Scream lo han conseguido al menos en dos ocasiones, con Screamadelica y con XTRMNTR, y estos logros les reservan un lugar en la historia de la música pop.

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