Luis Eduardo Aute, nacido en Manila (Filipinas), comenzó a hacerse un nombre en las galerías de arte de los Estados Unidos. Entonces, cuando ni siquiera sospechaba que acabaría convertiéndose en uno de los compositores más respetados de nuestro país, ya había sido un pintor que mezclaba a Velázquez con Goya, a Julio Romero de Torres con Van Gogh, a Picasso con Dalí.
Este pintor y poeta, que también ha sido cineasta, plasmando su mundo en la meritoria película «Un perro llamado dolor», pese a su reticencia, como si del encuentro casual de «Pasaba por aquí» se tratara, lleva ya más de 45 años enzarzado en el mundo de la música. El éxito le llegó de forma estruendosa con las versiones de «Rosas en el mar» y «Aleluya nº1», sin embargo, se negó a pisar los escenarios.
Afortunadamente, su carrera musical continuó y nos regaló momentos de una sensibilidad prodigiosa. Los relojes siempre se estremecerán al marcar las 4 y 10, cuando en «una mañana al este de Edén, James Dean tiraba piedras a una casa blanca» y logró con «Al alba» que una canción de amor se transfigurara en un himno contra la pena de muerte.
El próximo 28 de noviembre en La Rambleta de Valencia presentará “El niño que miraba al mar”, su último disco. Ahora que han pasado casi cinco décadas desde su primer trabajo, es el momento oportuno para disfrutar de Aute, el pintor que no quería cantar.











