La reciente absolución de 8 sindicalistas de CCOO y de UGT de la empresa Airbus a los que se les quería mandar a prisión por participar en un piquete durante una huelga general, o la dureza y el menosprecio con el que la nueva política trató la huelga de l@s trabajador@s del Metro de Barcelona, evidencia que el derecho de huelga continúa siendo el más molesto.
Es sabido que los EEUU son la cuna de la canción popular, el jazz, el blues, el rhythm & blues y, naturalmente, del rock and roll, pero no es tan conocido que también fue allí donde floreció la canción sindicalista, origen de la llamada canción protesta: canciones que, centradas en la represión del derecho de huelga, siguen estando presentes en diferentes formatos y estilos. Así, EEUU cuenta con la mayor producción de temas ligados al movimiento obrero que se conoce.
Estas canciones eran compuestas por trabajador@s, reflejando conflictos con los patronos y adaptadas a melodías tradicionales, fueron trasmitidas de generación en generación desde mediados del siglo XIX. Muchas de estas composiciones son auténticos tesoros. Hombres y mujeres, blanc@s y negr@s, nativ@s e inmigrantes crearon su propia literatura plasmando sus duras condiciones de vida en los telares, en las minas o en los talleres. Hablaban sobre innumerables horas de trabajo, salarios miserables, y también sobre un indomable espíritu que las transformó en armas de lucha del movimiento obrero estadounidense.
Los temas fueron mezclándose con otros que también hablaban de sufrimiento por ser afroamerican@, por ser mujer… canciones que, como explicaba Pete Seeger, se diferenciaban de las de la radiofórmula, por tratar temas controvertidos, lo que irremediablemente las llevaba a estar excluidas de las listas de éxitos, e incluso censuradas.
Su grabación y distribución necesitaba de medios alternativos a los de las grandes compañías discográficas. Décadas antes de que aparecieran las compañías independientes en el pop-rock, el mundo del folk estadounidense ya se movía por los mismos parámetros que las revistas y las discográficas independientes, que además, eran perseguidas, censuradas, clausuradas e incluso con sus trabajadores encarcelad@s, normalmente debido a su vinculación con el Partido Comunista de EEUU.
Gran parte de estas canciones, así como sus intérpretes, le deben mucho a una revista y a una pequeña discográfica. Broadside, era la revista que publicaba las letras de estos temas y entrevistaba a sus autores. Publicada quincenalmente, fue creada por dos oriundos de Oklahoma, Sis Cunningham y Gordon Friesen, afincados en Nueva York , que decidieron en 1962, a través de una publicación reproducida en ciclostil, dar a conocer a cantantes muy jóvenes que probaban la eficacia de sus canciones en mítines, huelgas y manifestaciones, o en los pubs donde trabajaban. Así, sacaban conclusiones del impacto de la canción en el público, la arreglaban, la recomponían o simplemente la dejaban como estaba.
En su primer año de existencia, Broadside publicó más de 100 canciones, todas ellas grabadas en la no menos pequeña discográfica Folkways Records, fundada en 1946 por un judío comunista, Moses Asch, que jugó un papel definitivo para lanzar en sus carreras al propio Seeger, Woody Guthrie, y jóvenes que se convertirían en referentes de toda una generación como Bob Dylan, Joan Baez, Tom Paxton, Peter Lafargue, Donovan o Phil Ochs.
La canción protesta ha resistido en tiempos duros, mutando desde el folk al pop, pero siempre describiendo la coyuntura por muy adversa que esta fuera. Tal vez a lo que no pueda hacer frente, y eso es lo preocupante, será ni al postureo ni a la mediocridad.
https://www.youtube.com/watch?v=x1lAmLZdNCg
https://www.youtube.com/watch?v=CJUqcjJIzHU










