Carlos Cano y la ultraderecha en Andalucía VERDE, BLANCA Y VERDE

Share Button

Cuando Carlos Cano compuso La Murga de los Currelantes en 1977, la policía armada de la dictadura asesinaba al sindicalista García Caparrós que defendía el autonomismo andaluz. La extrema derecha no llegó a los parlamentos ayer, estaba dentro de Alianza Popular desde su fundación. Vox es la escisión autoritaria y tradicionalista del aglutinador liberal-conservador-monárquico (Partido Popular): exvotantes populares de toda la vida, clase trabajadora de poblaciones con inmigración superior a la media estatal, abstencionistas que se deciden a salir de la cueva por los que alzan la rojigualda y voto muy joven. No, en Andalucía no hay 400.000 fascistas. No solo las esteladas dan votos. Estos son tres de los factores que explican su llegada al parlamentarismo.

carlos-canoGrafiti en la Plaza Carlos Cano de Realejo (Granada).

El ultranacionalismo español ha despertado como reacción clásica ante otro nacionalismo, antes constitucionalista, ahora independentista, el catalán. Y negar esto es no querer hacer un análisis realista. La extrema derecha española es el precio que vamos a pagar todos por los desastrosos años de gestión del conflicto, tanto del gobierno de Rajoy como de los partidos independentistas catalanes. Algunos políticos de la izquierda española, valenciana y catalana pueden no admitir el vínculo, de cara a la galería, pero no habrá un solo politólogo serio o historiador sobrio que niegue la mayor.

Existe una corriente política internacional de legitimación del ultranacionalismo autoritario o, en conceptos no historiográficos: “A la mierda, a la mierda, excepto los de mi cueva”. España ya es como el resto del mundo libre. El nuevo orden mundial poslepen y postrump no es una anécdota, es un flamante pensamiento político arraigado y sin respuesta ni en la socialdemocracia ni en la democracia cristiana/conservadores europeos. Estos dos pilares ideológicos que construyeron el nuevo orden tras el desastre de 1945 están en descomposición política tras la Gran Recesión del 2008. Por el otro lado del cuadro, un mundo en el que el máximo referente del libre comercio es el Partido Comunista Chino, ejemplo de economía en constante crecimiento, mientras ejerce una férrea dictadura interna, es un mundo que lanza un mensaje terrible: no hace falta democracia para mejorar las condiciones de vida de 1386 millones de personas.

El último factor, que podría explicar tanto el aumento de votos de Vox como la abstención del votante de izquierdas, sería la reacción al discurso de la corrección política. Las políticas disgregadoras y que inciden exclusivamente en la diversidad se han mostrado, por ahora, incapaces de crear mayorías rotundas en la izquierda. Una parte del electorado tradicional de la izquierda española podría percibir que la socialdemocracia y el 15-M han sacrificado el gran discurso, el que habla de buenas condiciones laborales para todos, de vivienda accesible para todos y de oportunidades para todos (sí, también para los hombres blancos heteros nacidos en los códigos postales periféricos, el Frente Nacional lleva años nutriéndose de estos antiguos votantes socialdemócratas y eurocomunistas en toda Francia, y Vox también podría pescar en ese caladero). Feminismo, equiparación de derechos de las minorías, políticas de integración con los emigrantes, políticas ecologistas y de protección medioambiental deberían de ser compatibles con la construcción de un relato, y su propagación eficaz, que conquiste a la clase trabajadora y a una parte de la clase media.

Algunas lecturas desde el periodismo político valenciano indican que nosotros no somos Andalucía. Son generosos y andan cargados de optimismo. Las banderas españolas que ondean en el barrio de Los Remedios de Sevilla (donde Vox tiene el 26% del voto) son las mismas que lucen entre Sorní y Marqués del Turia o en El Pla del Real, y lo hacen por las mismas razones. Poco margen de actuación tiene allí la izquierda, pero esas banderas también ondean en La Plata, La Olivereta, Benicalap o Mislata.

Trackbacks y pingbacks abiertos.