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Carlos Vermut: “Magical Girl es un exceso de realidad”

por | 30 enero 2015 | Entrevistas

El director cinematográfico Carlos Vermut (Madrid, 1980) nos descubre la génesis de la premiada Magical Girl, su pasión por el cómic, Buñuel o Yukio Mishima, el ejemplo de los coreanos como cine de género con el beneplácito del gran público o el descubrimiento de Manolo Caracol y su niña de fuego. 

Tu primer largo “Diamond flash” se convirtió instantáneamente en una película de culto. ¿Cómo encaraste tu siguiente paso, “Magical Girl”?

 Filmé “Diamond flash” autoproduciéndola y estrenándola directamente en internet. Encaré “Magical Girl” con más presupuesto, con una historia más accesible que en el primer film, manteniendo unos códigos y el tipo de personajes que a mí me interesan: personajes atrapados por sus obsesiones.

En ambas películas podemos observar  una influencia determinante del mundo del cómic. Tú partes de ese mundo, ¿cómo diste el salto de la viñeta a la pantalla?

 Fue algo que surgió poco a poco, porque yo tampoco tenía pensado dedicarme al cine. Yo dibujaba cómics, y los mecanismos que utilizo son muy similares. Pienso en la historia a través de las imágenes e intento utilizar aquellos recursos que no tenía: como la música, el movimiento, otro tipo elipsis que van más allá de la viñeta. Me compré una cámara de vídeo, para grabar cosas con mis amigos, mi hermano, mis compañeros de piso; luego gané con el corto “Maquetas” en el Notodofilms.com, y me planteé hacer una película con el dinero que tenía ahorrado, el resultado fue “Diamond flash”. Unos productores se interesaron por mí, y así surgió “Magical girl”.

 “Magical Girl” es una mezcla explosiva de géneros, hay ecos del cine negro americano y puede que también del polar francés.

 No soy tan consciente. Si te refieres a Pierre Melville, sí. Del cine de Melville “El samurai” o “Crónica negra” me gustan mucho. Pero tal vez la primera película que me viene a la cabeza como inspiración sea “Belle de jour” de Buñuel. Luego en cuanto al estilo se van uniendo cosas y, claro, las limitaciones acaban marcando también al estilo, para dejar de ser limitaciones y convertirse en las decisiones que uno toma. Pero sí, el cine negro también está presente. Parto de una situación  cotidiana, un profesor en paro quiere cumplir el sueño de su hija enferma: tener el vestido de la protagonista de una serie de animación japonesa. A partir de ese momento se va enredando la trama y surge el misterio.

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 La cultura oriental también tiene un papel muy relevante.

Sí, me gusta mucho la obra del escritor Yukio Mishima. Me gustan esas historias oscuras en las que los personajes son esclavos de sus deseos y los llevan hasta el límite. Es una referencia capital que existe no solo a nivel estético sino también a nivel narrativo, sobrevolando toda la película. Escribí la película en Japón, y eso influyó. Me encanta el cine japonés: Nagisa Oshima; me fascina “La mujer de las dunas” de Teshigahara;  todo el cine de Kaneto Shindô… Siempre he creído que estos directores tienen la cualidad de hacer que cada secuencia sea disfrutable por ella misma, sin tener que recurrir a transiciones. Y, claro, están presentes el misterio y las obsesiones de las que te hablaba al respecto de Mishima. Eso en España lo han abordado muy pocos, tal vez únicamente Buñuel, Almodóvar y Saura.

Me interesa mucho el conflicto entre el mundo interior y el exterior, algo de lo que reflexionamos muy poco en España, porque nos mostramos más agresivos de lo que somos. En cambio los japoneses viven en una represión a la hora de mostrar emociones que les lleva a desarrollar un mundo interno más retorcido, en un sentido positivo para mí. Esta forma de vivir la sexualidad me parece mucho más interesante para mostrarla en la pantalla. No me interesa juzgar a los personajes, huyo de los moralismos. Lo que quiero es crear personajes complejos.

Son muchas cosas las que me gustan, y no sé si lo hago de forma consciente pero mi pasión por el manga sigue estando también presente. Nunca me gustó el cómic español; me interesa el manga por su sutileza, sus atmósferas…Y todo esto trato de reflejarlo en el tipo de películas que hago. Pero también me gusta mucho la forma en la que los personajes de las películas de los hermanos Cohen se mueven entre la ternura y lo macabro.

Pero, pese a todos estos referentes, nos encontramos ante una película tremendamente española.

Claro, igual que los Cohen ubican sus historias en una realidad que conocen, que es la realidad americana, yo soy español y hablo de la realidad que conozco, luego lo llevo al género que me interesa más. No me apetece rodar una película de misterio japonesa en Japón, podría hacerlo pero no conozco tanto su idiosincrasia como conozco nuestra cultura, nuestra manera de comportarnos, nuestros matices.

“Magical girl” está llena de interpretaciones muy potentes, ¿cómo fue el trabajo con los actores?

Pues la verdad es que no di más información a los actores que lo que se desprendía del propio guión. Les dejé plena libertad.  Por eso mismo había escogido a gente  como Bárbara Lennie, José Sacristán o Luis Bermejo; yo sabía que ellos podían dar forma a sus personajes. Son actores con experiencia en teatro, están acostumbrados a una sola toma. Yo les invito a la contención, a la sutileza.

En “Diamond flash” el elemento central era un superhéroe, en “Magical girl” el núcleo es Bárbara. Intenté que fuera una reformulación del concepto de mujer fatal del cine negro, ella no busca a un detective para utilizarlo, podría ser una chica cualquiera. Me gusta que se comience con personajes reconocibles, cotidianos, y poco a poco se dé el giro hacia el noir. Partimos de la normalidad, y vamos hacia el misterio.

¿Cómo llevaste a cabo la selección musical que aparece en la película?

Yo ya tengo las músicas desde el principio, para escribir utilizo música, para saber el tono de la película utilizo música. Esas músicas me acompañan durante todo el proceso. Unas se quedan hasta el final y aparecen en la película, y otras se van quedando por el camino, pero me han servido como inspiración a la hora de escribir.

La película no tiene banda sonora como tal pero suenan varias piezas que tienen un papel fundamental. Estaba escribiendo hace tiempo una película de ninjas, busqué algo relacionado, y me topé con la canción “Ninja de fuego” de Pony Bravo, que era una versión de la copla “La niña de fuego”. Al descubrir la versión de Manolo Caracol me dije que era perfecta. La copla siempre cuenta pequeñas historias, puedes sacar una película de ella sin ningún problema. Además la película tiene ese punto de obsesiones, amores frustrados, venganzas…Parece que esté describiendo a Bárbara. Bárbara es la niña de fuego. También aparece la versión que hizo Pink Martini de la canción de la película “Lagarto negro” de Kinji Fukasaku. Habla de un personaje frío, de corazón de hielo, como Bárbara. Me gusta privar a la puesta en escena de ornamentos, privo al espectador de la pista emocional de la banda sonora, pero las canciones que utilizo tienen mucho peso en momentos clave.

En “Magical girl” hay un toque fantástico, de misterio, que parece una proyección de la psicología de los personajes.

 Sí, en la película aparece ese elemento fantástico, vemos a alguien desaparecer, y, aunque tiene un carácter anecdótico, el mundo de los superhéroes tiene importancia en la trama. Pero aun teniendo un título que hace referencia a la magia, la película está muy anclada en la realidad, el verdadero elemento de extrañeza está en que todo es muy real, aunque la mente de los personajes pueda sugerirnos lo contrario. La verdadera magia de la película está en el exceso de realidad, y en cómo podemos sorprendernos al comprobar que la realidad pueda ser tan ajena. Lo que pasa es que estamos habituados a ver la realidad reflejada en pantalla a través de unos códigos muy concretos y cuando nos alejamos de ellos surge la extrañeza. En “Magical girl”, el personaje de Bárbara Lennie se encierra en una habitación que nunca veremos por dentro, al igual que nunca sabemos lo que significa la cajita que lleva Catherine Deneuve en “Belle de jour”, prefiero que sea el espectador el que dé significado a ciertas cosas de la película, que quede espacio para el misterio y la magia.

Mencionas “Belle de jour”, “Magical girl” comparte con la obra de Buñuel una enorme pasión bajo una aparente frialdad formal, ¿buscabas sacudir así al espectador?

Sí, parto de una decisión en esa dirección. Tienes que saber qué tono debe tener la película, lo que quieres subrayar y lo que quieres dejar que el espectador complete. La obra de Buñuel siempre fue un referente. “Magical girl” es una película muy peculiar que funcionará de forma distinta dependiendo del espectador, si es capaz  de entender las circunstancias de los personajes, comparte sus miedos y su atracción por la oscuridad, la verá de forma distinta a una persona a la que le dé igual. A una parte del público le encanta, otros la rechazan.

El cine español últimamente se está abriendo mucho al cine de género, de terror, cine negro, ciencia-ficción, alejándose de los caminos a los que nos tenía acostumbrados. ¿A qué crees que se debe este cambio?

De una vez por todas nos hemos dado cuenta de que se puede hacer cine de género, más accesible al público, sin olvidar que se parte de un autor. Creo que ese equilibrio ha funcionado muy bien en otras cinematografías como la coreana, que hace películas que pueden ir al Festival de Cannes pero que funcionan también en taquilla; eso es beneficioso. No se puede vivir únicamente de “Torrente”, pero tampoco de películas que van a Cannes, tiene que haber un equilibrio. Es interesante que aparezcan propuestas que aúnen cierto prestigio con cierta calidad cinematográfica en el sentido más popular de la palabra.

Como ya comentamos “Diamond flash” era una película con un presupuesto modesto. En los últimos tiempos está surgiendo un cine español con pocos medios pero muy imaginativo. ¿Cómo ves el cine español en estos tiempos de crisis?

 Como bien dices, han confluido muchas circunstancias en España en los últimos años, que han forzado que las cosas estén cambiando: la manera de distribuir, la manera de producir; ahora cada uno puede mostrar su trabajo en internet o frecuentar circuitos alternativos. Están surgiendo películas gracias a la posibilidad de hacer cine con pocos medios. Se han acabado las subvenciones y hay que volver a reinventar la manera de financiar las películas. Son varias las circunstancias que hacen que por fuerza se plantee una nueva forma de hacer cine y que la gente haga cosas más arriesgadas, y que los que quieren hacer cosas más comerciales sepan que tienen que dialogar directamente con el público. Está bien que las cosas cambien, y nos demos cuenta de que había cosas que no estaban funcionando, y que nosotros de forma activa participemos y cambiemos la forma de actuar.

¿Esperabas que tu película ganara en el Festival de San Sebastián?

Cuando compites sabes que tienes alguna posibilidad de llevarte el premio, aunque lo veas lejano. Fue un  shock muy agradable, pero un shock, y al día siguiente estaba un poco confundido y desubicado. No sabía muy bien lo que había sucedido. Luego vuelves a la rutina, y te planteas que los premios son maravillosos, y condicionan mucho tu carrera. Tiene que ser un cambio que sea a mejor, que en lugar de paralizarte te ayude a seguir trabajando. Lo mejor es que sabes que rodar una próxima película será más fácil.

¿Tras el huracán de “Magical girl” tienes otros proyectos a la vista?

Sí, cuando termine con la promoción de “Magical girl” tengo un par de proyectos que me gustaría llevar a cabo. Cuando pase todo esto me gustaría aislarme un poco, centrarme, volver a mi rutina, y empezar a trabajar. Realmente tengo muchas ganas de ponerme en marcha ya.

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