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Charly Efe: “Se nos está privando veladamente del derecho a protestar, a denunciar y a expresarnos”

por | 16 julio 2019 | Entrevistas

Carles Sanchis (València, 1979) lleva más de quince años entre rimas y beats. Acaba de publicar el epé “Los últimos domingos tristes” y el libro “Canciones de amor y droga” para celebrar una trayectoria ligada al rap clásico y a la honestidad con la que curte la lucha desde la periferia. El próximo 20 de julio actuará en el SBA Festival de Alzira dentro de la gira Dioses y Monstruos.

El I.B. Sorolla de mitad de los 90 fue un hervidero de amantes del rock. Las camisetas de Nirvana o Pearl Jam se mezclaban con las de Extremoduro, Los Suaves, Hendrix o The Doors, pero no abundaban las de Tupac, Notorious Big, Wu-Tang Clan o Snoop Doggy Dog. En aquella época ya escribías, pero aún no estabas interesado en la cultura hip hop. ¿Cuándo y cómo se cruza en tu camino?
Los años 90 fueron un caldo de cultivo musical para la gente inquieta como yo. En mi caso tiraba más por grupos como Aerosmith, Nirvana, Guns & Roses o directamente como dices coleccionaba discos y camisetas de grupos de rock español desde Maniática a Los Suaves o Extremoduro. Éramos carne de recreativos, chupas, pellas y litros. La época que nos tocó vivir. Fue una pena coincidir con algunos graffiteros de la época y que no me engancharan al rap hasta casi ocho años después. Quién sabe qué hubiera sido de mi vida si lo hubiera descubierto mucho antes.

Tras una docena de trabajos musicales y tres libros escritos tras casi veinte años, ¿cómo valoras el viaje?
Pues empecé a engancharme a los grupos de rap en el 2001, y en 2003 ya estaba rapeando. Miras atrás y ves que has conseguido el respeto de la gente, que has colaborado con muchos grupos, tocado en muchos garitos y algunos festivales y que tu obra está ahí. Como lo último que quisiera es ser un pretencioso sigo considerándome uno más dentro del gremio, montando bolos de gente noble o colaborando con colegas del barrio. Sé que la trayectoria está ahí pero el viaje lo sigo tocando con las manos cada día, disfrutando de todo. No quiero perderme nada.

En mayo actuaste en el ViñaRock, un referente de los festivales de música anterior al boom festivalero. ¿Qué tal fue la experiencia?
Fue muy guapa porque nosotros como muchos grupos underground de este país creo que ya deberíamos haber tocado hace años. La misma coordinadora se sorprendió que a esa hora tuviéramos nuestro escenario prácticamente lleno ya que a las 16:30h. Te aseguro que con esa solana el que está ahí es porque ha ido a verte exclusivamente a ti. Ojalá nos vuelvan a llamar con otro horario y sigan dando oportunidades a grupos únicos y constantes y no se dejen llevar tanto por las cifras y las estadísticas.

¿Cómo está siendo la presentación de Dioses y Monstruos, tu último elepé, y en la que todavía estás envuelto?
Pues lo sacamos en diciembre de 2017 y el primer año hicimos muchísimos bolos y este segundo algo menos. Digamos que es el resopón, vamos donde nos llaman o donde no pudimos ir el primer año, como por ejemplo este finde he venido del norte. La sensación que tengo es que un elepé al final vale mucho la pena porque reengancha a tu público. Vale, que a lo mejor no llenamos salas, pero la gente sabe que estás activo, que encima redondeas el show de siempre con media hora de lo nuevo y al final te plantas en shows de setenta minutos dándolo todo y eso la peña lo agradece mucho. Ha sido una de las mejores giras sin duda como calidad de directo.

Acabas de publicar el epé “Los últimos domingos tristes” y el libro “Canciones de amor y droga” con una guía de tu discografía, 100 letras y 50 dibujos. ¿Cómo ha sido el proceso de creación de ambas obras?
Pues mira, como lamentablemente no puedo vivir del todo de la música “Los últimos Domingos Tristes” me pilló entre La Seu y Valencia trabajando y viviendo solo en la montaña. Necesitaba hablar de unos temas nostálgicos que todavía me pide la gente que escucha mis maquetas. Y allí mismo con tanta soledad y tiempo decidí que era el momento de sacar mis letras a la luz y aunque la primera edición nos ha costado mucho presentarla ya que no somos una editorial gigante ahora cuando acabe el verano vamos a hacer muchas presentaciones y vamos a poner algunos puntos de venta más accesibles.

Durante la última década, dos colectivos de rap como Los Chikos del Maíz y Zoo han logrado transceder de forma masiva al resto del Estado desde València. Desde Alicante, Nach y Arkano. Pero la profesionalización de la clase media musical sigue siendo un problema estructural en Valencia. ¿Qué radiografía haces de la escena habiendo estado ahí en los inicios del rap underground?
Creo que ha costado todo mucho pero gracias a muchos grupos pioneros y a otros que han conectado con el público hoy por hoy hay una escena y una industria consolidada. Era impensable hace diez años que grupos de rap coparan festivales y llenaran salas. Imagínate grupos de rap en valenciano. Otra cosa es el negocio que hay detrás de todo esto, las promotoras negligentes que han salido a raíz de esto, la sobreexplotación de los festivales, el arrinconamiento de la pequeña sala. Pero bueno, eso sería otro tema de debate.

Hace un lustro aparecieron nuevos raperos con un ideario ligado al “yo me lo guiso, yo me lo como”, y al margen de las discográficas clásicas (Universal y Boa). En los últimos dos años el trap ha destacado entre los menores de 25 años. ¿Hay buena entente entre nuevas generaciones y pioneros? ¿Qué diferencias, no tanto estilísticas sino conceptuales, encuentras entre ambos movimientos y el rap clásico que puedes encarnar tú junto a Loren D o Erick Hervé & Yeke Boy, entre otros, en la València actual?
En mi caso, el hilo que me mantiene con la gente joven es que me gusta acudir al pequeño concierto, que sigo investigando en twitter, páginas de rap a ver qué se mueve pero tengo que reconocer que con el trap me pillas. Hay muchos grupos jóvenes en Valencia haciendo cosas interesantes pero ya no conecto con ellos como con los grupos de mi época. Soy consciente de la brecha generacional y la mayor diferencia que observo entre nosotros y la gente joven es que la técnica, la lírica o el sonido se ha perdido, hoy en día es mucho más importante cómo conectas con el público, y punto.

La persecución judicial a Pablo Hasel, Valtonyc y el colectivo La Insurgencia ha llevado a las letras del rap a primera línea de la controversia mediática. Incluso ha convertido a algunos de ellos en mártires de la libertad de expresión por parte de cierto activismo de izquierdas. Pero, también ese mismo activismo ha acusado a otros raperos por contenido machista u homófobo en sus letras. ¿Cómo percibes el asunto? ¿Te has autocensurado alguna vez?
Bueno, al final sí que es verdad que hace quince años en el rap español se utilizaban muchas expresiones machistas pero creo que era básicamente por falta de información y un poco porque copiabas lo que rapeaban los yankis. No creo que nadie quisiera denigrar a la mujer. Con el tiempo esas expresiones cambiaron y es un largo avance que hemos hecho muchos raperos. Una deconstrucción necesaria. Pero yo no creo que por decir la expresión “putas del rap” o una vacilada con componente de género fuera en sí un acto machista. Respecto a los colectivos perseguidos y denunciados, sería muy importante que todos nos concienciáramos de que, te guste más o menos su música, esto es un problema vigente que a todos atañe: se nos está privando veladamente del derecho a protestar, a denunciar y a expresarnos. Esta democracia está muy tocada con estas últimas leyes reaccionarias y con el único afán de intimidar. Sobre la autocensura, pues seguramente estos dos últimos años algo he corregido pensando en cómo está cambiando todo y ojo con lo que pones.

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