Deleste 2014, pura fibra

por | 5 octubre 2014 | Reportajes

El festival del Espai Rambleta conforma para su tercera edición un cartel notable y con poco desperdicio, al que solo cabe reprochar la ausencia de referencias foráneas.

deleste festival 2014 en la rambleta

Ante un panorama tan absolutamente polarizado como el que vivimos, en el que no parece haber punto intermedio entre las grandes citas veraniegas al aire libre y los conciertos bajo techo de una sola noche, es cuando iniciativas como el Deleste cobran especial relevancia. No solo porque sigan agrupando, en un par de días, un elenco de bandas que rara vez pueda disfrutarse de forma conjunta en un recinto cerrado y con excelentes condiciones acústicas. Sino también por conformar un cartel que detenta un loable equilibrio, caminando con soltura entre algunos reclamos de cierto tirón popular y algunas apuestas algo más minoritarias. En el debe de sus gestores debe recaer este año la asignatura pendiente: la inclusión de una banda internacional de fuste, que en las dos ediciones previas se solventó con The Pastels, Josh T. Pearson o Fanfarlo, pero este año ha dejado su casillero vacío.

No obstante, el festival del Espai Rambleta sigue apostando por un cierto eclecticismo, dentro de los parámetros que ofrecen el pop y el rock independiente estatal, sin llegar a caer en la complacencia del indie profiláctico y acomodaticio que es lugar común en la plana mayor de nuestros festivales: sí, esas seis o siete bandas que tienen ustedes en la cabeza. Y constituye ahora la principal cita indoor de la Comunidad Valenciana, a la espera de que el experimentado Tanned Tin de Castellón vuelva a mover ficha, si es que algo así es aún posible. Este año, además, refuerza considerablemente su vis electrónica, con una programación (en la más nueva de sus salas, la ubicada en el sexto piso) en la que Marc Piñol, BeGun, Sau Poler o El Txef_A son los principales señuelos. Y se vuelve a repetir la apuesta por abrir el festival a un público lo más amplio posible, con otra sesión matinal gratuita (con actividades infantiles) en la que serán el sonido americana de los valencianos Red Buffalo y el rock indie 90’s de los catalanes Me & The Bees quienes pongan el rotundo marco sonoro.

Por lo demás, si hay dos bandas que destacan por encima del resto en el cartel, son El Columpio Asesino y Grupo de Expertos Solynieve. Los primeros llevan meses rodando por los escenarios las virtudes de Ballenas muertas en San Sebastián, un quinto álbum que refrenda con éxito la apuesta por los vericuetos sintetizados y lúgubres que ya emprendieran en su precedente, sintonizando con el after punk hosco de Suicide, ESG o Throbbing Gristle, aunque en sus directos no se olviden el rock espinado al estilo Pixies que cultivaron en sus inicios. La suya sigue siendo una apuesta por la singularidad. Como lo es también la de Grupo de Expertos Solynieve, el  proyecto en el que Jota (Los Planetas) y Manu Ferrón trazan una hilo invisible entre el folk rock de la costa oeste americana y las sonoridades del sur hispano, sustentado en un hilván lírico nada complaciente.

La programación de esta tercera edición del Deleste no tiene prácticamente grasa este año, todo en ella es pura fibra, pero pormenorizarla al detalle sería objeto de tribunas más amplias. Así que solo nos queda recordarles de forma telegráfica cuáles se perfilan como algunos de sus puntos álgidos, en un cartel en el que el corredor mediterráneo (Valencia-Barcelona) tiene preeminencia: la iconoclastia de los inclasificables Za!, la amalgama kraut-dub-cumbia-jazz-flamenco de los simpar Pony Bravo, el pedigrí emo rock y post hardcore de Nueva Vulcano o Madee, el folk delicado y preciosista de María Coma, Alberto Montero, Pau Vallvé y Joe La Reina, el post punk de Belako, el garage rock de Fuckin’ Bollocks, el contagioso pop sintético de Polock o la cada vez más asentada propuesta de Modelo de Respuesta Polar, entre el folk  de autor y los desarrollos del post rock. Dos días para sacudirse de encima la fastidiosa atonía que transpira la ciudad el resto del año, apenas disipada por citas cada vez más distantes en el calendario.

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