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El día que murió el siglo XX

por | 2 octubre 2018 | Música, Reportajes

Hace apenas unos días pensaba en los grandes nombres del cine clásico y de la música popular, anterior al rock & roll, que aún vivían. Los cuatro nombres que conseguí reunir fueron los de Kirk Douglas, Olivia de Havilland, Lucho Gatica y Charles Aznavour. Hoy, la portada de Libération, el referente periodístico de la cultura francesa o ese diario que jamás tendremos en este país de países beatos, abre con Aznavour en portada y un titular, el nombre de su mejor composición: Hier Encore.

Antes de ver C.R.A.Z.Y., la espléndida película de Jean-Marc Vallée, en 2005, mi contacto con Charles Aznavour había sido superficial, conocía La Bohème, La Mama o Que C’est Triste Venise y no me inquietaban. Pero aquella película retrataba con tal intensidad las ensoñaciones de la niñez y la adoración infantil por la figura paterna, mientras sonaban Hier Encore y Emmenez-moi, que hacía imposible no caer rendido a las composiciones del armenio. Así que durante los últimos trece años, un cedé de Aznavour ha recorrido cientos de veces el trayecto que va desde el reproductor de música hasta la guantera de mi coche, para sufrimiento de los amigos que eran transportados hasta las catedrales del rock & roll valenciano donde partíamos las noches. Solo Jorge y las amigas belgas y francesas agradecieron la escucha. Y el bueno de Paco Hickowski fue generoso conmigo desde los platos del Kraken cuando dejó sonar “Je M’voyais Dejà” a todo volumen y en el templo se bailó la chanson.

Cuando Charles Aznavour escribió Hier Encore tenía 40 años y era 1964. Es, probablemente, la canción francesa que mejor evoca la nostalgia por aquel tiempo que nunca volverá, y eso, para el exquisito catálogo de la tradición musical francófona (Brel, Brassens, Piaf, Gainsbourg, Trénet, Ferré, Salvador, Hardy, Bécaud, Farmer o Chevalier), no es poca cosa. En 1964 Aznavour ya era un hombre viejo. Su cara mostraba las penurias de una niñez en la pobreza, marcada en los genes por el exilio y el genocidio armenio (1915-1923) del que Misha Aznavourian, barítono, y Knar Baghdassarian, actriz, habían huido. En el París de los primeros años 20 esperaron un visado a Estados Unidos que jamás llegó, sí llegaron Aida primero y Charles después, por lo que allí se quedaron. El niño sobrevivió cantando en la calle, el joven cantando en los cabarés de mala muerte mientras los alemanes vestían de gris, y el hombre en los cabarés de buena muerte, junto a Édith Piaf, Maurice Chevalier, Patachou y Juliette Gréco, para los que compuso canciones durante la contienda y la posguerra. En 1953 publicó su primer disco a los 29 años, Sur Ma Vie fue su primer éxito, hace apenas cinco meses actuó en Madrid con 94 años de edad bromeando acerca de su muerte inminente sobre aquellas tablas, y en internet aún están a la venta las entradas de todos los conciertos que tenía programados desde este otoño hasta la próxima primavera.

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