El final del poder financiero valenciano

por | 17 marzo 2021 | València

Banco de Valencia. Foto: Antonio Marín

La caída del Banco de Valencia, su posterior intervención y venta por un euro a CaixaBank, se debió al “amiguismo entre sus directivos con políticos y empresarios que utilizaron la entidad para su propio beneficio, como se ha demostrado ya en los tribunales”.  Quién hace esta afirmación es Juan Broseta, el que fuera accionista del banco, fundador de la Asociación de Pequeños Accionistas del Banco de Valencia (Apabankval) y autor del libro que acaba de aparecer en el mercado bajo el título “El hundimiento del Banco de Valencia”, publicado por la editorial Samaruc. 

El libro recoge el análisis del hundimiento de la entidad relatando con detalle las actuaciones de las personas que, según indica “antepusieron sus propios intereses y los de sus amigos a los del banco y sus accionistas” y también las de aquellos que “pudiendo evitarlo, no hicieron nada”.

El hundimiento de uno de los bancos centenarios más sólidos y emblemáticos, aparece en el libro como una trama repleta de saqueadores “que lo expoliaron hasta arruinarlo y que acabaría más tarde con la intervención del Banco de España y su venta a CaixaBank por un euro”.

Según explica en el libro, el “modus operandi” del deterioro del banco que aplicaron el presidente y el consejero delegado de la entidad, José Luis Olivas y Domingo Parra,  consistió básicamente en “realizar operaciones a través de sus empresas participadas de forma que las que obtenían beneficios se las vendían a empresarios amigos -la gran mayoría vinculados entonces al PP, de donde provenía Olivas-, y las que perdían dinero se las quedaba el banco. El agravante de todo esto es que, además, esos amigos se quedaban las empresas gracias a créditos concedidos por el banco que luego nunca devolvían”.

Y todo ello se haría con la conformidad de la auditora del banco, hoy condenada ya por los tribunales por falsedad contable y a la que el autor dedica un capítulo. “No resulta comprensible que ante las probadas irregularidades, la auditora firmara y validara las cuentas sin establecer salvedades cuando le constaba que dichas cuentas no reflejaban la imagen real de los estados financieros del banco”.

El autor indica que el banco pudo salvarse y lo relata así: “la cesión de la participación del Banco de Valencia en el capital de numerosas empresas pudo haber supuesto una salida a la crisis del banco si sus gestores, principalmente Domingo Parra, que era el que manejaba todo, hubieran puesto la vista en ellas. Deshaciéndose de esas participaciones y evitando el lastre que le suponían en momento muy críticos, el banco habría podido reducir su deuda y quizá haber salvado la situación. Sin embargo, no ocurrió así y hay poderosas razones para pensar que los motivos que pesaron en esa decisión se debieron a intereses personales.”.

En este contexto, el autor se pregunta qué pudo hacer Domingo Parra para salvar el banco de la quiebra y que hubiese sobrevivido: “Pues vender las empresas que le producían más lastre y recuperar los créditos, y también vender las participaciones que tenía en muchas de ellas”.

Sin embargo, señala, ” los principales actores del hundimiento, Parra, Olivas e Izquierdo no quisieron vender porque pensaban que podían aguantar y no querían perder el poder que detentaban; pensaban que con su influencia política acabarían frenando cualquier acontecimiento en su contra. No ocurrió así, acabaron denunciados por corruptos y condenados por la justicia como ya estamos viendo”.

Broseta, cuya asociación de pequeños accionistas tiene presentada una querella contra el Consejo de Administración y otros dirigentes de la entidad, destaca entre las conclusiones del libro que “resulta más que llamativo que ante la intervención del FROB no se personara nadie del poder económico y empresarial para intentar que el banco se quedara en Valencia, como habían conseguido muchísimos años atrás otros empresarios que lucharon al máximo hasta conseguirlo”.

Sobre el autor

Juan Broseta, nacido en Benimaclet (Valencia), es Ingeniero Industrial y Doctor Cum Laude por la Escuela Técnica de Ingenieros Industriales del Politécnico de Valencia, donde posteriormente sería Profesor de Tecnología Mecánica y Profesor titular de Teoría e Instituciones Económicas. Obtuvo la prestigiosa beca del Patronato de Investigación Científica Juan de la Cierva, fue Decano del Colegio de Ingenieros de la Comunidad Valenciana y Albacete y Presidente del Consejo Social del Politécnico.

Sus logros principales en ingeniería: en Proyectos Civiles y Tecnológicos, la Estación de Delicias del Tren de Alta Velocidad de Zaragoza, que obtuvo el Premio Brunel, máximo galardón internacional de arquitectura ferroviaria en 2005 en Copenhague (Dinamarca). Desde Mectra diseñó el rodaje del primer tren de AVE Español de Talgo. Y desde Tecma, desarrolló los proyectos de impacto ambiental para Alstom y Gas Natural de la Central de Ciclo Combinado de Cartagena y Málaga. Además de desarrollar sus propias empresas, ha sido asesor de grandes grupos empresariales como la multinacional francesa Suez y Alstom, entre otros. Como accionista del Banco de Valencia, y después de lo vivido en las juntas del banco y ver las protestas de los accionistas, decidió reunirlos y crear la Asociación de Pequeños Accionistas del Banco de Valencia.

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