El regreso de Echo & The Bunnymen a València MIÉRCOLES 10 DE JULIO. JARDINES DE VIVEROS

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Buena parte de los grupos que eclosionaron en la década de los ochenta han sido víctimas en nuestro país, y muy especialmente en València, de una agrupación generacional, sentimental y de la peor de las nostalgias, lo que no ha hecho sino devaluar su calidad artística. Aunque este no es un fenómeno circunscrito exclusivamente a la década de pelos cardados y hombreras imposibles, esta agrupación de multitud de grupos realizada únicamente por la fecha de nacimiento de sus miembros,se ha hecho sin importar si su estilo musical era alternativo, tecno, new wave, o incluso si estaba dentro de ese término acuñado como cajón de sastre llamado postpunk. Así las cosas, algunos de los mejores grupos de la historia del rock, han quedado reducidos a un fenómeno tan horrible como es el del remember.

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Aun así, muchos son los grupos que han sobrevivido a su década de juventud y que por ello son valorados como músicos inquietos, con trazos de genialidad, imprescindibles para entender fenómenos posteriores como el grunge, el britpop o el indie. Entre estos grupos se encuentran Echo & The Bunnymen, que celebrando sus 40 años como grupo, visitan València en el marco de la Feria de Julio. Han pasado 35 años de su primer y único concierto en la desaparecida Sala Pachá de la capital del Turia. Capitaneados por los dos miembros originales de la banda que siguen en activo, Ian McCulloch voz y guitarra, y Will Sergeant guitarra y cerebro gris del grupo, Echo & The Bunnymen presentaran su último trabajo The Stars, The Ocean & The Moon, revisión (que no recopilación) de algunos de sus mejores temas y así como dos temas nuevos The Somnambulist y How Far.

Que Echo & The Bunnymen no son un grupo cualquiera. Prueba de ello es su ciudad de origen: Liverpool. Nacidos en la capital del río Mersey en 1979, los Bunnymen tuvieron que moverse desde sus inicios entre la impronta de pertenecer a la misma ciudad que el grupo que revolucionó para siempre el Rock, The Beatles, con una ciudad del norte de Gran Bretaña deprimida económica y socialmente, que se asomaba al abismo ultraliberal que significarían los ochenta de Thatcher.

Una personalidad única y unas ideas muy claras de lo que querían hacer, les permitieron sortear la dura vida en Liverpool, así como la comparación con los Fab Four. Echo & The Bunnymen registraron sus mejores trabajos en el primer período de su carrera, desde 1980 a 1987, con unos álbumes en los que se combinaban, como no se había hecho hasta el momento, influencias de The Doors, Love, Velvet Underground, David Bowie y la etapa de Revolver y Sgt Pepper’s de The Beatles. A unas letras de Ian McCulloch evocadoras, cargadas de un romanticismo heredero de Shelley y Keats, las acompañaban unas melodías que oscilaban, incluso en una misma canción, entre lo brillante y lo oscuro, una base rítmica perfeccionista liderada por Les Pattison al bajo y Pete de Freitas a la batería, acoplándose a las exigencias eléctricas, a veces épicas, de la guitarra de Will Sergeant.

Con estos ingredientes, los otro cuatro de Liverpool alumbran cuatro álbumes únicos, casi perfectos, donde los textos personales de McCulloch dan lugar a unas canciones evocadoras, que dibujan escenarios de brumas, nieblas, paisajes fríos y lugares a los que poder escapar, reflejados en las portadas. Así se suceden Crocodiles (1980), Heaven Up Here (1981), Porcupine (1983), que contienen canciones de escucha obligatoria como Rescue, Do it Clean, A Promise, The Back Of Love, Porcupine, Heads Will Roll o la enigmática y magnífica The Cutter como la definió en su momento Paloma Chamorro.

Así hasta llegar a Ocean Rain (1984), obra cumbre en su carrera, y uno de los álbumes más destacados de la historia del rock, como dio cuenta de ello la publicación Rockdelux, ocupando un destacado puesto 106 en la lista de los 300 discos de especial 30 aniversario. Disco perfecto, intentó ser desautorizado en su momento por una minoría que, como suele pasar en estos casos, no aceptaron que el mejor álbum de los Bunnymen, fuera a su vez el de mayor número de ventas, acusándolo de presuntuoso. Pero nada pudieron contra una obra maestra, en la que se combinaban auténticas joyas pop como Seven Seas, ritmos trepidantes en My Kingdom, las melodías inquietantes que recuerdan a sus inicios postpunk de Thorn Of Crowns, o la evocadora Ocean Rain. Así hasta llegar a The Killing Moon, su canción más conocida y uno de los mejores temas de todos los tiempos, imbatible 35 años después.

Publicarán tres singles entre 1980 y 1985 con bastante repercusión, como The Puppet ,Bring on The Dancing Horses y Never Stop, uno de los alegatos antithatcher con más ritmo de los duros ochenta. Las tres canciones aparecerán en el recopilatorio que publicará la banda a finales de 1985, Songs To Learn And Sing. Después de dos años de silencio, Echo & The Bunnymen volverán a la carga con un disco homónimo, en que, sin poder emular la tetralogía anterior, introducen canciones redondas como The Game, Lips Like Sugar. Conseguirían que Ray Manzarek, teclista y compositor de The Doors participara en el disco, abriéndose paso en el mercado estadounidense. Ese año 1987, Echo & The Bunnymen colaborarán en el XX aniversario de la edición de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, actuando en directo en la azotea de la tienda HMV, ubicada en la londinense Oxford Street. No será la única vez que homenajearán a The Beatles, ya que versionearán Ticket To Ride en el álbum B-Sides and Live (2001-2005).

Los últimos años de los ochenta son la otra cara de lo que fue la primera mitad de la década. McCulloch abandonará el grupo para iniciar una carrera en solitario que no cuajará. Sin este se grabará en 1990 el prescindible Reverberation. Y lo más terrible, el baterista Pete De Freitas fallecerá en un accidente de motocicleta en 1989, desapareciendo así no solo una parte fundamental de la base rítmica del grupo, sino también uno de los mejores músicos británicos de su generación. Los tres miembros restantes volverán a juntarse a partir de 1997, lanzando varios trabajos que les hacen abrir una segunda etapa, donde manteniendo la base de sus inicios, abren la puerta a nuevos sonidos e influencias y recuperan la calidad e inspiración que parecía haberles abandonado una vez desaparecido Pete De Freitas. Así, Evergreen (1997), What Are You Going to Do with Your Life? (1999), Flowers (2001) o Siberia (2005) son álbumes de gran factura que conviven con ediciones de actuaciones en directo, nuevas recopilaciones, ediciones del 25 aniversario de sus cuatro primeros discos, trabajos fallidos como The Fountain (2009), o el intermedio Meteorites (2014). Regresan pues Echo & The Bunnymen a València, con un nuevo álbum bajo el brazo, en el que versionan sus propios temas, y demuestran no solo porque pueden reivindicar estar entre los más grandes, sino que como el propio McCulloch declaraba en una reciente entrevista en el Periódico de Catalunya: “No es nostalgia, es magia”.

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