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El Ser Humano, habanera del tercer o cuarto amor

por | 28 noviembre 2016 | Entrevistas

Luscinia Discos es un sello diferente: edita con mimo, y un cuidado diseño, músicas que encuentran en el afán experimental su nexo de conexión. Bandas sonoras de películas imaginarias que dan lugar a un catálogo heterogéneo y, a la vez, integrador, abierto a lo nuevo sin ninguna cortapisa.

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El 3 de diciembre, en Magazine, podremos disfrutar de un minifestival luscinio que incluye a artistas residentes en nuestra comunidad: Josep Lluís Galiana & Avelino Saavedra, Carlos Izquierdo y El Ser Humano. A ellos se sumarán dos estrellas invitadas procedentes de Madrid (Javier Colis y Ana Béjar). Aprovechamos la ocasión para charlar con Gonzalo Fuster, que, con “3”, el cuarto disco de El Ser Humano, consolida una de las propuestas más sugerentes de nuestra escena.

 

¿Cómo surgió tu romance con la guitarra?

Soy el pequeño de 4 hermanos. Un día uno de ellos trajo a casa una Les Paul (imitación de Gibson) y allí estuve hasta que saqué “Smoke on the Water”. Mis padres vieron mi interés y al cumplir los 10 años me regalaron un curso CCC de guitarra, en el que se incluía el instrumento. Esa fue mi primera guitarra. No recuerdo qué fue de ella, pero sí que en 1992 me compré mi primera (y única) guitarra eléctrica. Me pasé varios años durmiendo con ella, estaba continuamente tocándola, aunque no llegué a ser un gran guitarrista. Realmente el instrumento con el que mejor me siento es el piano, el padre de mi primera novia me enseñó durante 3 años, pero nunca he podido tener ni piano ni constancia.

 

Has tenido una carrera singular: tocaste con Los Tranquilos, Los Vértigos, y ya más tarde con Ontario, pero después aparcaste la guitarra durante 8 años. ¿Por qué decidiste apartarte de la escena durante tanto tiempo?

Fue una necesidad vital en gran parte, supongo que fue por empezar a sentirme feliz. Ontario fue muy intenso y extremo. En aquellos momentos componía por estar mal conmigo mismo y con el mundo. Paradójicamente, ahora recuerdo la época de Ontario como muy bonita. En ocasiones pienso que perdí el tiempo en esos 8 años, pero he descubierto que fue una condición sine qua non para ser el individuo que soy ahora. Sea por lo que fuere, aquí estoy, y eso es parte de mi aprendizaje.

 

Y volviste con unas músicas con tintes menos oscuros y densos que aquellos a los que nos habías habituado con Ontario. A través de Trinidad y El Ser Humano sacaste mucha más luz y enfocaste la música de otra forma ¿Qué había cambiado durante ese tiempo?

Fui consciente de varias cosas importantes, como la felicidad de poder comunicarme con solo una guitarra y la seguridad que tenía en mí mismo para expresar lo que quería. La Morena, mi pareja, no paraba de insistir con que volviera a tocar con Juan Terol y otros amigos. Debía estar insoportable en casa. Retomamos Ontario y formé Trinidad con Javier Marcos, dando salida a una vertiente tan personal como accesible. Poseía energía suficiente como para superar el silencio de 8 años. La Morena, Juan y Javier son los responsables de que volviera a escribir. Habría que preguntarles ahora, igual me piden que pare.

 

En tus letras acostumbras a entrelazar el surrealismo y lo cotidiano, pero recurrir al humor y no caer en el chiste, manteniendo la belleza, exige un equilibrio complicado. Por otra parte demuestras que se puede hacer pop, y tarareable, sin recurrir a los tópicos.

Gracias por apreciar belleza en ellas. Me he visto sorprendido por lo que gente comenta de mis letras. Me siento halagado, soy muy consciente de mis limitaciones líricas. En especial estoy agradecido a Néstor Mir, entre muchas otras cosas versioneó dos de mis primeras canciones y me espetó desde el escenario “¡¿Que no sabes escribir?!”. Fue un gran impulso. Me he dado cuenta que mi forma de escribir le llega a alguna gente y eso siempre es agradable. Claro que se puede hacer pop sin parecer tonto. Hay muchísimos ejemplos mejores que El Ser Humano. Lo más importante es hacerlo autónomamente, sin buscar la aprobación o respuesta de nadie. No busco la tecla que nos haga conectar. Si conectamos bien, en otro caso, no pasa nada y mi canción me sigue pareciendo igual de válida y tus oídos igual de respetables. No necesito ponerme unas Vans o unas Ray-Ban por que no deseo pertenecer a tu tribu. Si nos gustamos no es por las gafas o por las bambas. Suena a perogrullo, pero se ve a diario. Me esfuerzo por buscar lo más satisfactorio para mí. Libertad, humor y búsqueda.

 

Llevas cuatro años con El Ser Humano y cuatro discos con este proyecto, prácticamente uno al año, ¿cómo ves esta andadura?

Invertí 8 años en estar en silencio, ahora dedico mi tiempo a componer y grabar canciones que considere interesantes, sea un disco o tres al año. Lo hago por y para mí, por suerte con compañeros que han puesto mucho de su talento y esfuerzo en ello, como Néstor Mir, Javier Marcos, Dani Cardona, Sarah Vacher (Luscinia Discos) o Dani Odisseu. Cada disco es mejor que el anterior, no es posible demostrar lo contrario (ni tampoco eso mismo, claro). De esto estoy orgulloso.

 

Caminas hacia la madurez musical entre la sencillez y el gusto por experimentar. Parece que siempre andas a la caza de sonidos nuevos.

No me gusto haciendo lo mismo que hace 20 años, estancarme no es una opción. Persigo otros objetivos más personales, puede que incluso onanistas, puesto que la edad te otorga otros valores y perspectivas. Si compongo una melodía y me recuerda fehacientemente a algo la descarto. Es una consciencia de diferenciación, al contrario de la común que es de integración. Si se parece a algo o te recuerda una canción, perfecto, pero no es premeditado ni deseado. Lo hago para mí, así que no me es necesario ponerme lugares comunes para identificarme con nada ni captar ninguna atención. No me puedo, ni quiero, ni me tengo que impresionar a mí mismo. Además, he tenido dos hijos que me han redescubierto la raíz de la razón, el lenguaje de los niños es puro, directo y totalmente libre y fantástico, sin límites. Su mundo no tiene cabos ni lastres, vuelan, experimentan y no temen nuevos planteamientos. Son mi nueva metafísica.

 

Resulta curioso que afirmes que los artistas que más te motivan suelen agruparse en la última parte del abecedario. Zé, Wyatt, Vainica, Walker, Sparks, Wilson, Veloso, The Who, Velvet Underground, Zappa, Serrat, Wilde…

Por supuesto, no es una regla cerrada, quedan fuera otros de mis grandes referentes como Beatles, Motherwell, Descartes o Mishima, por poner cuatro ejemplos.

 

Podemos intuir en tu música ciertos acentos tropicalistas. También has mencionado tu interés por la música melódica italiana, manifestando una sana ausencia de prejuicios.

Me fui liberando de prejuicios con la edad. Y es algo de lo que estoy muy orgulloso, te relaja y te hace ver el mundo de forma distinta. Por otra parte, es absurdo que por prejuicios no puedas disfrutar de Mina o de Ligeti y la música clásica contemporánea. Es la forma más estúpida de perderse grandísimos estímulos. Respecto al tropicalismo, es extremadamente extraño que tantos artistas con esos talentos no sean conocidos en Europa. Es hasta insultante.

 

En este cuarto disco, curiosamente titulado “3”, nos encontramos con un surrealismo en el que la realidad y la fantasía caminan juntas. Un universo lleno de invitados y situaciones poco usuales: desde una estatua de Lévi-Strauss a un conflicto con el mismísimo Elvis, incluso asoma “El cíclope” del pintor Odilon Redon. ¿Cómo surgen estas letras?

Lo que pasa es que “The sky is crying for you, baby, I love you. My life is empty without you, oh” ya estaba cogida y tuve que buscar otras. La mayoría de textos en la música popular son así de simples: “Te quiero o estoy triste porque me dejaste”. Estupendo, pero sobre eso ya hemos escrito todos, si repasas tu obra y ves que llevas con esa temática unas 10 o 20 canciones… ¿No te aburre? No trato de decir que las mías sean mejores, ni mucho menos. Pero al menos no sabes de qué van. Me gusta jugar con la fonética y me sienta bien escribir naturalmente uniendo realidad y sueño. No obstante, para el próximo disco estoy utilizando otro método, menos críptico y más narrativo.

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