El triunvirato de Carlos Pérez de Ziriza UN DISCO, UNA PELÍCULA, UN LIBRO.

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Soy periodista. Me gano la vida escribiendo sobre música popular (fundamentalmente) en unos seis o siete medios escritos. También trabajando en campañas de comunicación ligadas al ámbito cultural. Y colaborando cada miércoles en el programa Territori Sonor en la radio de À Punt Mèdia, el ente autonómico valenciano. He escrito siete libros. El más reciente de ellos es No olvides las canciones que te salvaron la vida (Efe Eme, 2019), y lo presentaré el 28 de marzo en la Fnac de Valencia. Posiblemente sea el que más ilusión me ha hecho ver publicado. Y en el que más he puesto de mí. El próximo, ya terminado, será un recorrido histórico y geográfico por la música disco, y verá la luz rondando el verano.

Carlos-Pérez-de-Ziriza-Estudio-María-Carbonell-(23-de-1) Foto: María Carbonell

 

SUGAR  COPPER BLUE (1992)

Posiblemente lo haya elegido porque el contagioso nuevo álbum de Bob Mould me ha hecho rescatar otra vez casi toda su discografía de forma compulsiva. El caso es que este disco, aparte de ser inagotable, marcó una cota de justicia poética. En pleno furor del llamado rock alternativo yanqui de los noventa, se le reconocían por fin los méritos acumulados al frente de los seminales Hüsker Dü. Y además demostraba la plena vigencia de su lenguaje. Sin él, no nos hubiéramos pasado años hablando de los Pixies, Nirvana o Foo Fighters. Diez canciones que, al igual que las de Beaster (1993), aún me hacen hervir la sangre.

MICHAEL WINTERBOTTOM WONDERLAND (1999)

El director británico tiene la virtud de tocar muchos registros, y hacerlo casi siempre bien. Pero creo que esta película sublima su arte. Un relato coral que eleva lo aparentemente cotidiano a un nivel de belleza impresionante. En la mejor tradición del neorrealismo inglés, pero adaptándolo a las claves de la Gran Bretaña de fin de siglo, la del bajón de la resaca brit pop. 108 minutos para reír y llorar, con la preciosa banda sonora de Michael Nyman realzando su poderío emocional.

FRANCESC DE P. BURGUERA ÉS MÉS SENZILL ENCARA: DIGUEU-LI ESPANYA (1991) 

Leí este ensayo cuando acababa de ganar el Premi Octubre de 1990. Yo tendría 17 años. Y me sirvió para entender por qué el territorio donde vivo, que tantos problemas tuvo – y algunos jetas se empeñan aún en que siga teniendo – para aclararse sobre la naturaleza de su nombre, su bandera y su idioma, es tan rematadamente peculiar. Burguera fue un analista muy lúcido. Y uno de los pocos que se empeñó en la bendita quimera de que en Valencia prosperase un centro derecha liberal que no jugase a enfangar permanentemente con las señas de identidad.

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