El triunvirato de Julio Fuertes Tarín UN DISCO, UNA PELÍCULA, UN LIBRO.

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Soy Julio Fuertes Tarín, un ser heterótrofo nacido en Cheste (València) en el año mil novecientos ochenta y nueve de Nuestro Señor. Desde que me decanté por las letras puras (¡ese mítico momento preuniversitario de construcción de la identidad!) mi cerebro ha ido nutriéndose fundamentalmente de las muy variadas disciplinas artísticas, que es precisamente de lo que no se ha nutrido mi cuenta bancaria. No he conseguido domiciliar todavía una hipoteca, pero quiero creer que hago y deshago más o menos a placer y que todavía esquivo al diablo emplumado de la Seriedad y la Productividad.

triunvirato

Soy cuidador de los sintes y las bajas frecuencias en Johnny B. Zero, canto y toco la guitarra en la formación de base de las jams de los Martez en Cruz del Sur, traduzco alguna novela, escribo alguna otra (“Fábula de Isidoro”, Jekyll&Jill 2016) y desarrollo webs cuando se arremolinan ante mi puerta los cobradores del frac o la ansiedad del siglo XXI capitalista. El proyecto estético al que le he dedicado los últimos años y el motivo por el que estoy aquí es esa loca aventura llamada Johnny B. Zero, que (SPOILER ALERT) tiene muchas alegrías aún que darnos. Para mí es un absoluto orgullo estar en una banda tan exigente, con unos músicos tan inspiradores, y cruzando ideas con ese bombardero de la percepción y la ejecución artísticas que es Juanma Pastor. El sábado 26 de enero tocaremos en Rambleta junto a Disco Las Palmeras!

STEVIE WONDER INNERVISIONS 1973

Mi relación con este disco (y toda la discografía de Stevie Wonder) también se la debo a Juanma. Mi instrumento ha sido siempre la guitarra, pero en Johnny B. Zero siempre hay momentos de adaptación o muerte. A mí, como no me gusta morirme, elegí lo primero y empecé a tocar un teclado pequeño. El libro de los sintes en la música popular tiene en sus primeras páginas este disco de Stevie Wonder, del cual intenté robar todo tipo de recursos, políticas e intenciones. Las mezclas son de un arrojo que necesariamente tiene que empujar a los que venimos después a aproximar decisiones tan arriesgadas e inteligentes. Desde el primer tema, ‘Too high': ese panning del ride en toda la cara, el solo con dos armónicas a la vez… La carga política y la función social del disco me interesan mucho en la medida en que se alejan del cinismo y el blindaje pseudoacadémico que veo mucho en nuestro tiempo. Las letras son ingenuas pero honestas y populares, lo ideológico aparece tanto en el texto como en la ejecución y en la intención de los músicos, otro rasgo muy desaparecido de nuestro tiempo, donde basta con poner la consigna oportuna para que todos estamos ya muy satisfechos.

JOHN CARPENTER THEY LIVE! 1988

Podría decir medio millón de movidas acerca de esto, y probablemente me gusta más ‘The Thing’, pero intentaré ser breve. Siento un cariño inmediato por los artefactos artísticos con muchísima carga simbólica y política pero que han nacido con una clarísima vocación popular. Esto conecta de manera muy potente con ese mantra que es “Dios del rock, dame poder para flipar a la peña”. Si por algún tipo de aberración estadística alguien no la ha visto y llega a ella a través de esta entrevista, mi vida habrá tenido sentido. Bueno, bueno, esa pelea sin sentido que dura dos horas habrá tenido a más de un enteradillo diciendo “vaya fallo de guión”, ¿no? No se puede ser más punk. Viva John Carpenter para siempre.

CAMILO JOSÉ CELA MAZURCA PARA DOS MUERTOS 1983

Una idea no es una novela, a pesar de que todo el mundo tenga una idea para una novela. El estatus de “literario” se lo juega un texto, diría yo, palabra a palabra y párrafo a párrafo. Si tuviera que ponerle un ‘blurb’ de comercial miserable a este libro, diría que es la única novela sobre la guerra civil española que vale la pena leer, porque ni siquiera cabe decir que es una novela sobre la guerra civil. Cela es uno de los últimos prosistas, con Umbral, que continua la línea de lenguaje castellano (digo castellano en un sentido casi geográfico), lenguaje que es probablemente la única identidad en la que me reconozco. Menudas merendolas con esas estructuras bimembres de Diego de San Pedro: “[…] nunca quedo sin castigo, porque si con rudeza yerro con vergüenza pago”. Al margen del estilo de Cela (que para mí vale ya un Nobel), el cariño con que trata a todos los personajes en su escritura reivindica en última instancia lo único que quiero decir desde que he empezado: todos somos vibraciones de la mente del único Dios verdadero, cuyo nombre es Amor. Y quien piense que no, que le jodan. ¡Vale!

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