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El triunvirato de Raúl Tamarit

por | 24 junio 2018 | Música

Mi nombre es Raúl Tamarit, cantante y compositor en Los Radiadores, y mi principal misión en la vida es no hacer nada. Obviamente veo ese momento bastante lejos, es más, ni siquiera lo veo. El caso es que tras colgarme una guitarra en Una Sonrisa Terrible, finalmente decidí crear mi propia banda, Los Radiadores. Echando mano de algunos amigos empezamos a darle forma a algunas canciones que iba haciendo y así en 2011 salió el primer epé “Bienvenido”. Tras esta primera incursión en el mundo discográfico llegaron “Manual de supervivencia” y “Gasolina, santos y calaveras”, prácticamente seguidos, en 2013 y 2014 respectivamente. En 2017 publicamos “Los perros ladraron”, nuestro último disco hasta la fecha.

TAMARIT-BEAT Foto: Carlos Laullón. Foto de cabecera: María Carbonell

 

No pretendemos sentar cátedra, ni epatar en esto del rock´n´roll, es mucho más simple: poder hacer lo que nos gusta manteniendo la personalidad característica de cada uno de nosotros. No estamos vinculados a ninguna escena concreta, ya que lo que más nos gusta es la música por encima de estilos. Y así damos rienda suelta a todo lo que hemos ido acumulando en nuestros años de escucha activa. Desde el punk, pasando por el rock´n´roll clásico, el surf, la new wave, el pub-rock o el post-punk. Lo que más nos gusta es picotear de todo, sobre todo entre horas, y meterlo en nuestra batidora. A la vuelta del verano tenemos previsto editar un epé con cuatro nuevas canciones, entre ellas una versión de “Police on my back”, original de los Equals y que grabaron The Clash en su disco Sandinista.

 

RAMONES ROCKET TO RUSSIA (1977)

Voy a ser muy obvio. Lejos de bucear en las estanterías de los discos para encontrar el álbum más raruzo que tengo, voy a hablar del tercer disco de los Ramones. Que además, últimamente lo he rescatado debido a la reedición que me pillé con motivo del cuarenta aniversario de su edición. En la reedición además del disco original remasterizado, hay mezclas alternativas, maquetas, directos, etc… Cuando saqué el disco de la funda y lo puse en el plato me dio el mismo subidón que la primera vez que lo escuché, a todo eso con el añadido de la masterización. A día de hoy pocos discos suenan tan directos, sin dramatismos, con el aspecto lúdico que tiene en sí la música. Y es que ante todo la música debe ser diversión, y no un valle de lágrimas y penas. Para eso ya tenemos el día a día. Volviendo a los Ramones, siempre los he tenido muy cerca, y siempre recurro a ellos en momentos de bajón existencial.

“Rocket to Russia” mantiene esas constantes para pasar un momento agradable y evadirte durante media hora de los quehaceres cotidianos. Desde que arranca con “Cretin Hop”, podemos escuchar a una banda cohesionada, en busca de hit pop que les llevara a la cima, pero no, se quedaron en eso, en una banda con una actitud inquebrantable masticando melodías pop sobre una base arrolladora: “Rockaway Beach”, “Shenna is a Punk Rocker”, “Here today, gone tomorrow”, “Locket Love”, “Ramona” dan buena fe de ello, además de los covers “Do you wanna dance? (Bobby Freeman) o Surfin´ bird (The Trashmen). Lejos de la sensación que hoy en día puedan dar, con infinidad de camisetas, bandas tributo por doquier, para niños, para adultos, etc… Los Ramones eran unos inadaptados, unos marginados, completamente ajenos al star system, pero con un convencimiento absoluto de que lo que hacían era el camino que debían de seguir. “Rocket to Russia” completa la primera trilogía de los de Nueva York, alcanzando el cenit de su sonido y dejándolo en las cotas más altas del punk-rock. En general me gusta bastante toda su discografía, pero hoy por hoy me quedo con este, tal vez porque como comentaba lo tengo muy reciente, y después de tantos años no me canso del muro de guitarras, de la atractiva voz de Joey, y de esas melodías refrescantes herederas en ocasiones del mejor surf.

DÍAS DE VINO Y ROSAS BLAKE EDWARDS (1962)

Un retrato crudo de la peligrosidad de ciertos placeres y sus adicciones. Casi como un juego que te va atrapando hasta dejar tan solo una sombra de lo que alguna vez llegaste a ser y siempre con una excusa exculpatoria de un inconsciente viaje al fondo. De cómo puedes llegar a arrastrar a todo aquel que tengas cerca: amigos, familiares, hijos, o en este caso concreto a tu propia pareja. La película retrata con cierto desasosiego todas las fases del alcoholismo. Desde la justificación, la alegría, la mentira, el engaño, la voluntad simulada, la asimilación del problema y la recaída. El personaje principal, Joe Clay (Jack Lemmon), intenta luchar contra su adicción en una trama en la que va arrastrando poco a poco a su gran amor Kirsten Arnesen Clay (Lee Remick), abstemia en un principio, pero con cierta predisposición (como se deja entrever por su gran afición al chocolate), y dejándonos al final un sabor más agrio que dulce. Una película realmente estremecedora.

FRANKENSTEIN; O, EL MODERNO PROMETEO MARY W. SHELLEY (1818)

He vuelto a caer en las garras de este sugerente personaje de Mary Shelley, Frankestein. Hace muy poco tuve que comprar una edición nueva, ya que en la que tenía, por una extraña razón, las letras habían menguado, y tuve que recurrir a una edición con unas letras más grandes. Una vez más un inadaptado. En este caso a consecuencia de unos experimentos de un doctor sediento de investigar dónde se encuentra el límite entre la vida y la muerte y el conocimiento del alma. Y de una sociedad que no admite que alguien pueda volver de la muerte, una negación en toda regla a la evolución y la investigación. Si bien se trata de un experimento y sus consecuencias, el tratamiento de Shelley sobre la acogida de un tenebroso personaje, triste, consciente de que ese no es su mundo, que incluso su creador lo detestaba y con la suficiente consciencia de que es odiado y repudiado, hace que sea todavía más entrañable y enigmático, a pesar de ganarse calificativos como engendro, demoníaco o monstruo. Ahora precisamente se cumplen 200 años de esta obra capital de la ciencia ficción, escrita prácticamente por azar por Shelley tras pasar un verano en casa del poeta Lord Byron.

Frankenstein.1831

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