Eres tú

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El conocimiento más liberador que he interiorizado gracias al feminismo es algo muy simple en realidad, tan sencillo que me parece raro haber tardado tanto en comprenderlo. Ahí va el aprendizaje: tú no me tratas mal por lo que yo soy, tú me tratas mal por lo que tú eres. Una cosa es entender esto intelectualmente y otra muy distinta es ser capaz de sentirlo como algo cierto. No sé si me explico…

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Aunque parezca obvio que cada cual se representa a sí mismo por medio de sus acciones, este razonamiento simple y poderoso se vuelve confuso si desde pequeña te enseñan (de muchas formas y desde diferentes lugares), a sentirte culpable del mal trato recibido. “Algo habrá hecho ella para que él la trate mal”. Ese ha sido el circuito de pensamiento más común hasta el momento.

Durante siglos se redujo a las mujeres a ser un complemento del varón, una alteridad, “lo otro” y se nos ha quedado enquistado un sentimiento de culpa extremo que sirve a los hombres como excusa para eludir la responsabilidad de sus actos.

Es fácil que una mujer se sienta responsable de las acciones y reacciones del hombre. Nos educaron como cachorras que necesitan gustar al amo y que se sienten atemorizadas y tristes cuando él se enfada y las reprende.

Pero estamos cambiando. Ahora surge un nuevo entendimiento. Hemos crecido. No somos cachorras inexpertas que mueven el rabo aunque el amo las trate mal. Resulta que somos lobas y no tenemos dueño.

Ahora sabemos que el hecho de que haya hombres que nos desprecian no significa que nosotras seamos despreciables, sino más bien al revés.
Por eso vibra con fuerza dentro de muchas de nosotras el mensaje de Las Tesis: “El violador eres tú”. Ese canto, ya convertido en himno feminista, pone las cosas en su sitio. No me violas por mi comportamiento. No me violas por NADA que tenga que ver conmigo. Me violas porque eres un violador. No hay más.

Eres lo que haces. Bajo este prisma, cuando alguien te trata como a una inferior, tú sabes que solo se está expresando a sí mismo. ¿Te odia, te trata mal? Eso no está relacionado con ninguna característica tuya. Te trata mal porque es un maltratador. Te odia porque es un misógino.

Nosotras también tenemos que asumir la responsabilidad sobre nuestro comportamiento, por supuesto. Si de él hablan sus acciones, de ti lo hacen las tuyas. Y por eso es doble el orgullo que siento al ver a tantas mujeres feministas transformando el desprecio que reciben a diario en acciones contundentes, clarificadoras y pacíficas como esa coreografía que está dando la vuelta al mundo.

Lo pienso y se me ponen los pelos de la cabeza de punta, tía. Somos lo que hacemos. Y nosotras lo estamos haciendo muy bien.