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Francisco Coll, jardines que se bifurcan

por | 8 mayo 2019 | Conciertos, Entrevistas

Pese a su juventud Francisco Coll (Valencia, 1985) es ya uno de los compositores clásicos más interesantes de la actualidad. Tras estudiar en los conservatorios de Valencia y Madrid, se mudó a Londres donde fue alumno del aplaudido músico británico Thomas Adès. Ha ganado multitud de concursos nacionales e internacionales y su música ha sido reclamada por las mejores orquestas y conjuntos musicales de Europa y América en una carrera vertiginosa que le ha conducido a ser uno de los creadores más programados de su generación. Actualmente está vinculado al Palau de la Música de Valencia en un proyecto que dará visibilidad a la obra de jóvenes autores valencianos. El 10 de mayo la Orquesta de Valencia bajo la dirección de su titular, Ramón Tebar, interpretarán su obertura orquestal «Hidd’n Blue». Hablamos con este músico residente en Lucerna, que, en lugar de romper con la tradición musical, trata de tensar sus límites.

 PORTADA-MAYO-2019-COLL Foto: Laura Silleras ©

 

¿Cómo fue tu primer contacto con la música clásica?

Hasta donde yo sé no existen antecedentes musicales en mi familia. Mi madre, enfermera de profesión, había oído que ponerle música clásica a los niños podía ser beneficioso para su desarrollo, así que compró una colección de música clásica que incluía cinco tomos enciclopédicos y cincuenta CDs. Todos los días, por orden cronológico, me ponía un CD en casa. Desde Scarlatti hasta Stravinsky, pasando por Bach, Mozart, Beethoven, Chopin, Debussy o Prokofiev. De ese modo, cuando empecé a estudiar solfeo y piano a los 9 años, ya había tenido contacto con los diferentes periodos de la historia de la música. Al menos desde un punto de vista puramente auditivo. Años después, devoré los cinco tomos enciclopédicos, que recuerdo que me fascinaban, y me despertaron la curiosidad por otros campos extramusicales, como por ejemplo la filosofía, que es algo que me apasiona.

Comenzaste a estudiar trombón y composición en Valencia. ¿Por qué decidiste completar tus estudios en Madrid y Londres?
En realidad mi paso por el Conservatorio Superior de Valencia fue breve. Tras finalizar el primer curso decidí abandonar mis estudios oficiales de composición. Fueron varias las razones que me llevaron a hacerlo. Paradójicamente el principal problema es que estudiar en el conservatorio me quitaba mucho tiempo para desarrollarme como compositor. El conservatorio me parecía una fábrica de futuros profesores de conservatorio. Y en ese momento mis ilusiones eran otras. Quería ser compositor. Evidentemente tenía 20 años y una visión muy romántica de la creación musical. Por desgracia en Valencia solo pude ver por una parte un ambiente académico asfixiante y por otra una falsa vanguardia- falsa por obsoleta-; por lo tanto no pude encontrar el camino ni los referentes que necesitaba para crecer como artista. En el Conservatorio Real de Madrid cambiaron algo las cosas. Solamente estuve un año, en el que pude finalizar mis estudios de trombón en un ambiente más tolerante. Aunque la mayor parte del tiempo lo dedicaba a visitar el museo del Prado y el Museo Reina Sofía.

¿Cuándo descubriste que querías dedicarte a fondo a la composición? ¿Qué supone para ti dedicarte a la creación musical?
Al igual que la mayoría de los niños sueñan en convertirse en futbolistas profesionales, yo siempre tuve claro que me dedicaría a la creación. Sin embargo, desde que era niño hasta mi última adolescencia tenía la duda de si me dedicaría a la música o a la pintura. Me apasionaban ambas disciplinas, de hecho de adolescente pasaba mucho más tiempo pintando que componiendo. Al final, supongo que por un capricho del destino, mis primeros intentos compositivos empezaron a llamar la atención de personalidades importantes dentro del mundo de la música a nivel internacional. Eso hizo que me centrara en la composición. Aunque nunca he dejado de pintar.

El compositor británico Thomas Adès ha sido una influencia clave para ti. ¿Cómo llegaste a ser su alumno? ¿Hasta qué punto ha marcado tu experiencia creativa?
Cuando descubrí su música, estuve varios días en permanente excitación mental. Su obra contenía una inteligencia musical que no había encontrado todavía en ningún otro compositor vivo, y además de ser totalmente original, era de lo más comunicativa. Adès no intenta evitar los problemas tradicionales que la composición ha desarrollado o planteado históricamente. Se enfrenta a ellos con seguridad y los resuelve de una manera virtuosa y atractiva. Haciendo que su música contenga una gran carga emocional. Esto evidentemente crea mucha confusión en los círculos de las academias vanguardistas, que solo parecen ser capaces de hacer un análisis puramente superficial. En cuanto observas su música bajo el microscopio, enseguida te percatas de la gran complejidad que esconde su obra.
Tuve la gran suerte de que, tras escuchar mi opus 1 «Aqua Cinerea» (2005), me invitara a ir a Londres para estudiar en privado con él. Yo en un principio creía que daba clases en su casa de forma privada a alumnos seleccionados. No fue hasta que llegué a Londres cuando me percaté de que era su único alumno. Fueron cuatro años maravillosos, en los cuales pude finalmente centrarme en la composición y empezar a desarrollar mi imaginación sonora en uno de los lugares más excitantes del planeta. Enseguida llegaron las oportunidades. Thomas Adès me mostró el camino que tanto había echado en falta en España.

A Thomas Adès se le deben óperas tan notables como ‘La tempestad’ o ‘El ángel exterminador’. En 2014 estrenaste en la Royal Opera House de Londres (también conocida como Covent Garden) la ópera «Café Kafka», que cuenta con un libreto de Meredith Oakes. ¿Qué te aportó adentrarte en el mundo de la ópera?
Cuando en el Festival de Aldeburgh, junto a la Royal Opera House y la Opera North de Leeds, me preguntaron si estaba interesado en escribir una ópera de cámara, mi reacción fue pensar que no era un mundo que conociera muy bien, pero que sería interesante explorarlo. Nunca imaginé que esa experiencia iba a cambiar mi manera de entender y afrontar la creación musical. Escribir «Café Kafka» fue una gran experiencia. Me abrió un campo nuevo de posibilidades y mis obras instrumentales posteriores se beneficiaron enormemente de ello.
El estreno de Café Kafka en el Covent Garden tuvo una muy buena recepción. La crítica británica fue realmente generosa y el Palau de les Arts desde el principio mostró interés en hacer una nueva producción en Valencia. Poder presentar mi ópera en casa fue una gran alegría, además la producción que hicieron fue excelente.

«Café Kafka» critica una cultura del espectáculo que hoy lo impregna todo, contagiando el arte o la política con resultados inquietantes. ¿Crees que la inestabilidad de nuestro tiempo se debe en parte a la devaluación de los referentes?
Esta pregunta es algo compleja, y requeriría de una amplia respuesta. Voy a intentar resumir mi punto de vista al respecto conectándolo directamente con mi propia ópera e intentado evitar citar a una gran lista de autores que desde Guy Debord a Gilles Lipovetsky han tratado de manera profunda el tema. «Café Kafka» se desarrolla en un mundo distópico. Durante la ópera de algún modo se van mostrando los defectos de una sociedad consumida y condenada a la soledad del individualismo. La soledad es el tema principal de «Café Kafka». Tal vez hablar de la inestabilidad de nuestro tiempo sería hablar de un eterno presente, ya que la inestabilidad parece ser parte inseparable de la condición humana. En otras palabras, la ficción que Franz Kafka escribió, de algún modo se ha convertido en nuestra propia realidad actual. Mi intención al escribir «Café Kafka» era crear un espejo grotesco en el cual pudiéramos reconocernos.

Actualmente eres el primer compositor residente en el Palau de la Música de Valencia. Auspiciado por el Palau trabajarás con seis jóvenes compositores valencianos. Estos jóvenes creadores tendrán una visibilidad que normalmente resulta difícil alcanzar en este ámbito. ¿Qué te parecen este tipo de iniciativas?
Me conmueve la enorme generosidad de la Orquesta de Valencia. Haber creado el cargo de compositor residente después de tantos años de historia para ofrecérmelo a mí es algo emocionante. De hecho lo más importante ha sido haber provocado de manera involuntaria este cargo, ya que muchos otros compositores podrán beneficiarse de ello en el futuro cuando mi periodo de compositor residente finalice. Además Ramón Tebar, director de la Orquesta de Valencia, me preguntó sobre la posibilidad de hacer un curso de composición como parte del proyecto. Sugerí tener como modelo un par de cursos que había realizado como alumno durante el primer año que estuve en Londres. El formato me parecía mucho más interesante para los alumnos, que tendrían la oportunidad de escuchar sus obras interpretadas por una orquesta profesional. Algo que yo no tuve en mi época de estudios en Valencia y que eché mucho en falta.

El público valenciano pudo descubrir el 1 de febrero «Mural», una composición en la que dialogas con las formas del pasado. Tal vez, erróneamente, mucha gente sigue relacionando la música contemporánea con la ruptura con el legado musical. Sin embargo, parece que tu música más que buscar romper la tradición trata de explorar sus límites, tensarlos. ¿Es así?
Exacto. Y si lo hago así no es por un acto de irreverencia ni de comodidad. Simplemente necesito que el acto de escribir música sea un reto a nivel personal. Al principio, a comienzos de mi veintena, mi música tenía un fondo más abstracto, posiblemente en este caso fuera por cierta comodidad. Sin embargo llegó un momento en el que esa manera de componer no me suponía ningún reto, además tenía la sensación de que en realidad se trataba de un callejón sin salida. Fue entonces cuando empecé a incorporar aspectos tradicionales de la composición y casi por accidente afloró lo que a día de hoy la gente reconoce como mi música. Sin embargo, aunque mi obra pueda resultar actualmente más concreta, esta todavía mantiene muchos aspectos abstractos. Sencillamente utilizo el material que creo necesitar en cada momento. No tengo prejuicios en ese sentido. Lo importante para mí es evitar la zona de confort. Me identifico mucho con aquello que dijo Borges de «soy un anarquista conservador».

El mes pasado Christian Karlsen y Jacob Kellermann junto al Harmonie Ensemble estrenaron en España tu concierto para guitarra «Turia» en el Auditorio de Llíria y en el Palau de les Arts de Valencia. Este concierto en el que incorporas a tu imaginario sonoro elementos propios del flamenco, es también una evocación del Turia, ese río tan singular lleno de jardines, gente e, incluso, un teatro de ópera. ¿Te gusta jugar con elementos contrapuestos en tu música?
La unión de contrarios es una constante en mi obra. Mientras escribía «Piedras» me percaté de que estaba superponiendo varias capas de diferente naturaleza, algunas de estas capas eran aspectos más familiares o concretos, y otros eran aspectos que podían resultar más abstractos. Me interesé en ahondar un poco más en este concepto y acabé percatándome de que al introducir aspectos familiares de diferente naturaleza el resultado era todavía más chocante. Se podría hacer un paralelismo con lo que hizo Salvador Dalí, al pintar elefantes con patas de mosquitos. El resultado es como mínimo peculiar. Siempre he tenido además cierta facilidad a la hora de elaborar una asociación de ideas contrastantes.

Dices que con tu música intentas explicar cosas sobre el tiempo que vivimos. ¿Qué impresiones sobre la sociedad tratas de traducir de forma estética?
Parece que hoy en día solamente los extremos importan. Los extremos sonoros es un aspecto evidente cuando alguien escucha mi obra. Lo experimenté por primera vez en 2009, cuando escribí «Hidd’n Blue». También me interesa especialmente la narrativa musical acelerada que se consigue en ocasiones en los que la unión de contrarios provoca esa sensación de celeridad y dilación constante. Algo muy parecido a lo que experimentamos cuando estamos en un avión. Por otra parte también suelo incluir citas que de algún modo dotan de significado un momento puntual de la obra. Por ejemplo en el cuarto movimiento de «Mural» escribí una referencia a «This is the New Shit» de Marilyn Manson. En mi obra aparece tanto lo que admiro como lo que rechazo.

El actor Stephen Fry patrocinó tu obra coral «Stella». ¿Cómo surgió esta alianza?
Stephen Fry escuchó un ensayo del coro londinense ORA en el que estaban preparando, entre otras, el estreno de mi pieza para coro a capella «Stella». Cuando finalizó el ensayo se acercó al gerente del coro para expresarle su deseo de encargar mi pieza.

La Orquesta de Valencia y su director titular, Ramón Tebar, interpretarán el 10 de mayo «Hidd´n Blue». La obra es de 2009. Durante este tiempo has trabajado con algunas de las orquestas e intérpretes más prestigiosos del mundo y has ganado multitud de premios. ¿Cómo ves tu evolución a lo largo de este tiempo?
Evidentemente no me quejo. No ha sido un camino fácil, pero al echar la vista atrás y recordar la última década brotan una gran cantidad de recuerdos y experiencias maravillosas. He tenido la inmensa suerte de haber llamado la atención a personas muy respetadas dentro del mundo de la música. Y eso ha hecho posible que a día de hoy me dedique a componer.

La lista de personalidades con la que has trabajado da vértigo: los compositores Thomas Adès y Magnus Lindberg, el director Simon Rattle, el director valenciano Gustavo Gimeno, la violinista Patricia Kopatchinskaja o la chelista Sol Gabetta. Estas últimas estrenarán tu Double Concerto «Les Plaisirs Illuminés» el próximo mes de junio en una gira en la que dirigirás el estreno junto a la Camerata Bern. ¿Cómo compaginas la dirección con la composición?
Efectivamente debutaré como director en el estreno de mi «Double Concerto» en una gira por Suiza y Alemania. Este encargo es parte de mi residencia con la Camerata Bern. Personalmente se trata de un proyecto muy ilusionante. Siempre había tenido la intención de empezar a dirigir, pero no sabía realmente cómo comenzar. Tal y como suelen suceder estas cosas, casi por accidente me he visto envuelto en este proyecto. Camarera Bern y Patricia Kopatchinskaja decidieron que dirigiera el estreno dada la complejidad de la obra. Tras la gira realizaremos una grabación para el sello discográfico Alpha.

Como ya hemos comentado, has recibido multitud de premios. Recientemente fuiste galardonado en la categoría de composición de los Premios internacionales de música clásica, uno de los más relevantes de este entorno. ¿Qué implican para ti estos reconocimientos?
En primer lugar me demuestra que mi trabajo no es del todo invisible, y que hay gente dispuesta a profundizar en él y valorarlo. Fue una grata sorpresa recibir este premio, ya que desconocía incluso que estaba nominado. De todos modos los premios son algo anecdótico dentro de mi actividad como compositor. Obviamente no compongo con la finalidad de ser premiado. Desde el punto de vista social resulta estimulante e incluso, dependiendo de la importancia del premio, podría convertirse en algo relevante y provocar reacciones positivas como nuevos encargos importantes. Pero, como digo, se trata de algo ajeno a mi actividad creativa y por lo tanto procuro valorarlo en su justa medida.

En ocasiones parece que el arte contemporáneo solamente salta a los titulares si se le vincula al escándalo o a algún suceso llamativo. ¿Por qué crees que sucede esto?
Bueno, ciertamente no creo que se trate de algo exclusivo del arte contemporáneo. El morbo que pueda provocar un escándalo en cualquier ámbito, es precisamente el opio mediático que nuestra sociedad actual parece consumir constantemente. Es algo que siempre ha estado presente en nuestra civilización. Pero tal vez actualmente lo sensacionalista está contaminando todos los ámbitos de nuestra sociedad. Simplemente hay que intentar ver si hay algo interesante detrás de todo ese ruido.

¿Piensas que en ciertos ámbitos se ve con hostilidad la creación musical contemporánea? ¿Cómo te enfrentas a los juicios sobre tu obra?
De niño, lo que me estimuló enormemente a empezar a escribir mis primeros intentos compositivos fue que me daba la oportunidad de escribir exactamente la música que quería escuchar. Esto es algo que me ha acompañado hasta día de hoy. Dicho esto, para mí es una obviedad que hayan personas a las que no les guste mi trabajo, ya que entre otras cosas, no escribí esa música pensando en ellos. Lo emocionante es que hayan algunas otras personas que sí que puedan encontrar algo de interés en mi obra, y eso también resulta evidentemente muy alentador.

Tienes una agenda muy agitada. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
El día diez de este mes la Orquesta de Valencia bajo la dirección de su titular Ramón Tebar, interpretarán mi obertura orquestal «Hidd’n Blue». El mismo día a la misma hora, se celebrará en Lucerna la Gala de entrega de los Premios ICMA. A finales de mes el MDR Rundfunkchor interpretará «Stella» en Leipzig. En junio, a parte de la gira en la que dirigiré el estreno de mi «Double Concerto» con Camerata Bern, Patricia Kopatchinskaja también interpretará varias de mis obras de cámara en Berna. Incluyendo mis «Hyperludes», «Cantos», «Rizoma» y el estreno de «LalulaLied». En julio empezaré la grabación de un CD monográfico con Gustavo Gimeno y la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo en el cual aparecerán varias de mis obras orquestales. Sin duda un proyecto muy ilusionante. En agosto procuraré pasar el mayor tiempo posible en casa con mi familia ya que la próxima temporada se presenta, efectivamente, agitada.

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