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Françoiz Breut, la espuma de los días

por | 16 abril 2017 | Cultura pop

Cherburgo es una ciudad sombría incluso bajo el sol. Su principal atracción es la estación de servicio en la que Catherine Deneuve vivió en 1964 uno de los finales más devastadores destinados a un musical en tecnicolor. Pero al recuerdo de “Los paraguas de Cherburgo”, el centelleante film de Jacques Demy, se suma el encanto fuertemente evocador de una costa de calas escarpadas, llenas de vegetación y caminos ondulantes, donde trotaron Boris Vian y el escritor Jacques Prévert. En este lienzo, entre el verde y gris, vivió Françoiz Breut hasta que su relación con Dominique A, uno de los músicos más sugerentes del panorama francés, motivó que se trasladara a Nantes.

BREUT-VALENCIA

A la sombra del conocido cantante, su voz temblorosa y tímida fue cobrando protagonismo; finalmente, se invirtieron los papeles: en 1997 un disco homónimo con canciones que Dominique A había compuesto expresamente para ella supuso su prometedora presentación en sociedad. Su característica elegancia hizo que inmediatamente se la comparara con Françoise Hardy o Marie Laforêt -dos de las presencias más cautivadoras y evanescentes del yeyé francés-. Un primer paso que fue simplemente un esbozo del alcance de las posteriores propuestas de Breut.

Junto a Dominique, Yann Tiersen y Fabrice Dumont trabajaron para izar las velas de “Vingt à trente mille jours” (2000), que contó además con la colaboración vocal de Joey Burns (Calexico), lo que daría lugar a fértiles alianzas futuras. Un tono nuevo, como de carne rosada e incitante, contradijo el proverbial retraimiento de Breut en “L´origine du monde”; mientras que una bruma soñadora e inquietante recubrió “La chanson d´Hélène”, un conmovedor melodrama musical que cantó Romy Schneider secundada por Michel Piccoli en la película “Las cosas de la vida” (Claude Sauset, 1970). Piezas de un mosaico repleto de matices que la llevó a ser incluida dentro de la nueva chanson, una cofradía en la que se agrupaba a artistas franceses como Benjamin Biolay, Tiersen, Charlotte Gainsbourg, Philipe Katerine o el propio Dominique A. Músicos que hacían suya la herencia de cantantes clásicos francófonos (Barbara, Jacques Brel, Arletty o Brassens), reconociéndose también en la chanson pop que perfeccionaron Serge Gainsbourg o Hardy, pero renovándola, aplicando una transfusión revitalizadora del pop rock alternativo más actual.

Emancipada de la tutela de Dominique A, Breut, desde hace años afincada en Bruselas, recorre un camino atípico, al margen de las modas que sacuden la escena francesa. Sus melodías, tan primorosas como las que Michel Legrand compuso para los musicales policromados de Demy, surcan ahora atmósferas cinematográficas, próximas a Sufjan Stevens o Andrew Bird. El entorno ideal para una voz que parece preservar una delicadeza propia de otra época.

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