Fru Katinka, fruta del árbol prohibido WAH WAH CLUB. VIERNES 21 DE DICIEMBRE

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La incorporación de Álex Vidal (Alien Tango) a Meridian Response, donde Marta Domingo (Odd Cherry Pie) era vocalista, fue la semilla de algo nuevo: Fru Katinka. El suyo es un proyecto diferente. Será porque no tienen problemas al injertar influencias tan dispares como Bad Gyal y Björk, o en lanzar una versión libérrima de una canción de Cecilia. Sus composiciones son muy urbanas pero también frescas y frutales: organismos jugosos que caen en todo tipo de tentaciones sonoras, a medio camino entre el pop, el hip hop y la electrónica. El 21 de diciembre, en la sala Wah Wah, tomarán el escenario junto al dúo de electrónica italo-español Delaporte. Marta y Álex hablan con nosotros y nos incitan a tirar abajo los prejuicios que subyacen todavía a la hora de juzgar los diferentes tipos de música.

PROMO-FRU-KATINKA-1Foto: Eva Rausell

La vuestra es una propuesta que rompe con lo que solemos encontrar en València. El nombre que habéis elegido parece ya una declaración de intenciones.
Sí, nuestro nombre llegó a mí (Marta) porque una compañera del mundo musical (Sandra Rapulp de Salfvman) me envió una imagen por whatsapp de un cuadro que había encontrado en un museo de Noruega en el que estaba retratada una mujer que se parecía a mí. Me monté la película de que había sido mi antepasada noruega, lo que explicaría mi fascinación por los países nórdicos. El título de ese cuadro de Hans Heyerdahl era “Fru Kathinka Nyhuus” y lo tomé como una señal de que mi futuro proyecto se iba a llamar así.

Da la impresión de que musicalmente sois esponjas, y se nota que no bebéis siempre del mismo sitio. Supongo que el inmenso escaparate que supone Internet hace que nos relacionemos con la música de forma distinta. Quizá es más fácil que los jóvenes consuman músicas que parecerían irreconciliables para gente que formó sus gustos escuchando siempre el mismo género.
Nos sentimos afortunados de vivir en una época en la que existe tanta efervescencia y oferta musical. Internet es una ventana al mundo y nos encanta poder aprovecharnos de su potencial: seguir descubriendo cada día nuevos sonidos y artistas, así como tener la oportunidad de viajar atrás en el tiempo y acceder a música que existe desde hace siglos. Es bonito poder empaparse de géneros que a priori parecen antagónicos, aunar lo antiguo con la contemporáneo, lo relajante con lo frenético, lo lejano con lo local o lo alternativo con lo mainstream. La música no tiene límites, con un amalgama de elementos finitos pueden llegar a crearse infinitas combinaciones. Queremos estar ahí para ver lo que hacen en el mundo y de qué manera nos van a romper la cabeza o el corazón.

Frente al inmovilismo de ciertos géneros, vosotros planteáis canciones muy dispares entre sí: cada una parece tener personalidad propia. Os influyen artistas tan diferentes como Frank Ocean. Yung Beef o St. Vicent. También habéis reivindicado el potencial icónico de Rocío Jurado. ¿Creéis que se van erosionando las jerarquías y el esnobismo latente a la hora de juzgar los diferentes tipos de músicas?
Siempre va a haber gente inmovilista y cerrada de mente como en cualquier campo, pero en general sí que hemos visto, al menos en la gente con la que nos relacionamos, una apertura muy importante. Parece algo que se está extendiendo y, por ejemplo, cada vez se desdibuja más la línea entre alta y baja cultura (nomenclaturas que ya de por sí son prejuiciosas) o también entre lo alternativo y lo comercial. Creo que antes estaba más extendida la creencia de que la calidad musical sólo era propia del primer grupo.

El mimo con el que tratáis el contenido audiovisual, así como la imagen que proyectáis, se ha convertido en una de vuestras señas de identidad. Lo visual es vital en nuestro mundo, y la música urbana, por ejemplo, lo tiene muy claro. Se trata de una faceta clave; desde luego, no es un asunto banal. ¿Es una forma más de expresar lo que es Fru Katinka para vosotros?

Nos tomamos muy enserio la creación de este universo, creemos que no podemos entender el proyecto de Fru Katinka sin todo el apoyo visual que trabajamos junto con aliados como Eva Rausell (nuestra tercera pata en este campo), Victor Vera, Rubén Segovia, Enric Alepuz o Daniel Ballesta, entre otros. Los videoclips son un espacio en el que dar rienda suelta a nuestra creatividad y en el que aportar ideas a nuestro imaginario, reforzando así lo que queremos transmitir con nuestras canciones. De hecho nos fascina tanto que Álex y Eva han formado junto con otras personas un estudio creativo audiovisual llamado Guay, que se estrena con el videoclip de “Oráculo”. También nuestra propia imagen y estilismo son parte de este todo. Nosotros mismos nos inspiramos día a día consumiendo imágenes y todo esto va conformando nuestro universo, pasado por el filtro personal de cada uno y lo que se quiera transmitir con cada canción o en cada momento del proyecto.

“Con los ojos en paz” es una versión de una canción de Cecilia. A esta cantante, más moderna de lo que pudieran pensar muchos, le sientan bien todo tipo de ropajes sonoros. ¿Por qué elegisteis esta canción? ¿Qué significa Cecilia para vosotros?
Cecilia formó parte de la banda sonora de mi infancia. Ya de muy niña conecté mucho con sus letras que, aunque en su día no entendía plenamente, ya me atrapaban e intrigaban. Ya de adulta volví a ella, esta vez con un entendimiento más profundo de su universo, y aún me gustó más. Descubrí una nueva figura mucho más compleja con la que me sentía de algún modo identificada. Elegí ese tema en particular porque siempre había sido uno de mis favoritos, por su carácter melancólico y por su letra, que manifiesta con un lenguaje muy evocador la relación de Evangelina Sobredo (Cecilia) con ella misma, o al menos un aspecto de ella.

Cecilia ha sido reivindicada como una figura feminista. Justamente ahora nos encontramos en un momento álgido en esta lucha, ¿creéis que caminamos ya hacia una igualdad real o todavía queda mucho por hacer?
Es bueno agradecer y fijarse en los logros alcanzados hasta ahora gracias al movimiento feminista pero siempre se puede hilar más fino y se debe continuar visibilizando problemáticas o situaciones con las que nos encontramos todavía hoy en 2018, así como deconstruir concepciones que ahogan la libertad o desfavorecen un colectivo en detrimento de otro.

Por otra parte, apostáis por desdibujar los clichés de género. ¿Por qué creéis que cuesta tanto abandonar estos condicionamientos rancios?
Es tan complicado deshacerse de estos condicionamientos porque se transmiten de generación en generación; son una construcción social y, para cortar esta cadena, es necesario un trabajo desde espacios como las escuelas, los medios de comunicación, el cine o la moda (en realidad cualquier campo de nuestra vida) para que poco a poco cale en nosotros y en las futuras generaciones.

Desde luego en València surgen propuestas muy sugerentes, pero muchos músicos apuntan que es complicado mantenerse. ¿Cómo veis la situación de la música en nuestra ciudad?
Sentimos que hay bastante gente haciendo cosas interesantes pero que parece más difícil que en ciudades como Barcelona o Madrid encontrar lugares en los que tocar o moverse. En nuestro trabajo salir adelante económicamente es complejo en todo el país en general, pues está muy poco regularizado y es una lucha constante conseguir reconocimiento y un caché digno, pero sí es cierto que suelen pagarnos peor aquí que fuera, aunque puede ser por el hecho de ser locales.

Le habéis cantado a las bananas y proyectáis un imaginario policromado. Vuestras canciones suenan libres y hedonistas, ¿qué efecto os gustaría que causaran en la gente?
Principalmente lo que queremos es emocionar, descolocar, sanar, hacer bailar, reír, llorar… Básicamente hacer sentir algo a las personas que nos escuchen.

“Oráculo”, vuestro último single, nos depara muchas sorpresas: recurrís al castellano, y proponéis un giro al tiempo urbano y elegante.¿Cómo lo describiríais?
En este momento sentimos que de forma natural nos apetecía probar el cambio de idioma. Por una parte porque actualmente tenemos más referentes en esta lengua que nos motivan y, por otra, porque pensamos que podemos llegar a conectar más con el público del lugar en el que estamos ahora, sin cerrarnos por supuesto a un público internacional o a crear temas de nuevo en inglés en otro momento. Además nos apetecía explorar nuestra relación con ese idioma, ver de qué manera podríamos llegar a expresar nuestras inquietudes. “Oráculo” en concreto representa todo aquello positivo que te aporta una relación sana. Apoyándose en la simbología de los oráculos griegos, trata de una persona que es como un guía espiritual que llena tu vida de bienestar, así como del poder que tienen las personas para influir en otras. Musicalmente, con el nuevo disco, estamos desarrollando lo que llamamos “nuevo pop”, que es la evolución natural que tiene el pop empapado por toda la nueva ola de música actual. Las canciones siempre tienen un claro carácter pop y utilizamos elementos de la música que escuchamos ahora, desde el RnB o música de los 80s hasta al dancehall o el trap. Va a tratarse más que de un cambio estilístico, de un desarollo de la materia prima que ya teníamos y de una adecuación a lo que somos ahora.

El 21 de diciembre actuaréis en la sala Wah Wah.¿Cómo encaráis vuestros conciertos? Da la impresión de que vuestras actuaciones tienen la vocación de ir más allá de un concierto al uso.
Aunque todavía queda trabajo y andadura, pretendemos que nuestros conciertos sean una experiencia multidisciplinar, incluyendo danza, interpretación, visuales y lo que se le ocurra a nuestros yos dels futuro. Nuestros conciertos son bastante performáticos y cada vez está ganando más peso la danza, aspecto que trabaja Marta con Natalia Navarro, coreógrafa de danza contemporánea. Pensamos que todos estos aspectos contribuyen a transmitir todo el potencial de nuestras canciones y que permiten conectar con el público de una manera mucho más efectiva.