Guadalupe Plata, criaturas salvajes

por | 26 febrero 2015 | Reportajes

De oeste a sur. Tan lejos, tan cerca. El blues que nació en el sur de los EEUU y se electrificó años más tarde en ciudades norteñas como Chicago, y las sonoridades que siempre han marcado el sur hispano. Guadalupe Plata son de Úbeda (Jaén) y saben muy bien lo que es sintetizar ambos latidos en un credo sonoro singular.

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Bien es cierto que, formalmente, prima de forma mucho más visible el primer ingrediente. Pero ambos pálpitos, tan distantes en el espacio pero tan cercanos en espíritu, dan forma a un sonido que resulta plenamente reconocible tan pronto uno dispone de apenas unos segundos para escucharlo. Y ese es un valor especialmente preciado en una escena tan tradicionalmente mimética como lo es en los últimos años la independiente estatal. Un panorama que ha mostrado sus frutos más apetecibles cuanto más se ha mirado en la propia tradición sonora de su país, y menos pendiente ha estado de emular algunos patrones foráneos demasiado trillados. Aunque lo que hacen los andaluces sea fundir y malear, en síntesis.

Al fin y al cabo, ambas pulsiones destilan un sesgo atávico. Un prurito genuino y casi primitivista, como expresiones hondamente enraizadas en la tradición de sus respectivos terruños. Por eso no es de extrañar que Guadalupe Plata suenen áridos, monolíticos, rocosos. Pero también sumamente magnéticos, aferrados a esa suerte de mantra con el que se puede bien comulgar o bien permanecer distante, pero rara vez impasible. Así es como suena su blues-punk sureño.

Desde que debutaran en 2009 con un disco homónimo (como todos los suyos hasta ahora) de tan solo seis canciones (Guadalupe Plata), no han parado de girar y de justificar las expectativas que con él suscitaron. Su presencia fue desde entonces habitual en el festival South By Southwest de Austin (Texas), lo que demuestra hasta qué punto su discurso resulta exportable fuera de nuestras fronteras. Y sus prestaciones también son moneda común en gran parte de nuestros grandes festivales, colándose de rondón entre los integrantes del indie más aséptico, y en cualquiera de nuestras salas de conciertos. En ambos contextos lucen bien, pero ellos son sin duda una banda que parece nacida para recintos cerrados, reducidos y recargados. De los que destilan sudor y humo. La estampa de Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (ese bajo sumido en un barreño de zinc) es ya un clásico de nuestros escenarios.

Guadalupe Plata (Everlasting/Popstick!, 2013), que fue su segundo largo, les reafirmó como una de las formaciones más señeras de nuestra escena. Se llevaron cuatro premios de la Música Independiente en 2014: artista del año, mejor álbum de rock, mejor directo y mejor fotografía promocional. No pararon de prodigarse en citas de todo pelaje. Y ahora se aprestan, tras la edición del sulfúrico single “#Calle 24”, un tema continuista, a ir aireando las canciones del que será, a partir del 16 de marzo, su nuevo álbum. Otra vez a su nombre, como de costumbre. Producido por Liam Watson (The White Stripes, Tame Impala) en los estudios Toe Rag de Londres. Así que los alicientes para dejarse caer el 21 de marzo por la sala Wah Wah de Valencia están ahí, para cualquiera que mantenga el olfato bien fino.

 

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