Ha muerto uno de Nazaret

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Nazaret puede ser una opción para nacer, pero no para morir. Por eso Parrita ha muerto en Terrassa, cerca de su residencia habitual, en Rubí, porque, aunque contaba en sus entrevistas que siempre tuvo su barrio presente, cuando uno nace en la miseria, por mucho que lo quieras, sólo deseas alejarte de allí.

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Separado del resto de Poblats Marítims de València por el Puente de Astilleros, sigue siendo el rincón más pobre de la ciudad, pero en los años transicionales aquello era la Zona 0, el culmen de la marginalidad dentro de las olvidadas playas capitalinas. Es difícil imaginar un lugar más duro para sacar la cabeza en el mundo de la cultura que el Nazaret de los primeros años 80, y eso es lo que Vicente Castro “Parrita” consiguió, tocando en pequeños locales mientras trabajaba de camarero y pescador.

Desde 1982, cuando versionó a Cecilia, hasta su último disco en 2015, y con la práctica totalidad de su trayectoria musical desde Barcelona, este hijo de gitanos canasteros, que elaboraban mimbres con las cañas del río, colaboró con Paco de Lucía (“Quita el sentío”), Tomatito (“Canastero”), Benavent y Kitflus (“Baladas gitanas”) o Joan Albert Amargós (“Entre la espada y la pared”), aunque su composición más popular fue “Cartita de amor”, en 1998, para el debut de la gaditana Niña Pastori, y que le reportó unas ganancias de trece millones de pesetas.

Parrita fue el único flamenco valenciano que transcendió, masivamente, al resto del país, y lo hizo desde el suburbio más castigado de una ciudad que parecía no existir más allá de donde moría el Turia.