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El origen de la Cruz Roja: de Bonmatí en Cartagena (1873) a Luna en Ceuta (2021)

por | 21 mayo 2021 | Opinión

Luna y un migrante subsahariano en Ceuta. Foto: Cruz Roja Española. El valenciano Antonio Bonmatí.

El acoso a Luna, la joven voluntaria que atendió a un migrante senegalés en aguas de Ceuta, ha sido la última muestra de miseria moral que escupen las redes sociales de ultraderecha. Hubo quien pensó que, con la retirada política de Pablo Iglesias, la polarización política bajaría algunos tonos en la escala, pero la realidad es que hay un entramado racista, homófobo y etnonacionalista español, que se siente legitimado a esparcir odio porque existe una representación parlamentaria en las instituciones de su imaginario nacional excluyente. Y poco importa ya si se trata de un profesor universitario, que llegó a vicepresidente liderando un movimiento social, o de una estudiante de 20 años, miembro de una institución humanitaria. En su patria ya no cabe ni la Cruz Roja.

La historia de la Cruz Roja en nuestro país cuenta con más de 150 años, desde que fuera creada en 1864 por Nicasio Landa y Joaquín Agulló, pero fue el alicantino Antonio Bonmatí i Caparrós (Aspe, 1830) quien realizó una novedosa acción de auxilio marítimo, armando el primer buque hospital de la historia, un vapor de ruedas llamado Buenaventura, durante la guerra cantonalista de Cartagena en 1873. Hasta aquel momento, nadie había emprendido una acción de salvamento marítimo, en ningún conflicto, desde la fundación de Cruz Roja Internacional, por el suizo Henry Dunant, en 1863.

En la actualidad hay cierto consenso historiográfico en definir la Constitución Española de 1869 como la más avanzada en derechos y libertades de toda la Europa continental del momento. Tras el Pacto de Ostende de 1866, firmado entre progresistas, demócratas y republicanos (que conformarían el grueso del proceso de Cortes constituyentes y redacción constitucional), los generales Prim, Topete y Serrano se alzaron contra la monarquía de Isabel II, en la conocida como Revolución Gloriosa de 1868. El pronunciamiento militar triunfó sin apenas oposición, y la reina borbónica se exilió.

Fue en este contexto en el que Antonio Bonmatí ejerció una importante labor pedagógica y filantrópica en Cartagena, y desde allí impulsó la comisión municipal de la Cruz Roja que culminó el 18 de mayo 1873. Dos meses después estallaba la insurrección cantonalista en la ciudad y el gobierno de la I República intervenía militarmente para sofocar una revuelta, de claro componente federalista extremo, social e internacionalista obrerista, al estilo de la Comuna de París (1871).

La orografía cartagenesa convirtió el cantón en un bastión de difícil acceso para los generales republicanos, y mientras el resto fueron cayendo (Sevilla y Alicante en julio, València en agosto, o Málaga en septiembre de 73), Cartagena no fue tomada hasta enero de 1874, tras el golpe militar del general Pavía, en Madrid, contra la legitimidad republicana, y el desanimo moral por la muerte de 400 cantonalistas tras la explosión del depósito de pólvora del Parque de Artillería. El encargado de consensuar la capitulación fue Antonio Bonmatí, como representante de la Cruz Roja Española, que se vio forzado después a abandonar la ciudad para peregrinar por Sevilla, Barcelona y València, hasta acabar en Mazarrón ejerciendo la enseñanza.

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