Jacco Gardner y los estados alterados de conciencia

por | 6 mayo 2015 | Reportajes

Cualquiera que haya asistido a uno de sus directos podrá dar fe de que Jacco Gardner podría haberse escapado del londinense club UFO. Aquel en el que unos primerizos Pink Floyd daban rienda suelta a sus arrebatos de psicodelia desbocada, a finales de los años 60. Como si hubiera atravesado un túnel del tiempo. Hasta tal punto es palpable su mímesis creativa con aquella época que lo que sorprende es que el holandés apenas sobrepase los 27 años. Las barreras temporales entre géneros y estilos parecen haberse difuminado ya de forma irreversible, en esta era de sobreinformación y acceso a cualquier fuente de creación musical a través de un solo clic, de forma instantánea. Y Jacco Gardner es hijo de su tiempo, como buen reanimador de una forma de componer y ornamentar las canciones que (lógicamente) no ha podido vivir de primera mano, pero recrea con una encomiable soltura.

JACCO-GARDNER-VALENCIA-LOCO-CLUB

Su nombre comenzó a obtener cierto eco en nuestro país cuando actuó en el Festival de Benicàssim de 2013, en uno de esos escenarios secundarios (el tercero en capacidad, en este caso) que se les suelen reservar a los proyectos aún emergentes o prácticamente ignotos por estos pagos. No lo tenía fácil: competía por la atención del público con Jake Bugg y Aluna George. Y aún así, consiguió hacerse oír como un valor en alza, de los que vale la pena retener en la memoria.

En solo unos meses emprendió su primera gira por nuestro país, que pasó por el Espai Rambleta de Valencia a finales de enero de 2014, en un concierto en el que estuvo precedido por Soledad Vélez. La excusa era la edición de Cabinet of Curiosities (Trouble in Mind, 2013), su disco de debut. Y en él ya dejó constancia de su capacidad para orquestar embriagadoras vaharadas psicodélicas a través de un buen arsenal de requiebros melódicos, que remitían sin disimulo alguno a los primeros Pink Floyd, a Sagittarius o a los Zombies de Odessey and Oracle (1968). Los perfiló con una aplicada banda, y con el despliegue instrumental (órgano, harpsichord, mellotrón) que el cultivo de tan venerable modus operandi requiere. Como si no hubieran pasado casi cincuenta años de aquello.

Ahora ha vuelto a repetir la jugada con el inminente Hypnophobia (Polyvynil, 2015), vocablo que responde a la idea del miedo a dormir, y en cuya elección no queda claro hasta qué punto juega un papel determinante la sombra del inconsciente humano, siempre tan presente en el imaginario del pop psicodélico. Él afirma que el título viene de ese punto en el que colisionan “el miedo, la oscuridad y la creatividad”. Y lo cierto es que el álbum supone un paso más en esa exploración de los sentidos, esa creciente espiral de sonidos lisérgicos de efecto retroactivo que tantas trazas comparte con Tame Impala, Pond, John Maus y tantos otros nuevos orfebres empeñados en resucitar las sensaciones de ensueño proporcionadas por aquellas delicias analógicas. Así que quien quiera profundizar en su enigma, no tiene más que acercarse al Loco Club el 14 de mayo.

Foto: Nick Helderman

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