Júlia, odisea espacial MIÉRCOLES 10 DE JULIO. CONCERTS DE VIVERS

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Júlia es el delicioso proyecto musical de Estela Tormo y Lídia Vila, un dúo que desde Alcoi traza un universo sonoro en continua expansión, repleto de evocaciones, enigmas, encanto y desencanto pop. “Pròxima B” (Malatesta Records, 2017), su segundo disco, toma su nombre de un exoplaneta que, a pesar de la cercanía que promete su nombre, está situado a millones de años luz. Un trabajo que trenza lo analógico y lo digital, y con el que se consagran por derecho propio como unas de las protagonistas del dream pop contemporáneo. Canciones atravesadas por cuerpos estelares que se anhelan, soledad cósmica e invenciones que centellean. El día 10 actuarán en la Feria de Julio, compartiendo escenario con los británicos Echo & the Bunnymen que, cosas del destino, presentarán también un disco de temática sideral: “The Stars, The Oceans & The Moon” (2018).

Júlia-1 Ilustración: Agnès Ricart

 

Ya desde su título “Pròxima B” trenza una serie de referencias astronómicas muy sugerentes que evocan todo tipo de claroscuros. ¿Por qué titulasteis el disco y una de sus canciones de este modo?
De algún modo nos hizo gracia el nombre de este exoplaneta. El juego de palabras sobre su proximidad, a pesar de estar a una distancia enorme de nosotros. Y también esa búsqueda de “casa” extraterrestre, entre lo romántico y lo “Julio Verne” que tenemos las personas, nos motivó para recrear todas las atmósferas entre la luz y la oscuridad del disco. Además nos pareció muy atractivo que en aquel exoplaneta, parte de la superficie estuviera iluminada siempre y la otra en completa oscuridad. Fue un dato clave para encajar letras y sensaciones en nuestro particular planeta emocional. Titulamos una de las canciones “Pròxima B”, de manera ya más particular, para hacer referencia a esos parecidos razonables entre dos mundos, dos atmósferas, que pulen nuestro espejo interior. Una fusión única que vivimos siempre al enamorarnos.

Pese a su concisión sorprende que “Pròxima B” sea un disco que, al igual que el exoplaneta del que hablamos, gravita entre texturas y colores musicales muy diferentes. Parece que no tenéis miedo a que resulte difícil catalogaros. ¿Es lo que buscáis?
No lo buscamos, al menos conscientemente. No perdemos el tiempo analizando nuestro estilismo musical. Nuestra búsqueda, en todo caso, es más bien impulsiva y contemplativa. Desde el principio en Júlia hemos ido tanteando sonidos y textiles melódicos como si se tratara de un juego, donde estábamos cómodas y aprendíamos a programar, tocar sintetizadores…

Las letras, muy cuidadas, también transitan entre estados de ánimo dispares, desde el amor a la decepción, que encuentran su reflejo a gran escala en los fenómenos cósmicos. ¿Os seducía la idea de hablar de lo universal a partir de lo personal y pintar paisajes emocionales?
El mundo cósmico es una fuente de inspiración inagotable, gran parte de las cosas que pasan a nuestra alrededor tienen una relación con los procesos naturales, meteorológicos o biológicos. Además, es un terreno muy sensorial que da mucho juego porque contribuye a crear este ambiente de “polvo flotante” que admiramos. Nos gusta comparar lo que le pasa a la gente en nuestro micro-cosmos con fenómenos físicos que se producen a gran escala. Sí, es fascinante lo grandes que son las sensaciones humanas.

Aunque recurrentemente se os ha comparado con el dream pop de bandas como Beach House, vosotras afirmáis que “La calma chicha” de Tulsa ha sido una de las principales fuentes de inspiración para “Pròxima B”. ¿Qué os sedujo de ese trabajo?
“La calma chica” se convirtió en nuestro disco de cabecera en el momento que escuchamos “Casa”, el corte 4 del disco. Un tema impresionante, conseguía un equilibrio armónico perfecto entre todos los elementos de la canción. En general el disco nos enganchó por la tremenda producción del señor “Carasueño”. De ahí nuestra intención de trabajar con él. Es un disco que recrea una rítmica y un entorno analógico muy cuidado. Además de ajustarse como un guante a la voz tan especial de Miren Iza, sus letras y sus intensidades. Hace magia.

Vuestra trayectoria es relativamente corta, pero es indudable que vuestra música ha mutado. ¿Ha sido determinante lo mucho que habéis tocado a lo largo de este tiempo? ¿Cómo veis vuestra evolución y el bagaje que habéis ido adquiriendo?
Hemos ido cogiendo confianza en los escenarios a medida que vivíamos ciertas experiencias muy señaladas y totalmente inesperadas. Pero eso no nos ha ayudado a calmar los nervios, ni las dudas existenciales que nos asaltan siempre justo antes de empezar a tocar delante de la gente. Nunca acabamos de disfrutar un concierto en su totalidad, por la manera que tenemos de enfocar esa exhibición. Para nosotras es un tanto traumática. Por eso, siempre hemos preferido conciertos en salas más pequeñas y acogedoras donde la barrera invisible entre artista y público se diluye bastante más que en otros espacios, y se mezcla con un discurso menos unidireccional y frío. Se llega a crear un feedback muy agradecido, destensando así, nuestra puesta en escena. Esa sería la verdadera evolución que hemos adquirido a lo largo de este tiempo.

El día 10 actuareis en la Feria de Julio de Viveros, precediendo a una banda tan mítica como Echo & The Bunnymen. ¿Cómo encaráis este concierto?
Pues aún estamos un poco en shock. No acabamos de creernos un escenario compartido con los Echo. Seguramente si esta pregunta se la hubieras formulado a las Júlia de hace 15 años, la reacción hubiera sido, llorar y reír al unísono. No dista mucho de la reacción del presente, pero claro, hemos madurado en ese sentido y nos balanceamos sobre la ilusión de poder recordar esta cita para siempre, nivel efeméride. Lo curioso es que presentan un disco muy relacionado con la temática cósmica y bucólica, acercando de una manera muy natural a ‘Pròxima B’. Y esto nos motiva muchísimo a la hora de recrearnos en el repertorio que presentaremos. Es un lujo que todo encaje así de fácil.

Se nota que mimáis mucho las contribuciones gráficas presentes en el disco. Al igual que en vuestra música, en estas ilustraciones se entrelaza el componente digital y lo analógico. Por otra parte, vuestros conciertos se enriquecen con aportaciones visuales. ¿Os gusta construir un imaginario que trascienda lo puramente musical y dialogar con otras disciplinas?
Nos encanta traspasar la barrera de lo estrictamente musical, ofrecer algo más en ese sentido. No tenemos ni idea a nivel técnico, pero lo valoramos mucho y por eso nos hemos rodeado de gente como Magda Arques y Sofía Hernández que nos han hecho un vestido a medida, tanto en las ediciones físicas de los discos como con las visuales de los directos. Todos los detalles que rodean a la edición de un disco son importantes, y de esta manera, dedicando esfuerzo y atención a la parte gráfica y de diseño, te permite acercarte mucho más a la “obra de arte total”. Además, cuando llevas semanas o meses metida en el estudio o escuchando en bucle las mezclas del disco, se agradece oxigenar el ambiente con esta parte del proceso “final”, que es el trabajo en la edición física del disco o en la presentación en directo.

En alguna ocasión habéis señalado que la escena valenciana tiende a mirar hacia otra parte ante las desigualdades de género. ¿Qué os ha llevado a pensar esto?
Bueno, básicamente porque nos lo hemos pasado por las manos. Carteles de ciclos o festivales sin presencia femenina o incluso llamadas telefónicas con propuestas que deslizan que su interés por ti es porque “nos faltan chicas”. También es cierto que la situación en pocos años ha avanzado mucho. Pero no precisamente gracias a los gestores o a la industria, si por ellos hubiera sido todo seguiría igual, sino gracias al movimiento feminista que ha removido las conciencias, ha llenado las calles y las plazas y les ha hecho ver que lo que antes nos vendían como “normal”, o como que no tenían más remedio porque “no hay suficientes mujeres” o “no tienen suficiente calidad”, ahora resulta vergonzoso. Es posible que el supuesto activismo muchos se quede en palabras, pero como decíamos ahora no tienen más remedio que, al menos, ser políticamente correctos y finalmente cumplir con la ley de igualdad de género, currárselo para configurar carteles que realmente representen a toda la sociedad (no solo a una parte de ella) e implicarse en este tema porque es una emergencia social. Los gestores culturales, por el mero hecho de trabajar en la “cultura”, material altamente sensible, deberían asumir un compromiso social con aquello que divulgan y que promueven. En caso contrario, para nosotras no son buenos gestores, son empresarios y punto.
De puertas adentro no sabemos qué pensarán o cómo actuarán en sus entornos más próximos, posiblemente igual que hace 5 años, pero al menos en la esfera pública ya no se atreven o lo disimulan mejor.

¿Qué proyectos tenéis para este verano?
Después del concierto del 10 de julio en la Feria de Julio, queremos centrarnos en la preproducción del que será nuestro tercer álbum. Esperamos lanzarlo en 2020 y estaremos bastante ocupadas en moldear ideas y entrar en estudio. Aunque también, paralelamente, giraremos el proyecto que tenemos entre manos con Clara Andrés, “L’Eix Radical”.