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Kevin Johansen, trashumante panamericano

por | 11 mayo 2015 | Cultura pop

En el interior de una cabaña entre montañas de Alaska, un niño que no sabía que lo era, nacía, aprendía y bailaba. Afuera todo era de un blanco infinito. Días sin noches, noches sin fin y el cielo oscuro plagado de estrellas. Y así, durante unos años transcurrió la vida en el círculo polar. Después fueron durante años, hasta la lejana adolescencia, California, Montevideo, Buenos Aires y Nueva York las escalas de un viaje esencial y emocional que marcó su personalidad musical capaz de ir de un polo a otro en una sola canción. Me gustaría presentarles al señor Kevin Johansen.

KEVIN-JOHANSEN-VALENCIA-WAH-WAH

Se educó alimentado constantemente por la gran cultura que ejercieron sobre él su madre argentina y su padre norteamericano, ambos intelectuales que no solo hicieron que conociera toda América antes de la pubertad, sino que también consiguieron regalarle el dominio de varios idiomas sin apenas esfuerzo. Llegaron los años 90, y llevado en volandas por las inquietudes artísticas de su novia, bailarina artística, desembarcó en Nueva York, ciudad en la que se estableció durante años, y allí ocurrió por arte de la vida y su casualidad, que se encontró con un tipo que le invitó a tocar en el local que regentaba, y resultó ser el dueño del CBGB, un templo de la música que vio nacer a Ramones, Blondie o Talking Heads y otra lista interminable de eminencias.

Fue así que poco tiempo después aterrizó en Buenos Aires con un disco que recogió gran parte del extenso camino andado con reagges de latidos porteños, habaneras con dulces estilos ingleses y cumbias atangadas que nos muestran el sin fin de tanta cultura unida en letra y melodía desde el Río de la Plata.

Kevin Johansen es el perfecto anfitrión de mestizajes que se toma muy en serio el humor, sacrificando los géneros en pos de la canción, escapando de las clasificaciones y encontrando su propio bastión de trashumante panamericano.  Con siete discos y dos libros cultivados y enraizados con agua dulce y mucho cariño, ha conseguido hacerse con una buena cantidad de compañeros de viaje como Jorge Drexler, Serrat, o Natalia Lafourcade, entre otros, y una gran banda de músicos (The Nada) reunidos en el corazón de la Gran Manzana desde el principio, y acompañados por Liniers, uno de los ilustradores argentinos más reconocidos de su generación, haciendo de los conciertos en directo un compendio artístico que raras veces tendremos la oportunidad de poder disfrutar en un escenario tan cercano como es el de la sala Wah Wah el 14 de mayo. Perdértelo sería un lujo que tal y como está la escena musical de hoy en día no te puedes permitir.

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