La danza se vive en bucle en La Mutant y el TEM

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Circuito Bucles nació hace siete años con un objetivo bien definido: sacar a la danza de su hábitat natural y trasladar el género a lugares poco convencionales para integrarlo dentro de la sociedad. Una manera, en definitiva, de presentar la danza a un nuevo tipo de público resaltando todas sus posibilidades y singularidades, a través de piezas de pequeño formato y duración. Incluso en un año tan convulso como este, el festival se ha mantenido fiel a su cita con los espectadores y ha conseguido articular una programación itinerante capaz de moverse por plazas, plataformas online y salas alternativas de la ciudad de València.

THE-LAMB

El espíritu inconformista de los espacios escénicos municipales, La Mutant y el TEM, ha servido para consolidar ambos teatros como puntos neurálgicos del certamen. En la edición de 2020, pese a todo, también estarán muy presentes: primero, con la representación de Get No en La Mutant (6 de noviembre, 20:30 horas), y después, con el programa doble integrado por C.O.S. (7 de noviembre, 19 horas) y The Lamb (20:30 horas, foto) en el Teatre El Musical.

Get No es una propuesta firmada por la compañía La Quebrá, formada en 2015 por la coreógrafa y bailarina murciana Irene García. Un montaje de cincuenta minutos sobre encuentros fugaces, lugares de paso y la insatisfacción como motor de movimiento de nuestras vidas, que en palabras de su responsable ofrece “toques de teatralidad, narratividad y divertimento, y que gira en torno a un contexto de aeropuerto y las historias que viven en los lugares donde no son observados”. El mismo día de la representación, a partir de las 12, Irene García ofrecerá también una clase magistral en La Mutant.

Un día más tarde, la Plaça del Rosari -donde se ubica el TEM, en pleno corazón del Cabanyal- acogerá la representación de C.O.S., una creación de Verónica Cendoya que reflexiona sobre el destino a partir de la situación de los refugiados en Grecia. A continuación, la danza se trasladará al interior del recinto con la puesta en escena de The Lamb, una reflexión acerca de la “ceguera” física y espiritual donde la danza se convierte en un código para interrogar al espectador, y que corre a cargo del colectivo hispano italiano Ko’rsia.