fbpx

La Europa federal y el odio nacional

por | 28 mayo 2020 | Opinión

La noche del domingo 22 de septiembre de 2013, mientras la democratacristiana CDU celebraba su aplastante victoria electoral, Angela Merkel retiraba una bandera alemana de los festejos en el escenario para devolverla a las gradas. En Alemania la enseña no se exhibe más allá de las celebraciones deportivas o las conmemoraciones de Estado. Su clase política tradicional, aquella nacida tras la derrota del nazismo en 1945, no hace un uso partidista del emblema nacional, mientras que en España los nacionalistas patrimonializan la bandera para agitar el conflicto civil.

En 2008 la canciller escogió salvar a los ahorradores alemanes y condenó al sur de Europa a la austeridad. En 2020 Alemania, y el delfín francés, han decidido mutualizar la deuda para salvar a España e Italia de la que se nos viene encima (el cierre de Nissan en Barcelona sólo es el comienzo de una tremenda reconfiguración del mercado internacional que parece guiado por el discurso antiglobalización). Y no lo hacen únicamente pensando en la coyuntura o en el bien común de los ciudadanos de la Unión Europea, incluidos aquellos ahorradores alemanes, sino para defender el proyecto europeo de un peligro real de desaparición. Si la ortodoxia de los Cuatro Frugales (Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca) no lo impide, la Comisión Europea ofrecerá a nuestro país 77.000 millones de euros a fondo perdido y 63.000 millones en préstamos. Este último movimiento político de Merkel inicia el camino hacia la unión federal de Europa, un artefacto político, y económico, que debería superar el decimonónico estado-nación y desactivar el que es, para la cosmovisión merkeliana, la gran amenaza: los nacionalismos.

Merkel es lo más parecido a una líder del mundo libre que encontramos en las relaciones internacionales post Gran Recesión, algo que ni ella pretende ni deja en buen lugar la capacidad de liderazgo del resto. Los ultranacionalismos se han adueñado de EE.UU., Brasil, India o Rusia, también explican el Brexit, con la UKIP abanderando un nacionalismo inglés, amante a tiempo parcial de la xenofobia, que los tories abrazaron sin miramientos, y que ahora están minando los cimientos de la Unión Europea desde el grupo Visegrado (con Polonia y Hungría al frente) y con la Lega y Fratelli d’Italia llamando a las puertas del gobierno transalpino. La ayuda europea a Italia, aún mayor que la que recibirá España, se explica, en cierta medida, por el duro golpe que supondría para la UE un gobierno nacionalpopulista de Salvini y Meloni (las encuestas reflejan un creciente antieuropeismo entre la ciudadanía italiana).

La historiografía suele ser más eficaz acertando el pasado que previendo el futuro, pero bajo las premisas “crisis económica capitalista + nacionalismos” sólo aparece error en la pantalla del siglo XX. Si a esto le sumamos las políticas arancelarias tenemos el cóctel perfecto: la guerra comercial es la primera bala de la contienda militar. El eje francoalemán ya se ha movilizado para neutralizar a los enemigos interiores de sus actuales democracias (Agrupación Nacional/Frente Nacional y Alternativa por Alemania), pero también para menguar el nacionalismo italiano y el español, que intentarán aprovechar la crisis que viene para ganar cuotas de poder en sus parlamentos. En nuestras calles, por ahora, son pocos aunque hacen mucho ruido, sin embargo, cuando la pobreza entra por la puerta, la paz social salta por la ventana, y es en ese momento cuando los portadores de las banderas excluyentes recogen la cosecha de sus discursos del odio.

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest