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La fragilidad sonora por la que transitó Julien Baker en València

por | 1 junio 2022 | Conciertos

Foto: Nolan Knight

El pasado lunes, pasó por La Rambleta la estadounidense Julien Baker, en el marco de una gira europea, que la ha llevado a nuestro país, tocando previamente en Madrid, en la sala Kapital, y un día después de nuestra ciudad, en Barcelona, en la sala Apolo, tratándose, sin duda, de toda una oportunidad para ver en directo el crecimiento musical de la cantautora de Tennessee. Previamente, actuó la prometedora Anna Andreu, que presentaba su nuevo trabajo La Mida.

Julien Baker llegaba al recinto de San Marcelino con un nuevo álbum bajo el brazo, Little Oblivions, que en buena medida es un alejamiento de su estilo anterior, plasmado en sus dos primeros trabajos, Sprained Ankle (2016) y Turn Out the Lights (2017), más centrados en una producción en la que predominaba la soledad de su desgarradora voz. El nuevo trabajo, publicado el año pasado, deja constancia de la influencia musical que supuso para Baker el epé que grabó en 2018 como integrante de la banda Boygenius, conjuntamente con Lucy Dacus y Phoebe Bridgers, convertido en todo un fenómeno en la escena indie estadounidense.

Unas letras torturadas que nos hablan de la angustia y el sufrimiento que a menudo supone vivir, son acompañadas de melodías intensas y a veces reiterativas, pero que Julien Baker transforma, gracias a una banda solvente, que le permite adentrar al público en su estado emocional.

Empezó la cantautora con la canción que abre el nuevo álbum, “Hardline”, como muestra de las credenciales que iban a acompañar toda su actuación, donde las partes eléctricas iban a superar a las acústicas, sin que ello supusiera rebajar la intensidad, cosa difícil cuando se tiene esa maestría para trasmitir dolor y sufrimiento como elementos centrales de una obra. Así fueron sucediéndose las canciones de configuran Little Oblivions, como “Bloodshot”, la fantástica “Favor”, “Relative Fiction”, esa maravilla que es “Heatwave”, “Ziptie” cuya guitarra recordaba en algunos momentos a The Durruti Column, o cómo trasladar la ansiedad y el pánico a través de una de las mejores canciones del disco, “Fait Healer”.

No se olvidó Baker de intercalar temas de sus primeros trabajos, interpretando “Shadowboxing”, “Televangelist”, “Appointments” de su segundo trabajo Turn Out the Lights, singles como “Tokyo o “Red Door”, y “Everbody Does?, único tema que interpretó de su primer disco, pero que, sin duda, permitió ayudar al público a navegar por unas canciones, donde algo tan propio de la sociedad estadounidense como la huida individualista ante los problemas, aparece como única solución. Huidas que hacen al que escapa más vulnerable, más acosado, más desgraciado. Hasta que llega el momento en que se cansa de hacerlo, se revuelve y abre paso a la esperanza. Sobre todo ello aprendimos el lunes con Julien Baker.

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