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La herencia de David Bowie

por | 24 febrero 2016 | Reportajes

La triste noticia de la muerte del gran David Bowie llenó páginas de publicaciones del mundo entero. Las redes sociales contribuyeron a que volviera a ser el fenómeno que fue durante los 70 y buena parte de los 80, con la multiplicación del número de ventas de sus discos y una presencia en medios que ha hecho que muchos se hayan vuelto hacia la obra del genio británico por primera vez.

El final de la década de los 60 consolidó los cambios políticos y económicos producidos después de la Segunda Guerra Mundial con la creación del Estado Social, permitiendo a su vez que las reivindicaciones fueran mucho más allá en relación con la emancipación de las mujeres, los derechos civiles del conjunto de minorías étnicas, y también como no con la sexualidad. David Bowie y esa primera etapa suya, con lo que significó el glam rock, jugó un papel tan rupturista con lo establecido que dio paso a la reivindicación de las relaciones personales basadas en la libertad individual, atestando un golpe al heteropatriarcado del que ya no se recuperaría.

El cambio de las conservadoras y posvictorianas normas sociales fue importante en el mundo del rock, pero hubiera sido imposible sin el concurso de otras bandas y artistas que recogiendo la estela de Bowie, potenciaron esa imagen de un pop romántico, andrógino y en cierta manera autodestructivo.

Así, aunque los años 90 se iniciaron con la hegemonía estadounidense, con un sonido grunge preponderante gracias a bandas como Nirvana o Pearl Jam, a partir de 1994 las cosas habían cambiado. El nacimiento del britpop no sólo fue un fenómeno musical, sino que se convirtió en todo un revulsivo social que buscaba salir de la oscuridad thatcheriana para reivindicar al Reino Unido como el país que había renovado el rock en los 60 y que ahora lo haría de nuevo.

Grupos como Suede, Pulp, Oasis o Blur arrasaron, congregando a multitudes en sus conciertos, dentro y fuera de Gran Bretaña, convirtiendo al britpop en un fenómeno mundial. Pero también tenían ciertas diferencias entre ellos. Así, mientras que los dos primeros se reivindicaban como herederos directos de Bowie, The Smiths o Echo and The Bunnymen, los dos últimos rendían pleitesía a los padres fundadores del pop británico como The Beatles o The Kinks.

Lo cierto es que no les diferenciaba la influencia musical más directa, que compartían en realidad, sino la filosofía de banda. En realidad, aunque todos provenían de barrios obreros, tanto Oasis como en menor medida Blur, representaban la tradición ruda del rock de clase trabajadora, supporters de su equipo de fútbol, consumidores de pintas de cervezas en el pub y orgullosos de su clase.

Fueron, Suede y Pulp los que contribuyeron a alargar en el tiempo esa visión sofisticada y ambigua sexualmente que Bowie imprimió en el pop, siendo sus cantantes Brett Anderson y Jarvis Cocker alumnos aventajados, sin olvidar el puente generacional que juegan las letras de Morrissey. Destacan canciones como “Animal Nitrate” de Suede donde una relación homosexual, las drogas y la violencia se dan la mano, o la certera canción de Pulp “Common People” que describe a aquellas personas que intentan toda su vida ser como la gente corriente y que al fracasar en el intento acaban habitando una vida frustrante. Dos ejemplos perfectos de que la influencia de Bowie se encuentra en el universo de estos dos grupos, para goce y descubrimiento de sus seguidores, nuevos y no tan nuevos.

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