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La historia de la falla fetichista de Berlanga

por | 16 marzo 2021 | Exposiciones

El 19 de marzo de 1987 ardía en la Plaza del Ayuntamiento de València la falla municipal y surgía un sueño: el de Luis García-Berlanga y su amigo Manuel Vicent de plantar una falla allí mismo. Nacía ‘Història d’una mamella’, una atrevida propuesta enraizada en la que siempre fue una de las obsesiones berlanguianas; pero la iniciativa tardaría mucho tiempo en fructificar y no podría hacerlo en el lugar inicialmente previsto.

En efecto, dos décadas más tarde de aquella noche, la comisión Mossén Sorell-Corona conseguía materializar ese sueño y dar forma al arriesgado proyecto. “Hablamos de una más que centenaria falla —señala Glòria Tello, diputada del MuVIM— que se ha caracterizado durante años por una fuerte apuesta por la renovación estética y argumental, así como por la vinculación con la creatividad exterior al mundo fallero, y ello explica que aquel novedoso monumento pudiera ver finalmente la luz en el año 2007”.

Películas falleras y pirotécnicas

El vínculo con las fallas no era nuevo en la trayectoria de Luis García-Berlanga. Él mismo, en el discurso que pronunció al ser nombrado doctor honoris causa por la Universitat Politècnica de València, en 1997, dijo: “siempre he declarado que mis películas son falleras, pirotécnicas y rodadas sobre la base de la inspiración instantánea, es decir, el ‘pensat i fet’ del que alardeamos al menos yo y espero que algunos de los presentes”.

De la idea inicial para la falla municipal no existían bocetos —indica Miguel Ángel de Arco, miembro de la Asociación Cultural Falla Mossén Sorell-Corona— pero se contó con la entusiasta colaboración del director para dar forma al proyecto que se plantaría en el barrio del Carmen. “La primera propuesta mostraba una gran teta con peineta y trasera con portón catedralicio. Él planteó que en el interior se sirviera horchata y se realizaran otras actividades no habituales en el seno de los monumentos”.

Era el nacimiento de una falla especial, recordada en el tiempo; una falla singular, por venir de quien venía y por su peculiar historia. Un monumento muy representativo del universo berlanguiano que acabó convirtiéndose en un homenaje a la ciudad. Dada la entonces avanzada edad del cineasta, fue “la última idea que aportó a Valencia”, afirman —con reconocimiento— en la comisión fallera.

El libro ‘Berlanga: fallas de celuloide’ documenta aquella aventura, y el modelo tridimensional de la propuesta inicial, dedicado de puño y letra por Berlanga al poco de la caída que mermó sus facultades, puede contemplarse en la exposición ¡Viva Berlanga! Una historia de cine del MuVIM.

El objeto se encuentra junto a la maqueta finalmente realizada en madera por el artista Manolo García. Según Rafael Company —el director del museo— “la experiencia más emocionante de la exposición nos ha venido de la mano de la falla Mossén Sorell-Corona, ya que al prestarnos también el libro —de la colección ‘La Sonrisa Vertical’ de la editorial Tusquets— que el cineasta había dedicado a la falla poco antes del rápido empeoramiento de su salud, los visitantes pueden comprobar cómo la letra de Berlanga reflejó el empeoramiento de su estado físico”.

Una falla fetichista

Por otra parte, en octubre de 2009 —con motivo del XXX aniversario de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani— el festival rindió a Berlanga un merecido homenaje plantando, en la Plaza de la Almoina, una falla diseñada por la ilustradora Guillermina Royo-Vilanova, realizada por los artistas falleros Latorre y Sanz y cuya idea original partió de un regalo personal de la propia Guillermina para el director. En él se mostraba el busto de Luis García-Berlanga dentro de un gran zapato de tacón rojo, uno de los grandes fetiches del director.

Junto a este monumento (oportunamente restaurado para la ocasión), en la muestra del MuVIM puede contemplarse también el cartel diseñado por Francis Montesinos —al que el museo acaba de dedicar una exposición monográfica que clausuró el pasado enero— para el festival cinematográfico. “Un cartel que respira Valencia por los cuatro costados”, señala Amador Griñó, jefe de exposiciones del MuVIM, en el que Berlanga aparece “vestido con su fetiche favorito, el zapato femenino de tacón de aguja, y rodeado de las flores y productos de Valencia”.

Con la muestra dedicada a Berlanga, el MuVIM reivindica —en estos tiempos pandémicos tan difíciles— a artistas falleros y decoradores cinematográficos y teatrales, a los que se muestra agradecido: “un artista como Manolo García, que en 2007 plantó la falla berlanguiana en Mossén Sorell-Corona, ahora ha sido una de las personas que ha permitido realizar la exposición con la que, desde València, se ha abierto el Año Berlanga en España”.

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