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La ópera que llega a Valencia

por | 7 septiembre 2015 | Reportajes

Los títulos programados muestran la búsqueda de una mayor variedad, y Les Arts, tras todas sus tribulaciones, ha conseguido armar un repertorio de calidad, incorporando obras del barroco y del siglo XX, que venían siendo orilladas en temporadas anteriores. Pero también se manifiesta la escasez de presupuesto en unos repartos en los que apenas figuran nombres reconocidos del ámbito operístico que puedan atraer al gran público, con la salvedad de Plácido Domingo y Gregory Kunde, recurriendo en muchas ocasiones a cantantes procedentes del Centre Plácido Domingo. 

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Tras la fulminante salida de Helga Schmidt, intendente del Palau de les Arts durante 15 años, debido a supuestas irregularidades financieras, su cargo ha sido ocupado por  Davide Livermore, que estaba destinado a ser su sucesor natural. El italiano, que desarrolló una carrera como belcantista durante 22 años, pero que también fue bailarín, se ocupó del diseño de vestuario e iluminación hasta convertirse en un reputado director de escena cuyos trabajos ya habían podido ser vistos con frecuencia en el coliseo valenciano. Livermore afirma que en un teatro de ópera tan joven como el de Valencia se necesita formar al público en el gran repertorio, pero también abrirlo, porque la gente de aquí no ha tenido la oportunidad de escuchar en su ciudad títulos que son ya fundamentales en otras partes del mundo.

Las obras que llenarán la temporada 2015/2016 se han dado a conocer bastante antes de lo que estábamos acostumbrados, y se ha propuesto, por primera vez, un encuentro con los abonados en el Teatre Martín i Soler para darles la información; una práctica habitual en otros teatros de ópera, y que se agradece que el Palau incorpore como declaración de una búsqueda de mayor cercanía. También cabe aplaudir el hecho de que antes del inicio de la temporada de abono, se ofrecerá una pretemporada, en la que se presentarán cinco espectáculos a precios más económicos.

Los títulos programados dejan claro la búsqueda de una mayor variedad, y Les Arts, tras todas sus tribulaciones, ha conseguido armar un repertorio de calidad, incorporando obras del barroco y del siglo XX, que habían venido siendo orilladas en temporadas anteriores; pero también se manifiesta la escasez de presupuesto en unos repartos en los que no figuran  casi nombres reconocidos del ámbito  operístico que puedan atraer al gran público, con la salvedad de Plácido Domingo y Gregory Kunde, recurriendo en muchas ocasiones a cantantes procedentes del Centre Plácido Domingo. Mención aparte merece las enormes dificultades que ha conllevado la búsqueda de un director musical titular para la Orquesta de la Comunitat Valenciana, que se ha solventado con un insólito triunvirato: Roberto Abbado dirigirá dos óperas, Fabio Biondi otras dos y Ramón Tebar una; siendo las tres restantes dirigidas por maestros invitados, así como en el caso de la zarzuela.

Davide Livermore comienza la temporada rescatando una producción que lleva su firma, ya que es el responsable de la dirección escénica de “La Bohème” de Puccini (1858-1924) en una coproducción del Palau de les Arts y la Opera Company of Philadelphia que pudimos ver ya en 2012, aunque en esta ocasión sin la sobresaliente dirección musical de Riccardo Chailly, que se verá remplazado en la batuta por Manuel Coves y un reparto de cantantes salidos del Centre Plácido Domingo. El trabajo de Livermore, que dejó muy buen recuerdo por su clásica pero tremendamente eficaz puesta en escena, podrá verse el 2, 4, 7, 10 y 12 de octubre. Puccini, una vez más, vuelve a Valencia, y lo hace con uno de sus títulos más emblemáticos, lleno de melodías memorables, basado en la novela escrita por Henry Murger “Escenas de la vida bohemia”.

Será el 8 de octubre cuando el director Fabio Biondi, una autoridad en música antigua y barroca y fundador del conjunto Europa Galante,  debute en Les Arts (aunque lo hará en el auditorio), dirigiendo un programa dedicado a Mozart que incluye la Sinfonía 31 “París” y la Cantata Davide Penitente que contará con la prodigiosa soprano Jessica Pratt, Antonio Siragusa y Manuela Custer. Al día siguiente, 9 de octubre, Biondi será también responsable de protagonizar en el Teatre Martin y Soler un atractivo concierto titulado “El violín en el siglo de las luces”.

La zarzuela, siempre presente en el teatro valenciano -aunque algunos hubiéramos deseado una fidelidad menos extremada- llega los días 29 y 31 de octubre y 3 y 6 de noviembre. En este caso el título exhumado es “Katiuska, la mujer rusa”, de Pablo Sorozábal (1887-1988), una obra más cercana a la sensibilidad de la opereta, estrenada en 1931 y ubicada en la Revolución rusa, que tras la guerra civil, por motivos obvios, paso a ser conocida como “Katiuska” a secas. Desembarca en una coproducción del Teatro Arriaga de Bilbao, el Teatro Camoamor de Oviedo, y el Teatro Calderón de Valladolid, contando con la dirección escénica de Emilio Sagi y musical del presente director del Teatro de la Zarzuela de Madrid, Cristóbal Soler. Nombres valencianos como Maite Alberola y Javier Agulló encabezan el reparto. La pretemporada se cerrará en el auditorio, con Roberto Abbado dirigiendo un programa sinfónico dedicado al francés Hector Berlioz, en el que se ofrecerá la célebre “Sinfonía Fantástica” y la poco frecuentada “Lélio” (o el retorno a la vida), una fastuosa secuela que incluye orquesta, narrador, solista, coro y pianos, que se beneficiará de la participación del actor Javier Cámara.

“Macbeth” de Giuseppe Verdi será la encargada de dar inicio a la temporada de abono el 5 de diciembre, en una producción del Teatro de la Ópera de Roma, programada también el 8, 11, 14, 17 y 20 de diciembre. La dirección escénica correrá a cargo de Peter Stein y en el foso nos reencontraremos con el húngaro Henrik Nánánasi, que causó una muy grata impresión la pasada temporada con “El castillo de Barbazul” de Béla Bartók. En el reparto destaca Plácido Domingo en el papel principal, y la rusa Ekaterina Semenchuk, como Lady Macbeth.

Se trata de una de las óperas más interesantes de la primera etapa de Verdi, los llamados “años de galeras”, debido al frenético ritmo de trabajo al que se veía sometido por contrato. Un período estajanovista del que ya hemos podido ver en temporadas precedentes “Nabucco”, “Luisa Miller” o “Simon Boccanegra”, del que el compositor logró salir gracias al enorme éxito de su trilogía popular: “Rigoletto”, “Il Trovatore” y “La Traviata”. Es también un temprano ejemplo de la fascinación de Verdi por Shakespeare, que daría lugar a espléndidas obras de madurez como la bellísima “Otelo” o “Falstaff”, un cierre cómico para una carrera puesta al servicio de la tragedia que da protagonismo al personaje que en cine interpretaría Orson Welles en “Campanadas a medianoche”.

https://www.youtube.com/watch?v=mn8udMre8fc

El barroco, escasamente programado en el Palau, estará representado por la poco conocida “Silla” de Händel (1685-1759), que el 12, 16 y 19 de diciembre podrá verse en el Teatre Martín i Soler. Como era de esperar será Fabio Biondi, experto en este repertorio, el responsable de ponerse al frente de la primera de las nuevas producciones del teatro valenciano, con dirección escénica de Alessandra Permoli y cantantes del Centre Plácido Domingo.

Desde la inauguración del Palau de les Arts pocas son las óperas barrocas que se han ofrecido,  destacando “Orlando” de Händel en la Sala Principal y “Dido y Eneas” de Purcell en el Teatro Martín i Soler. Sin duda la escasez de presupuesto ha impedido su programación con más asiduidad y el Teatre Martín i Soler, infrautilizado, es idóneo por tamaño y acústica para la ópera barroca y de cámara, y también perfecto para recitales de lied. Por otra parte, tendría interés programar más este repertorio, ya que la exuberancia del barroco acostumbra a atraer a un público más joven del que suele acudir a ver el repertorio tradicional, formado en su mayor parte por obras del XIX, con lo que sería recomendable que todo teatro que quisiera seguir vivo ofreciera este tipo de espectáculos con cierta frecuencia, para conseguir nuevos espectadores, por no hablar de la enorme riqueza y atractivo de una cantidad ingente de obras que a día de hoy, pese a haber una mayor difusión, siguen durmiendo el sueño de los justos.

Otro de los momentos álgidos de la temporada lo marcará “Sansón y Dalila”, del francés Camille Saint-Saëns (1835-1921), en una producción del Teatro de la Ópera de Roma, con dirección escénica de Carlos Padrissa y La Fura dels Baus, que aterrizará los días 12, 14, 17, 20 y 23 de enero de 2016. Roberto Abbado será el encargado de empuñar la batuta, y al frente del reparto se encontrarán el magnífico tenor norteamericano Gregory Kunde y la mezzosoprano armenia Varduhi Abrahamyan, que tras representar el papel de Adalgisa en “Norma”, se enfrentará al reto de abordar páginas tan comprometedoras como la hermosa “Mon coeur s´ouvre à ta voix”.

La Fura, que en el Palau ya se encargó de poner en escena la Tetralogía de Wagner y “Los troyanos” de Berlioz, propone un espectáculo controvertido, no podría ser de otra forma, en el que partiendo de la anécdota bíblica, se teje una metáfora muy actual acerca de los recortes que ha sufrido un estado del bienestar a causa de la deuda financiera. A Sansón, que según Padrisa somos todos, le han cortado los largos cabellos de sus pasiones materialistas y le han arrancado los ojos con los que podía ver los miles de anuncios que le incitaban al consumismo compulsivo.

https://www.youtube.com/watch?v=kpbFMcEZ-i0

El interés se mantendrá los días 25 y 28 de febrero y 2, 5 y 9 de marzo debido a la reposición de “Aida”, de Verdi, en la coproducción del Palau de les Arts con la Royal Opera House Covent Garden de Londres y la Den Norske Opera & Ballet de Oslo, con una dirección artística que también resulta innovadora y atrevida a cargo del prestigioso David McVicar que pudimos ver con motivo del inicio de temporada 2010/2011, aunque el anuncio de limar algunas de sus aristas más escandalosas sea del todo innecesario y gazmoño. En esta ocasión, este celebérrimo título de la madurez del compositor de Roncole, estrenado en 1871 en El Cairo, será interpretado por Oksana Dyka y Lucrecia García, alternándose en el papel principal, contando con el reciente Des Grieux de “Manon Lescaut” de Puccini, Rafael Dávila, y Marina Prudenskaya. Y el clasicismo será abordado desde una perspectiva historicista, gracias a la batuta de Fabio Biondi al frente de “Idomeneo” de W. A. Mozart (1756-1792), el 21 y 24 de abril, y el 1 y 4 de mayo. El día 28 la dirección correrá a cargo del castellonense Sergio Alapont. En el reparto repetirá Gregory Kunde y Livermore será otra vez el encargado de la dirección escénica de esta obra mucho menos conocida que aquellas en las que el compositor de Salzburgo se confabuló con el libretista Lorenzo da Ponte (“Così fan tutte”, “Don Giovanni” y “Las bodas de Figaro”).

Si la presencia de Mozart es una constante habitual en los teatros, mucho más atrevida resulta la inclusión de un título ferozmente actual, como la ópera de cámara “Café Kafka”, compuesta por el joven valenciano Francisco Coll partiendo de un texto de la australiana Meredith Oakes inspirado en los inquietantes relatos breves del checo Franz Kafka. La obra, estrenada con notable éxito en Londres, llegará los días 22, 25 y 28 de mayo, en una nueva producción del Palau de les Arts, que cuenta con Alexander Herold al frente del apartado escénico y con Jordi Bernàcer en el foso; el elenco una vez más se nutrirá con cantantes del Centre de Plácido Domingo.

La ópera contemporánea, habitualmente con escasa presencia el Palau, volverá a estar presente gracias uno de los compositores que más títulos ha añadido al repertorio: el británico Benjamin Britten (1913-1976). En “El sueño de una noche de verano” – siguiendo la querencia literaria que le llevó también a adaptar a Henry James, Herman Melville y Thomas Mann en “Otra vuelta de tuerca”, “Billy Budd” y “Muerte en Venecia”, respectivamente – parte de un texto de Shakespeare. Si Verdi en “Macbeth” convulsiona con su virulento melodismo una de las obras más negras del bardo inglés, Britten pone música a un delicioso enredo; distanciado del romanticismo de Mendelssohn, mira hacia el lado más feérico y liviano del barroco, evocado con clavicordios y voces de contratenor, que se enlazan con las fantasmagorías de la vanguardia. La obra llegará los días 10, 12, 14, 16 y 18 de junio con Paul Curran a cargo de la escenografía, Roberto Abbado a la batuta, y un reparto en el que sobresalen Christopher Lowrey, Nadine Sierra y Alfonso Antoniozzi.

Siguiendo lo que parece una de las constantes de la programación de esta temporada nos encontraremos con conciertos en los que la música se mezclará con lo escénico: el 26 de mayo podremos disfrutar en el Auditori de la soberbia “Juana de Arco en la hoguera”, del compositor suizo Arthur Honegger con libreto de Paul Cladel; un oratorio dramático que Rossellini adaptó al cine con Ingrid Bergman, que nos llegará en la dirección musical de Jordi Bernàcer y con la colaboración de la actriz valenciana Rosana Pastor; otro concierto espectáculo será el que partirá el 23 de junio de “El sueño de una noche de verano”, en la recreación de Mendelssohn, interpretado por Rossy de Palma y dirigido por Ramón Tebar. Completando la programación, hay, como siempre, espacio también para la danza: “Lobby”, inspirado en “La mesa verde” de Kurt Jooss/Fritz Coheen, con la participación del Ballet de la Generalitat los días 3, 4 y 6 de marzo; y “Don Quijote”, de Ludwig Minkus, el 12, 13, 14 y 15 de marzo, a cargo de la Compañía Nacional de Danza.

Seguro que el público valenciano responderá con su asistencia a esta programación, como viene haciéndolo habitualmente, demostrando que este proyecto, ninguneado por gobiernos estatales de todo signo, tiene su público y puede contemplarse más allá de rivalidades entre grupos políticos y cuestiones jurídicas. Deberíamos de una vez por todas ser capaces de dejar de lado prejuicios, visiones decimonónicas y complejos provincianos, para ser capaces de entender que la cultura operística históricamente siempre ha estado presente, y no es exclusiva de una élite sino un maravilloso legado que es patrimonio universal.

Sería  una pena que un proyecto semejante terminara convertido en un recinto dedicado a banquetes de boda, musicales, bandas de música y cantantes pop de dudosa categoría. Al margen de cuestiones derivadas de la política del pelotazo que tanto han azotado la Comunitat Valenciana, centrándonos en una perspectiva puramente artística, que en ocasiones parece que no interesa, el proyecto de Les Arts es uno de los más sólidos que se ha dado en el ámbito musical en los últimos años, consiguiendo afinar en poco tiempo una de las mejores orquestas de España. Esperemos que pueda seguir ofreciéndonos espectáculos de calidad.

 

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