La Ópera son los otros

por | 13 octubre 2017 | Reportajes

La imagen de Lucrecia Bori, la soprano valenciana que fuera considerada la reina del Metropolitan Opera House de Nueva York durante los años 30, preside de nuevo la programación del Palau de Les Arts. Tal vez sea un guiño al deseo de vindicar la tantas veces cuestionada tradición operística de nuestra ciudad, así como una forma de marcar una continuidad respecto a la línea que ha ido trazando Les Arts desde el nombramiento de Davide Livermore como intendente.

33205_PeterGrimes_JohanJacobs_23Peter Grimes: © Johan Jacobs / De Munt La Monnaie

 

Permanecen las batutas titulares de Fabio Biondi y Roberto Abbado, contando con Ramón Tebar, recientemente nombrado nuevo director de la Orquesta de València -algunos apuntan que de forma precipitada-, como principal invitado. Gregory Kunde y Plácido Domingo serán otra vez parte de los puntales de una equilibrada programación que se beneficiará, a pesar del ajustado presupuesto, de la presencia de otras figuras de primer nivel como Violeta Urmana, Mariella Devia, Michael Fabiano, Lianna Haroutounian o Henrik Nánási. Se mantienen los precios populares de una pretemporada que este año adquiere más peso que nunca, contribuyendo, junto a un gran número de actividades divulgativas, a que Les Arts muestre una cara más cercana. Y a los títulos más conocidos del repertorio italiano, habituales en Les Arts y un imán para el público valenciano, se suma la loable apuesta por obras poco frecuentadas que constituyen un maravilloso legado cultural a reivindicar.

La pretemporada se abrirá por primera vez con una nueva producción. Puccini (1858- 1904) tomará Les Arts del 11 al 22 de octubre con “Madama Butterfly”, su ópera predilecta. Basada en un texto del norteamericano David Belasco, narra la relación entre Butterfly (Cio-Cio-San), una geisha de 15 años, y Pinkerton, un oficial de la Marina estadounidense. La dirección escénica correrá a cargo del joven valenciano Emilio López y el aplaudido director venezolano Diego Matheuz cogerá las riendas de la dirección musical. La soprano Liana Aleksanyan y el tenor Sergio Escobar encabezarán el reparto de esta obra en la que el exotismo centellea con milagrosa naturalidad; sin embargo, es en la sutileza con la que traza la deriva psicológica de su heroína donde el maestro italiano logra su mayor triunfo. Si “La Bohème” es un drama sobre la juventud perdida, encarnada por Mimì, que entra en escena herida ya de muerte, la de Butterflly será la tragedia de la adolescencia traicionada. Tal vez por esa razón continúa siendo tan profundamente conmovedora.

Otros atractivos reclamos completan la pretemporada. La cita con el repertorio español ha sido desde siempre una constante en Les Arts; pero este año, en lugar de la acostumbrada zarzuela, se programará “El amor brujo”, la impetuosa gitanería de Manuel de Falla (1876-1946), que cumple 100 años. Irrumpirá del 10 al 16 de noviembre, junto a fragmentos de otras obras del compositor gaditano, en un espectáculo incendiario -literalmente- orquestado por La Fura dels Baus. Fabio Biondi, encargado también de dirigir un concierto con música de Händel y Rameau el 5 de octubre, y la “Petite Messe Solennelle” de Rossini el 7 del mismo mes, será el responsable de empuñar la batuta ante “Le Cinesi”, un encantador capricho rococó de Christoph Willibald Gluck (1714- 1787) que podremos degustar en versión de concierto el 2 de noviembre.

don_carlo_10_BarbaraAumüller_hfDon Carlo por Barbara Aumüller

Hablar de Giuseppe Verdi (1813- 1901) es hablar de la ópera del siglo XIX en toda su amplitud, y la temporada propiamente dicha de Les Arts se abre con uno de sus títulos mayores: “Don Carlo”, en escena del 9 al 21 de diciembre. Violeta Urmana, Alexánder Vinogradov y Plácido Domingo, con Ramón Tebar al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, serán los responsables de levantar esta catedral sonora que sigue las convenciones de la gran ópera francesa. Su trama parte de un texto teatral de Schiller que discurre entre las intrigas palaciegas y los fantasmas que habitaron El Escorial durante el reinado Felipe II -su estreno en París provocó la desaprobación de la esposa de Napoleón III, la española Eugenia de Montijo-. Para pintar estas sombras, la orquesta se transforma en un personaje más, cubriendo a los personajes con un tejido denso y palpitante. A destacar el aria de Felipe II “Ella giammai m’amo”; nunca a un supuesto villano se le dedicó un momento tan emocionante.

Tras “El sueño de una noche de verano” y “Otra vuelta de tuerca”, Benjamin Britten (1913- 1976), tal vez el compositor del siglo XX que ha añadido más obras al repertorio operístico, aterriza otra vez en Les Arts. Del 1 al 13 de febrero se programa “Peter Grimes” con la fiable dirección musical de Christopher Franklin; y una de las figuras más atrayentes asociadas a Les Arts, el estupendo tenor norteamericano Gregory Kunde, dará vida al complejo personaje titular. Se trata de la ópera más importante compuesta por un británico desde que Purcell estrenara, en el lejano 1688, “Dido y Eneas”. A través de un prólogo y 3 actos, precedidos de unos delicados interludios orquestales que bosquejan estampas marinas, asistimos a la marginación de Peter Grimes, un pescador que vive en un pequeño pueblo inglés, que, debido a la presión, acabará suicidándose. Más allá de la anécdota, la obra de Britten muestra el rechazo por parte de la sociedad al diferente y la existencia de fascismos cotidianos -del mismo modo que haría Peter Fleischmann en la película “Escenas de caza en la Baja Baviera”-. En este sentido, las implícitas referencias a la homosexualidad del protagonista resultan claras, convirtiendo “Peter Grimes” en la piedra angular de una indagación de la que Britten extraería nuevas aristas en “Billy Budd” y “Muerte en Venecia”.

Si la pasada temporada nos topamos con “Philemon und Baucis”, una deliciosa ópera para marionetas de Josep Haydn (1732- 1809) -mucho más conocido, por otra parte, por sus obras instrumentales-, Les Arts nos da la posibilidad, del 8 al 14 de marzo, de acercarnos a otra inesperada obra del vienés. “Il mondo della luna” es una ópera bufa que pone música a un texto de Carlo Goldoni y coquetea con desenvoltura frente a un terreno colindante a la ciencia ficción. Esta sátira palaciega, en la que subyace una ingeniosa crítica social, se vestirá como un chispeante espectáculo de cabaré de la mano del experimentado Emilio Sagi. Y nos reencontraremos con Verdi del 1 al 10 de abril, ahora con la muy poco representada y bastante cuestionada “Il corsaro”, que sorprenderá por su romanticismo arrebatado -no en vano levanta su vuelo a partir de un poema de Lord Byron-. La defenderán Fabio Biondi y Nicola Raabb en una nueva producción que el emergente tenor Michael Fabiano llenará de interés.

Les-Arts---La-Fura-y-el-Amor-BrujoEl amor brujo. El fuego y la palabra. © Miquel González

También contará con el reclamo de una gran estrella, la soprano Lianna Haroutounian en este caso, “Tosca”, otro de los títulos más celebrados de Puccini. Del 6 al 21 de mayo, se verá en una producción a cargo de Davide Livermore. Sin embargo, a pesar de los tan queridos remansos de lirismo de Puccini, en ocasiones esta partitura puede hacer perder pie al oyente. Es el caso de sus tres violentos acordes iniciales; no es algo gratuito, con ellos se identifica a Scarpia, uno de los protagonistas, el jefe de policía política, un auténtico sádico que siembra el terror en la Roma del 1800 -y el personaje más religioso de la obra, lo que causó escándalo en su momento-. Ambientada cuando Napoleón venció a las austriacos y se internó en el norte de Italia, plasma un contexto turbulento y se convierte en una perfecta metáfora del terror ligado a la dictadura. Es quizá la aportación más verista del compositor por su pulso dramático y su descarnada plasmación de la violencia, la urgencia de un desarrollo que se adelanta a lo cinematográfico, lo exacerbado de un dramatismo heredado del Verdi más vehemente. Además, desarrolla su trama en localizaciones precisas, con su icónico desenlace en la terraza del castillo de Sant’ Angelo al despuntar el alba.

El mito de Fausto se ha visto como símbolo del artista que vende su alma al diablo y como síntoma de las sociedades que, con un paso de baile, se precipitan al abismo. Gounod consiguió hacer de su “Fausto” la ópera más representada de su tiempo, en cambio Berlioz (1803-1869), mucho más atrevido, creó una pieza singularísima, un cuerpo híbrido entre la ópera y la sinfonía, que definió como “una leyenda dramática”, y que en su día se consideró irrepresentable. Afortunadamente ya no hay reto que no acepte un director de escena, y Damiano Michielleto, que repite en Valencia tras “L’elixir d’amore”, se encargará de demostrarlo del 20 al 29 de junio en una nueva coproducción con la Ópera de Roma y el Teatro Regio de Torino que se apoyará en el talento de Roberto Abbado.

El 24 y 28 de junio, en un concierto-espectáculo, Fabio Biondi dirigirá “La clemenza di Tito”, la última ópera que compuso Mozart (1756-1791). Salieri y Haydn fueron los primeros nombres que se barajaron para este encargo con motivo de la coronación del emperador austriaco Leopoldo II como rey de Bohemia; una costumbre que se prologaría en el tiempo: “Gloriana” de Britten, que fabula en torno a los Tudor, se representó coincidiendo con la subida al trono de Isabel II. La historia antigua sirve para trazar una alegoría política en la que es fácil identificar al César con el gobernante de turno, conectando con el ideal humanista de la masonería, así como un ruego de clemencia al soberano ante las acometidas nacionalistas que amenazaban con resquebrajar el Imperio. El resultado es una gran ópera neoclásica de tema histórico -la más popular de Mozart durante el siglo XIX, hoy oscurecida por sus traviesas colaboraciones con Da Ponte-, rebosante de momentos majestuosos, y un claro precedente del “Fidelio” de Beethoven.

En cuanto a los conciertos, destacamos el que dirigirá Roberto Abbado el 13 de diciembre, y que incluirá “Mathias el pintor” de Hindemith y la Sinfonía número 1 de Beethoven. Gustav Mahler, que ha conseguido desbancar al músico de Bonn como el favorito de los auditorios, será el protagonista el 25 de mayo con su monumental Sinfonía número 7, también bajo la batuta de Roberto Abbado. El romanticismo alemán hará acto de presencia a través de distintos fragmentos de óperas de Wagner – “Tristán e Isolda” o “La Valquiria”- el 20 de abril de la mano del húngaro Henrik Nánási, que nos dejó un estupendo sabor de boca con su “Werther” demostrando la excelencia que puede extraerse de la Orquesta de la Comunitat Valenciana. La soprano Mariella Devia también deslumbró la pasada temporada -memorable su “Lucezia Borgia”-, y el 2 de junio volverá a defender, en un concierto lírico, que es una de las figuras indiscutibles del Bel canto. Y, claro, como siempre la danza también tendrá su lugar: del 22 al 25 de febrero la Compañía Antonio Gades ocupará la Sala Principal de Les Arts con “Carmen”, un ballet inspirado en la novela de Mérimée, que entrelaza la música de Bizet, lo lorquiano y el flamenco.

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