La València de Vox

por | 11 noviembre 2019 | Opinión

En las elecciones de 2016 Vox consiguió 6.055 votos en la Comunitat Valenciana. En abril de 2019 lograron 321.989. Ayer 467.019. En un primer análisis se podría pensar que la debacle de Ciudadanos explicaría el auge de la derecha radical, pero los datos actuales muestran, parcialmente, otra perspectiva. Un sector de los votantes de Ciudadanos tiene un perfil ideológico, y épico, bajo, es pragmático, y esta vez una parte se ha quedado en casa cuando su partido se ha mostrado incapaz de ejercer la labor de ayuda a la gobernabilidad. Rivera se descabezó al no permitir que Sánchez fuera presidente, y una vez convocadas nuevas elecciones se quedó sin estrategia, y su electorado prefirió la abstención, irse al PP (gana 85.452 votos) o votar a Vox (aumenta 145.030 votos). Pero Vox ya ha empezado, con 300.000 exvotantes de izquierda de este país, a sumar en los barrios obreros.

El PSPV ha caído en 46.284 votos, que sumados a los de Unides Podemos (-43.315) se convierten en casi 90.000 votos perdidos por la izquierda valenciana. El efecto Errejón no existió, ya que Compromís sólo crece unos pírricos 2.341 votos con el añadido Más País (Oltra tenía razón en buscar la triple entente). El castigo electoral (en votos, que no en escaños) a Sánchez e Iglesias era algo que vio venir todo aquel con sentido común excepto los jefes de gabinete de ambos: cualquier sentencia judicial del Procés, desde la absolución hasta la rebelión, iba a traer consecuencias que afectarían electoralmente a toda la izquierda, incluida ERC, y que beneficiaría a los partidos extremistas. También beneficia a Vox su, por ahora fingido, cambio discursivo: de un populismo tradicionalista ligado al sustrato ultracatólico, agrario y de clase urbana alta o media-alta, muy cercano al neoliberalismo económico de Faes, va a intentar mutar en la estrategia del Frente Nacional francés cimentada en un Estado social benefactor para penetrar en las periferias.

En la ciudad de València, solo Benimaclet y Poblats Marítims resisten con Unidas Podemos como tercera fuerza, en el resto lo es Vox. Y son segundos en El Pla del Real, L’Eixample, Poblats de l’Oest y Ciutat Vella. Son los más votados en poblaciones como Náquera, Serra y Pobla de Vallbona (militares del cuartel de la OTAN y clase alta chaletista y chalequista), pero también en Algemesí o Carcaixent (atención al discurso antiglobalización que podría calar en el agro citrícola valenciano), y por supuesto en casi toda la Vega Baja (valencianos en el mapa, murcianos de facto: Vox ha ganado las elecciones en Murcia con el 30% de los votos).

Con este panorama, y una posible crisis económica en 2020, el próximo movimiento de Vox será fagocitar al PP, y lo va a intentar patrimonializando la exaltación en exclusiva del nacionalismo español frente al conflicto catalán e impulsando, allí donde tenga influencia institucional, sus medidas sociales para limitar derechos de los inmigrantes, aumentar el poder policial, acabar con la libertad de culto de la población musulmana y socavar las políticas de igualdad y medioambientales. Y si logra este propósito sólo le quedará la izquierda enfrente.

Así que ha llegado el momento de que los spin doctors, y demás asesores públicos, empiecen a ejercer con eficacia su trabajo y saquen la artillería pesada para denunciar las contradicciones del relato económico de la ultraderecha, así como la evidente vulneración de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y de la Declaración Universal de las Naciones Unidas que constituye su argumentario social. Desde aquí, sólo les rogaremos que no vuelvan a convocar elecciones hasta que no exista un acuerdo en una mesa de negociación de los partidos políticos con voluntad de solucionar el conflicto catalán, porque sólo cuando la clase política sofoque ese incendio emocional se detendrá a Vox.

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