Lagartija Nick, modernidad avasalladora

por | 1 marzo 2016 | Reportajes

A su vuelta de Nueva York, Lorca dijo que los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son la arquitectura inhumana y el ritmo furioso. Geometría y angustia. “Poeta en Nueva York” puso en escena el choque entre el hombre y la máquina, entre la tradición y la asepsia de la modernidad. 

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Una desolación vacía que justificaría hasta el crimen, que fue vertida, para escándalo de puristas, en un aullido musical que mezclaba con insolencia el flamenco más puro con la tormenta de los instrumentos eléctricos. De esta forma nació Omega, uno de los trabajos más arriesgados del llorado cantaor Enrique Morente, que marcó un hito al fusionar lo jondo con la fiereza del rock, dos entornos que en ocasiones tienden a considerar el atrevimiento como una falta de lealtad. El disco, publicado en 1996, reunía 13 adaptaciones de la obra del poeta granadino y versiones de Leonard Cohen, contó con los gruñidos eléctricos de Lagartija Nick, y con la colaboración de grandes nombres del flamenco como Vicente Amigo o Tomatito.

El público más conservador se rasgó las vestiduras y lo tildó de extravagante bajada a los infiernos, pero años más tarde comprobamos que su modernidad permanece intacta, dando lugar a una corriente de modernidad avasalladora. Pero la osadía estuvo presente en la trayectoria de Lagartija Nick desde los orígenes.

En 1989 Antonio Arias dejó los legendarios 091 para fundar junto a Eric Jiménez (por aquel entonces batería de KGB) el grupo Lagartija Nick – nombre tomado de una letra de los británicos Bauhaus. Tras Hipnosis (1991), llegaría un trabajo tan emblemático como Inercia (1992), que contó con el toque de barita de Owen Davies a la producción (colaborador de bandas como Manic Street Peachers, The Jam, Rolling Stones…). Y su sonido se oscureció considerablemente con SU (1994). Fue el preludio de la inmensidad de Omega, que los arrastró durante los siguientes 15 años por todo el mundo. El encuentro feliz con la poesía tendría un nuevo capítulo en Omar (1998), que gira en torno a la figura del poeta José Val del Omar: una aproximación que cambiaría por siempre su forma de entender las letras.

Con Los Evangelistas Antonio Arias se confabuló con miembros de Los Planetas -grupo que desde hace años ha contaminado su liturgia sideral con el embrujo del flamenco- para dar continuidad a ese rito iniciático que supuso Omega a través del emocionante y elegiaco Homenaje a Enrique Morente (2012). Vertiendo al lenguaje del rock parte del cancionero del maestro, el milagro volvió a manifestarse; se hizo sentir el pellizco ansioso del duende que sigue germinando en algunas de las propuestas más interesantes del panorama actual: Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández “Refree” llamaron a su disco granada (2015) no únicamente por el artefacto mortífero y el fruto generoso, sino por ser el nombre de la ciudad en la que Lagartija Nick y Morente gestaron sus alquimias.

Un punto experimental y de víscera que la directora de cine Paula Ortiz traslada a “La novia”, hipnótica traducción de “Bodas de sangre” de Lorca, a través de una banda sonora ecléctica, que aúna tradición y vanguardia, en la que destaca una vibrante vuelta de tuerca en torno a “Pequeño vals vienés”, que Omega elevó a mito, a cargo de la chilena afincada en Valencia Soledad Vélez. Y Niño de Elche, una de las revelaciones de la pasada temporada, ahonda en los surcos de estas músicas libres de prejuicios, enredando el flamenco y el krautrock en una batalla en la que gana la belleza.

Foto: José Albornoz

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