León Benavente, de un país en llamas

por | 10 septiembre 2014 | Cultura pop

Si tenemos en cuenta que León Benavente reventaron el aforo de la sala Wah Wah en su primera actuación en Valencia, el 14 de diciembre del año pasado, reviste completa lógica que su segunda visita a la ciudad esgrima el oropel de las grandes ocasiones, destinado a esos locales de mayor capacidad, en los que cualquier promotor ha de apostar sobre seguro si no quiere verse abocado a uno de esos pinchazos en taquilla de los que cuesta recuperarse. La banda radicada en Madrid parece ahora mismo uno de los valores más seguros de nuestra escena independiente, aunque sea desde esa estimable segunda división (en términos populares) que ha de despachar su producción aún bajo los últimos rayos de sol en cualquier festival de verano, lejos de la aceptación masiva de la que gozan los Vetusta Morla, Lori Meyers, Izal, Love of Lesbian y demás propuestas sumidas en la medianía creativa y el eco superlativo.

Leon-Benavente (1)

Precisamente esos festivales son los que más les han servido para ir curtiendo su repertorio en grandes recintos, bordeando el riesgo de sobreexposición de unas canciones que fueron (en su mayoría) editadas hace cerca de un año y medio, con la salvedad de los cuatro temas que integraron el EP Todos Contra Todos, en diciembre pasado. El contrastado oficio y la compenetración que muestran en escena Abraham Boba, Edu Baos, César Verdú y Luis Rodríguez es de tal calibre que da la sensación de que podrían interpretar el mismo concierto cada noche con los ojos vendados. Y dado que lo que comenzó como un bosquejo paralelo ha ido adquiriendo con el tiempo visos de proyecto estable y próspero (refrendado incluso con dos Premios de la Música Independiente en 2013), nadie podría culparles por exprimir un cancionero que les ha reportado mejores réditos de lo que seguramente hubieran podido imaginar, tanto desde el ámbito de una creciente legión de fans como (sobre todo) desde el de la crítica.
La buena acogida que se les ha dispensado obedece a factores indefectibles: quizá desde la irrupción de Los Planetas, ninguna banda había conseguido tal conexión generacional a través de una imaginería lírica tan sencilla como efectiva, repleta de simbolismos que traslucen el lógico grado de desaliento ante un contexto socio-político tan pútrido que reduce a la mínima expresión el protagonismo de varias quintas que rondan los 30-40 años. La generación de aquellos que ya son quizá demasiado mayores para emigrar en busca de un mejor porvenir. En sintonía con los guiños imbricados en sus textos, su música revela una inclinación por los ochenta más sombríos (el post punk de Joy Division, la majestuosidad de Nick Cave) que no es en modo alguno incompatible con la sombra de Nacho Vegas, ya que los cuatro han formado parte de sus giras como músicos o técnicos de sonido, y en buena lógica comparten sello (Marxophone). De hecho, la gira primaveral del asturiano fue apenas el único parón en su estajanovista actividad conjunta sobre los escenarios. Súmenle a ello el implacable poso kraut rock que lucen algunos de sus temas, sostenidos en directo por la vigorosa base rítmica formada por César Verdú (su adscripción a Schwarz explicita ese sesgo kraut) y Edu Baos (Tachenko). Y la indudable valía de un repertorio hasta ahora sobresaliente, que se mantiene todavía sin demasiada necesidad de oxigenación (aunque anuncian visita al estudio para 2015), y darán con una fórmula que parece caída del cielo. Una de esas alquimias que irrumpen en el momento justo y en el enclave preciso.
Pueden haberles visto ya antes. En el Primavera Sound, en el SOS 4.8, en el Low Festival, en el Arenal Sound, en el Sonorama o en cualquier otro festival o pequeña sala de nuestra geografía. Pero en pocos lugares disfrutarán más de su volcánico directo que en La Cambra, el recogido nuevo recinto ubicado en el sexto piso de Espai Rambleta, el próximo 26 de septiembre.

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest