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Litto Nebbia: “El verdadero compositor de raza piensa cada mañana que quizá ese día pueda escribir su mejor canción”

por | 7 junio 2018 | Entrevistas

Leyenda del rock argentino desde la época de Los Gatos en los años sesenta, el incombustible Litto Nebbia (Rosario, 1947) visita por segunda vez la ciudad de Valencia (tras aquel ya lejano concierto en la sala Matisse, en julio de 2008) para una actuación que tendrá lugar el próximo domingo 10 de junio en la sala Peter Rock. Ocasión histórica, pues, para hablar con un histórico. Un músico inabarcable, con más de cuarenta álbumes publicados, al que – más allá de su condición de patriarca del rock de su país – siempre le ha gustado navegar por toda clase de singladuras, desde el pop al tango, pasando por el funk, el jazz o el blues. Y siempre guiado por su propio instinto y su singular forma de desenvolverse en la industria.

¿Qué siente cuando le consideran de forma repetida algo así como el patriarca del rock argentino? ¿Le cansa? ¿Le enorgullece?

Sí, claro, como a cualquier artista me hace bien que reconozcan mi trabajo creativo, pero soy bien cuidadoso en creerme nada. Cada uno hace el trabajo que el cielo le envía…

En su caso, además, si algo le ha distinguido es su ansia por adentrarse en cualquier estilo posible: pop, rock, funk, jazz, blues o tango. Me recuerda un poco a la inabarcable diversidad creativa de músicos como Elvis Costello, por ejemplo. Otros muchos músicos encallan cuando tratan de aventurarse en registros que no son los suyos, pero usted suele salir bien parado. ¿Cree que la clave para salir airoso de cada una de esas incursiones es imprimir siempre un estilo propio, que trasciende etiquetas?

Amo la música y soy muy respetuoso cuando me meto en otros terrenos estilísticos. Siempre trato de respetar la climática de cada género, pero sin perder mi huella personal, mi estilo de cantar y tocar… además, nunca imito ni hago covers.

¿Es usted de quienes creen que la creación tiene que mirar siempre hacia adelante, no quedarse complacida o estancada en los logros del pasado, viviendo de rentas y explotando siempre las mismas claves?

Así es. El pasado sirve para saber de dónde viene uno, pero musicalmente no es bueno estancarse en los logros realizados…

¿Cómo valora, con la perspectiva que da el tiempo, la eclosión del llamado rock nacional argentino, a la que tanto contribuyó usted con sus discos en los años sesenta y setenta?

Creo que el rock argentino es respetado hoy en día internacionalmente, justo por ser original con sus raíces e idiosincrasia. Hay rock hispanoparlante por todos lados, pero casi todo suena o muy sajón o muy yanqui.

En un entrevista del año pasado en un diario español ironizaba sobre los efectos de la dictadura en varias generaciones de músicos argentinos, afirmando que la adversidad de ese contexto sociopolítico había favorecido la creatividad. ¿Cree que las turbulencias sociales y políticas suelen ser mejor fermento creativo que las épocas de estabilidad?

No fue feliz ese título de mi entrevista. Porque lo que le dije al periodista era que muchas veces la adversidad funciona como motor para sacar creativamente lo que a uno le sucede profundamente. Luego, el periodista que me entrevistó, reconoció que su editor fue quien puso ese absurdo título, donde parece que yo dijera que realmente la dictadura nos benefició… imagínate.

A finales de los ochenta creó Melopea, su propio sello, avanzándose bastantes años a lo que sería una práctica común en muchos músicos veinte años después, ya en los 2000: la autoedición como vía ante la debacle de la industria. ¿Por qué decidió en su momento crear su propio sello, mucho antes de la época de las vacas flacas en la industria?

Primero porque pensé que la música tiene que ser libre y jamás atada a las reglas exclusivas del negocio. Por otro lado, no creo en la debacle de la industria. Creo que han cambiado las pautas del negocio, pero la gente y los músicos de todo el planeta se siguen necesitando.

¿Se arrepiente de aquella apuesta por crear su propio sello y su propio estudio?

En absoluto. Es lo que me ha permitido hacer contra viento y marea todo lo que siento, todo lo que me apasiona.

Volviendo a su pasión por al tango: sobre su colaboración con históricos como Cadícamo u Horacio Salgán, que eran mucho más mayores que usted, le he leído afirmar que hubo un tiempo en el que era muy complicado que los tangueros veteranos se aviniesen a colaborar con músicos mucho más jóvenes. Había una barrera generacional, que luego fue disolviéndose. ¿Cree que en la escena de la música popular de su país se superaron los prejuicios? ¿Cree también que el hecho de que las nuevas generaciones accedan con solo un click a toda la música habida y por haber también favorece que hoy en día las generaciones y los estilos se mezclen con menos ideas preconcebidas?

Creo que esa etapa está superada. En Argentina por suerte hoy en día se fusionan naturalmente géneros y generaciones, sin prejuicios. Pero no fue así al inicio. Imagínate que a un extraordinario músico como Astor Piazzolla se le acusaba de que su música no era tango realmente…

Hay un disco en cuya participación tuvo usted un papel primordial, y que tuvo muy buena acogida en nuestro país: El Palacio de las Flores (2006), con Andrés Calamaro. ¿Cómo lo recuerda?

Tengo gratos recuerdos de ese álbum. Trabajar con Andrés es muy grato porque él es muy generoso y culto. Entonces puedes hacer cosas intrépidas y que son bien recibidas. De todos modos, creo que El Palacio de las Flores es un álbum que, a pesar de la buena aceptación que tuvo, será mejor valorado más adelante, con el tiempo.

El año pasado grabó Rodar (2017), junto a Pez, revisando viejos clásicos del rock argentino, entre ellos temas de Los Gatos. Algunos con ya 50 años de antigüedad. ¿Cree que mantienen su vigencia en la actualidad, que son canciones cuyas propiedades no se oxidan por el paso del tiempo?

Creo que hay canciones que suenan frescas a través del tiempo, por su espontaneidad y raíz imaginativa. Y tocarlas con músicos más jóvenes, donde se recupera la química del placer y el deseo por la interpretación, le hace bien a la música.

Tiene un repertorio vastísimo, enorme. ¿Cómo afronta la tarea de escribir canciones? ¿Se pone a componer de forma metódica, con horario de oficinista, o es algo más espontáneo, algo así como escribir canciones como quien respira, como una necesidad fisiológica?

Cuando no estoy girando, me despierto bien temprano en mi casa, que queda a una cuadra del río y hay gran silencio. Lo primero que hago es sentare al piano de cola a improvisar. Muchas veces aparecen buenas canciones. El verdadero compositor de raza piensa cada mañana que quizá pueda escribir su mejor canción ese día.

¿Cómo ve la situación de la música popular en España? ¿La sigue?

No solo en España. Veo que hay una excesiva preocupación por conseguir el éxito, ganar mucho dinero y ser muy famoso de la noche a la mañana. Esto no es bueno para la carrera del arte. Por eso suena todo tanto a negocio y hay mucha cosa repetitiva.

¿Cómo han surgido estos pocos directos en España? ¿Han sido algo prácticamente improvisado, que no tenía en mente cuando planeó el viaje con su mujer?

Esta vez queríamos pasear por algunos lugares que no conocemos. Nos gusta mucho España, su comida y sus vinos, pero por mi profesión solo conozco lugares donde voy a tocar. Ya he andado por aproximadamente veinte países, pero siempre tocando. Entonces esta vez nos dijimos: vayamos a La Rioja, Córdoba, Málaga, Cádiz, Segovia, Jerez de la Frontera y así, sin tocar. Nos rentamos un auto y salimos. De cualquier manera, aparecieron tres pequeñas presentaciones que son Barcelona, Aranjuez y Valencia, que por supuesto con gran alegría realizo.

¿Cómo se siente tocando en España? ¿Siente una sensación de liberación o de mayor libertad por aquello de que actúa muchas veces ante un público que no le conoce tanto?

Siempre me siento bien tocando, quizá porque toco lo que más quiero, lo que me gusta… y eso es un privilegio. He tocado en lugares extraños, como Leningrado o la República de Moldavía, y me he sentido tan bien como haciéndolo en Madrid o en Rosario, mi ciudad natal.

¿Tiene algún disco nuevo en el horizonte?

Grabo todo el tiempo. Y en diversos proyectos. Luego del álbum súper rockero con Pez grabé el álbum Amigos del litoral junto a excelentes músicos chamameceros de la Ciudad de las Misiones. Y también un álbum a dúo con el tecladista y compositor tucumano Leopoldo Deza. Ahora cuando regrese, grabaré mi nuevo álbum de canciones, titulado ¡Alma!.

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