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Lo que pierde la cultura en València sin el Instituto Francés

por | 7 mayo 2021 | València

En París, estudié una vez la historia de la Segunda Guerra Mundial en Europa, y sin embargo, tuve que volver a València para saber del sufrido papel de un tal Amado Granell. El escenario: la carcasa enferma de aluminosis del setentero campus de Jussieu, a punto de ser trasladado a su ubicación actual. Lo apuntalaba aún, sin embargo, una mujer y su relato entusiasmado de ese trozo apasionante y ruin de la historia francesa. Solitaria pero fuerte, la historiadora marxista Annie Lacroix-Riz desplegaba sus tesis, y las de sus oponentes, en las que serían las últimas clases magistrales del anfiteatro esclerótico. Con todo, hasta siete años después no supe quién ni qué había hecho Amado Granell por el fin de la guerra, la liberación de París y Francia. Fue cuando lo vi en la plaza que lleva su nombre, dentro de una parisina placa de calle, dentro del Instituto Francés de València.

Desde su apertura como escuela en 1888, el Instituto Francés no es hoy un centro de enseñanza de idiomas más. Si así fuera, no tendría sentido: tenemos ya una red de escuelas públicas del Estado, las Escuelas Oficiales de Idiomas. Tampoco es tan solo un centro social de la comunidad francófona valenciana. Ni una escuela de élite. No: Si desaparece el Instituto Francés, desaparece un centro cultural de primer orden de la ciudad. Y esto las personas que hemos vivido en otras ciudades españolas y europeas lo tenemos claro. He aquí lo que desaparece si desaparece el Instituto en València:

Uno de los mejores auditorios medianos y su programación de música, cine y conferencias. Una programación que, hasta la pandemia, ha sido permanente. Los conciertos han reunido a grupos y solistas del mundo francófono, o valencianos cuya propuesta estaba relacionada de alguna manera con este. Los músicos, además de por su programación, aprecian el auditorio por sus características acústicas. Conferencias y proyecciones de cine nos han traído nombres y personas que de otra forma no podrían verse, a no ser que acudieras a Madrid o Barcelona.

La Mediateca que reúne las obras francófonas en la ciudad, y la mejor colección de cómic francés en una biblioteca (lo cual casi equivaldría a decir la mejor colección de cómic). Por un moderado precio anual y sin exigir el ser alumno/a del Instituto, permite el acceso a su amplio catálogo de libros, cómics, archivos sonoros y de vídeo, revistas, así como al inmenso catálogo informatizado. Sus dos bibliotecarios, además, envían cada semana una propuesta de selección cultural francófona a los correos de sus usuarios para facilitarles el proceso de búsqueda.

Una Sala de Exposiciones abierta y gratuita, accesible tras franquear la puerta de entrada.

Su (recordada) cafetería, por desgracia cerrada desde hacía más de un año, sin parangón en la ciudad, concurrida y de buenos recuerdos culinarios

Todo ello, en un edificio rehabilitado en el centro del centro histórico protegido de la ciudad. Nada que ver, por ejemplo,  con el bloque de pisos bastante más modernos, situados, además, al otro lado de la Avenida Diagonal de Barcelona: más allá de su centro, y por tanto, más difícilmente accesible.

Y, en ese edificio, el mural que el dibujante Paco Roca dedica a los españoles que liberaron París de los nazis, enrolados en el ejército de la “Francia libre”, en la única “plaza” interior que en València ha rendido homenaje a Amado Granell antes del cambio de nombre de la avenida General Urrutia. Hubo que esperar al 2014, al cambio de aires en las políticas que nos dicen qué memoria histórica debemos retener, y a los frutos del trabajo de las asociaciones de inmigrantes españoles en Francia. Pero, a las hijas y nietas de los que emigraron para comer y para reconstruir aquel país, movidos como marionetas por los acuerdos bilaterales de principios de los 60, les emocionó sobremanera que fuera la primera institución que hacía un homenaje de este calibre en la ciudad.

En definitiva, un lugar de cultura y memoria para tod@s, y no solo una escuela para quien se lo puede permitir. Cerrar 188 años de historia en apenas un mes es, no solo un atentado para sus trabajadores y sus alumnos, sino una bomba de racimo lanzada contra la cultura local de València.


Manifestación en favor del Instituto Francés de València el pasado 7 de mayo. Foto: Helena P. Grau

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