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Manon Lescaut (Puccini), Luisa Fernanda y Mozart

por | 10 enero 2015 | Noticias, Reportajes

Manon: frívola, frágil, caprichosa, es una de las criaturas más fascinantes de la historia de la ópera y de la literatura, y la responsable del tardío inicio de la temporada 2014-2015 en el Palau de les Arts. Este personaje desembarcó con la visión que llevó a cabo Puccini en 1893; pero antes ya había seducido a Auber (1856), Massenet (1884), y atrajo posteriormente a Hans Werner Henze (1952). 

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Esta alocada jovencita francesa de la época rococó sirvió de inspiración a “Manon Lescaut”, la tercera tentativa de Puccini en el mundo de la ópera, tras las fallidas “Le villi” y “Edgar”. Estrenada en Turín en febrero de 1893, ocho días antes que el “Falstaff” de Verdi, marcará el camino a sus siguientes obras, que nunca dejarán de figurar entre los primeros puestos del repertorio: “La Boheme”, “Madame Butterfly”, “Tosca” y “Turandot”. Con un personaje tan caleidoscópico, tan seductor, no era difícil, dado el talento de Puccini, convertir una de sus intervenciones, “In quelle trine morbide”, en una auténtica obra maestra, que algunos, como el director de orquesta Kurt Pahlen, no dudaron en calificar como “quizás la mejor aria para soprano de la historia de la ópera”. Esta maravilla asombra por su belleza, y por su escasa duración, que la convierte en un suspiro exquisito.

La música de Puccini bascula entre la recreación de la frivolidad del mundo galante del siglo XVIII y los estallidos de una pasión desolada. Entre los pliegues de la partitura podemos descubrir piezas compuestas previamente que se engarzan a la perfección en su tejido sonoro: el principio de la ópera proviene del “Minueto número 2” (1884); el Agnus Dei de la “Misa a cuatro voces” (1880) conformará el madrigal del segundo acto “Sulla vetta tu del monte”; y el cuarteto de cuerdas “Crisantemi” (1890), compuesto a la memoria del fugaz rey de España Amadeo I de Saboya, herirá fatalmente el intermezzo y la escena final de la ópera.

El libreto, lastrado por la intervención de demasiadas manos que llevaron a cabo incomprensibles elipsis, sigue la novela de 1731 “La historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut” del abate Antoine Prévost, que podemos enmarcar dentro de la rica tradición  libertina que desde “Las amistades peligrosas” de Chordelos de Laclos a las obras del Marqués de Sade nutrió la literatura francesa del siglo XVIII. La obra construyó un modelo de historia amorosa, que se repetiría hasta la saciedad, en la que un joven incauto y virtuoso es llevado a la depravación por amar a una mujer.

En efecto, la ardiente, temeraria e irresistible Manon, apenas una adolescente de una inocencia desarmante y amoral como la misma naturaleza, arrastra a su enamorado, un joven de buena familia inclinado a la filosofía, a convertirse en tahúr, asesino, rufián y a malquistarse con su padre y con la buena sociedad que representa, hasta dar con ella en un inesperado destierro en las colonias francesas en América. Allí morirá la seductora, en la inmensa soledad del desierto, tan diferente a los salones dorados que había habitado, con su amante abrazado a su cadáver, dispuesto a volver a Francia y contar a un desconocido su historia. El desconocido será, claro, el lector de Prévost.

Manon tiene el honor de ser una de las primeras mujeres fatales de la historia de la literatura, creando un estereotipo que ha sido cortejado por el teatro, la ópera y los claroscuros del cine negro, siempre poblados de mujeres tan atrayentes como letales. Recordemos que esta figura rococó fue transportada por el cine a escenarios contemporáneos en “Manon” de Henri-Georges Clouzot, uno de los más grandes directores franceses, que ganó con esta película el León de Oro en el Festival de Venecia de 1949, alcanzando en su tramo final una intensidad tan devastadora como la de los mejores momentos de “El cuervo”, “Las diabólicas” o “El salario del miedo”. “Manon 70” de Jean Aurel  marcó en 1968 otro intento de poner al día este mito seminal.

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Una mirada rápida y epidérmica vería en esta estirpe de mujeres, de las que Manon es la pionera, una mera encarnación de la falta, llámese delito secular o pecado religioso. Tal vez sea más interesante contemplar otra clave. Estas mujeres consiguen descubrir un lado secreto de sus parejas, que desean pasar al lado de la ilegalidad. Ciertamente, ellas pagarán con su vida en muchas ocasiones el daño causado, pero ellos acabarán idolatrando su memoria al reconocer que han sido las madres iniciáticas que han avivado la libertad moral, que sólo es posible experimentando lo prohibido. Malditas en vida, Manon para Des Grieux, Carmen para Don José, o Violetta Valéry para Alfredo en “La Traviata”, se convertirán en mujeres tan irreemplazables como la madre.

Esta obra de Puccini nos llegó en la propuesta escénica de Stepehn Medcalf para el Teatro Regio di Parma. La soprano Maria José Siri compuso una excelente Manon, secundada por el Des Grieux de Rafael Dávila. En la dirección musical nos encontramos con un Plácido Domingo en un terreno que no es el suyo. Finalmente señalar que el Palau de les Arts dedicó las funciones de “Manon Lescaut” a la memoria del recientemente fallecido Lorin Maazel, el que fuera primer director titular de ese excelente instrumento que es la Orquesta de la Comunitat Valenciana.

La siguiente obra programada por el Palau de les Arts, y que podremos ver hasta el  lunes 12 de enero, es la zarzuela “Luisa Fernanda”, con música de Federico Moreno Torroba. La obra nos traslada a Madrid durante el reinado de Isabel II, época en la que, como había sucedido antes y volverá a suceder en nuestros tiempos, se despiertan por doquier sentimientos libertarios y republicanos. Asistimos a los enfrentamientos entre liberales y conservadores en los momentos previos a la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, y su final nos llevará hasta el campo extremeño, después del destronamiento de Isabel II.

En este ambiente convulso, nos encontramos con Luisa Fernanda, una bella joven enamorada de un coronel del regimiento de húsares de la reina, Javier Moreno, quien, sin embargo, está más interesado en la gloria militar que en cortejar a la que es su novia desde la infancia. Ante esta situación, un rico y maduro hacendado extremeño, Vidal Hernando, pretenderá a la muchacha; pero ella le deja claro que “tiene amores antiguos”, que “cuanto más atormentan más sabrosos le saben”. Vidal no se dará por vencido, y ante “un río de desdenes” tiende “un puente de esperanzas”. Le ayudará el hecho de que Javier, que se muestra sordo al fervor revolucionario del impetuoso Aníbal, se deja seducir por la Duquesa Carolina, una acérrima monárquica. Simplemente por oponerse a Javier, Vidal abrazará la causa republicana. Frente a los públicos desdenes del coronel, la joven aceptará la invitación de Vidal para asistir a la Verbena de San Antonio, donde estallará el conflicto.

Resulta curioso que “Luisa Fernanda” comparta un contexto histórico con elementos comunes al de “Los Miserables”, el musical compuesto por Claude-Michel Schönberg que pudimos ver largamente en el Palau de les Arts. Las dos obras parten de una misma temática liberal y revolucionaria, y en ambos casos se narra cómo un levantamiento popular es inicialmente aplastado por las fuerzas opresoras del estado. Recordemos que en el caso del musical basado en la novela de Víctor Hugo, la acción se enmarca durante la llamada Revolución de Julio (de 1830), también conocida como “Las Tres Gloriosas”, que destronó a Carlos X, por lo que acabamos hallando una inesperada vinculación histórica entre ambas piezas.

El Palau de les Arts pone en escena una de las zarzuelas más populares del repertorio, que gracias a la labor de Plácido Domingo ha conquistado Viena o La Scala de Milán. El teatro valenciano desde sus primeros días ha apostado por el género lírico español con obras como “La bruja” o “El rey que rabió”. Peor parado ha salido el repertorio contemporáneo o la ópera barroca, que tras las grandísimas representaciones del “Orlando” de Haendel, una obra excepcional servida por un magnífico elenco, no encontró, para desgracia de los aficionados, continuidad dentro de la programación.

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La zarzuela de Moreno Torroba aterriza en la famosa producción del Teatro Real dirigida por Emilio Sagi, estrenada en 2004. A pesar del tiempo transcurrido se mantiene fresca, cumpliendo una de las bases del minimalismo: lo simple puede ser bello. Una “Luisa Fernanda” que con su sencillez da un toque de  modernidad que resulta oxigenante a la hora de enfrentarse a este repertorio. Luisa Fernanda es encarnada por Davinia Rodríguez, una soprano lírica con una voz especialmente interesante por su oscuridad. La valenciana Isabel Rey interpreta a la Duquesa Carolina, y el canario Celso Albelo se hace cargo del papel de Javier. El tenor Plácido Domingo, que lleva ya años asumiendo roles de barítono, hace suyo el papel de Vidal. Una ocasión para deleitarse una vez más con la dicción, pronunciación y proyección de una voz, que pese al tiempo transcurrido, sigue sin encontrar rival en la escena.

El 27 de enero artistas procedentes del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo del Palau de les Arts, dedicado a la formación de jóvenes cantantes bajo la égida del tenor madrileño, nos invitarán a celebrar el cumpleaños de Mozart. Lo harán con un delicioso concierto-espectáculo, “Qué son las nubes”, que parte del episodio que Pier Paolo Pasolini rodó para el film coral “Capriccio all’italiana”. Protagonizado por Totó y Ninetto Davoli, este fragmento cinematográfico nos proponía, en clave de farsa, una representación de la tragedia shakesperiana “Othello”, en la que los personajes están representados por marionetas. Pero el público no aceptará el desenlace funesto de la obra, e impondrá un giro sorprendente a la trama.

Este armazón argumental servirá de base a la inclusión de arias de las óperas de Mozart “Bastián y Bastiana”, “Cosí fan tutte”, “Don Giovanni” o “La flauta mágica”. Y será una estupenda ocasión  para disfrutar del poco utilizado Teatre Martin i Soler y del alto nivel alcanzado por unos jóvenes que con su interpretación del “Narciso” de Domenico Scarlatti recibieron una magnífica acogida por parte del exigente público austríaco.

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