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Martirio, verde que te quiero verde

por | 6 noviembre 2016 | Reportajes

Martirio es una de las grandes apuestas de la segunda edición del MUV! (Circuito Música Urbana Valencia) que este año se celebra en el barrio de Cabanyal-Canyamelar de Valencia entre el 11 y 13 de noviembre.

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Cada nuevo trabajo de Martirio nos ha mostrado a una mujer diferente. A lo largo de tres décadas esta gran artista ha conseguido abrir nuevos caminos para la denostada copla, dar un enfoque diferente al flamenco y llevar a su terreno con éxito la canción latinoamericana. Las lecturas que hace de los números clásicos iberoamericanos son impecables, les da un toque distintivo de elegancia, sublima la belleza de las letras y en cada interpretación hay una entrega total para piezas que forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones.

A mediados de los años ochenta Maribel Quiñones Gutiérrez (Huelva, 1954) después de formar parte de los míticos Jarcha y estar junto a Kiko Veneno y Pata Negra, se transmutó en Martirio: un personaje que se nutría de la música popular española, la copla y el flamenco, pero que además se acercaba al rock y tenía mucho sentido del humor. Hizo de sus peinetas surrealistas y las gafas oscuras los elementos icónicos que junto a sus trajes van identificarla desde entonces. Una artista que se reconocía como un poco folclórica, un poco punk y un poco libertaria. “Estoy mala” (1986) fue el primer gran éxito de una carrera en la que también tuvieron gran popularidad sus “Sevillanas de los bloques”, y “Las mil calorías”.

Lejos de estancarse y disfrutar de las miles del éxito que suponía sus continuas apariciones en televisión, Martirio no ha dejado de evolucionar en sus proyectos musicales, además su versatilidad artística le ha llevado a desarrollar facetas como la de escritora y actriz. Una de las de las fronteras que han caído gracias a las artista onubense es la liberación de la copla de ataduras del pasado ha sido el acercamiento al lenguaje del jazz y el formato de Big Band, Acoplados (2004), también junto al pianista gaditano Chano Domínguez hizo Primavera en Nueva York (2007) un repaso al bolero de la mano de Nat Chediak con una mirada libre de fronteras y puro sentimiento.

Raúl Rodríguez (Sevilla, 1974) ─su hijo, licenciado en Antropología, colaborador de decenas de bandas y autor del libro- disco Razón de Son (2014)─ es quien mejor la conoce. Ha sido su productor desde 1998, además de responsable de la dirección musical y los arreglos de la banda que le acompaña. A dúo grabaron el memorable De un mundo raro. Cantes por Chavela (2013), un álbum que llegó después de compartir escenarios con la Chamana en España y México con el imprescindible “La Luna Grande” tributo a Federico García Lorca, y a un año de la desaparición de La Dama del Poncho Rojo. En los conciertos de Chavela Vargas se producía una auténtica fusión con su público, transformando cada recital en un acto de colectivo de entrega devocional, emocional y sensorial, ríos de lágrimas de destilado emocional embriagador. Y así son los recitales de Martirio, conciertos de iniciación ofrecidos por una gran maestra que ya tiene discípulas aventajadas como su apadrinada Maui.

Tres décadas lleva Martirio entregándose a su público, y para celebrarlo ha editado una antología, 30 años (2015), que repasa en una treintena de grandes piezas su repertorio, con temas que ha grabado con Jerry González, José María Vitier, Omara Portuondo, Chucho Valdés y Lila Downs. Martirio se oculta tras sus gafas negras, pero así nos llama la atención y nos invita a descubrir tras los cristales oscuros sus hermosos, expresivos y brillantes ojos verdes.

Fotos: Jesús Ugalde

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