Miedo ensordecedor y aburrimiento…………………………………. (Una conversación con Héctor Arnau)

por | 6 noviembre 2017 | Entrevistas

Ahora que los apriorismos y símbolos conciliadores de la Transición se resquebrajan, mientras que la supuestamente superada herencia franquista acecha entre las sombras cual tozudo fantasma hamletiano, resurgen con virulencia luchas  adormecidas que convocan el panorama idóneo para que Las Víctimas Civiles, una rara avis que irrumpe con brío kamikaze en nuestra escena, lance los incómodos mensajes recogidos en “40 años de éxitos del posfranquismo español”.

victimas-beatFoto: Ceci de F.

Una formación que gira en torno a Héctor Arnau, con quien hablamos, poeta (casi profeta) habitual de entornos anarquistas con marcada querencia por lo teatral, al que arropan un puñado de excelentes músicos entre los que encontramos a Pau Miquel y Toni Blanes (Arthur Caravan).


 

AL HABLA CON HÉCTOR ARNAU

Antes de que te conociéramos por Las Víctimas Civiles a muchos ya nos sonaba tu nombre por tus peculiares recitales de poesía, muy distanciados de la experiencia disuasoria en la que se pueden convertir los recitales al uso.

Empecé recitando y me di cuenta de que podía ser un poco aburrido. Además, vivimos en la época en el que la palabra se menosprecia. Lo que contaba entre poema y poema casi tenía más éxito, así que comencé a llevarlo a lo teatral. Actué en el Teatro Inestable y vi que no era fácil, pero continué con ello porque me lo pasaba muy bien y tenía cierta respuesta del público. Luego llegaron los viajes, Barcelona especialmente. Empecé con una obra, “El insomne”; también actué en Oporto, donde conocí a unos amigos que eran muy buenos músicos y presenté otro espectáculo, ahora con música, en el Teatro Inestable. Luego saqué un libro con ilustraciones de uno de aquellos amigos. En ese momento comencé a frecuentar a mucha gente en Barcelona, en una casa okupa en la que conocí a los Jalea Real, a Pau Miquel y a Marc Sempere, miembro del colectivo Compartir Dóna Gustet. Fue una época, en torno al 2003, de mucha efervescencia política debido al posicionamiento contra la Segunda Guerra de Irak, que en Barcelona fue una cosa tremenda. Me pareció algo mucho más auténtico que el 15-M, que ha sido mucho más mitificado. Partí de ese ambiente, de esa tormenta de ideas. En aquella casa casi todos eran estudiantes de Filosofía -creo que Ada Colau incluida-, todos estaban un poco apadrinados por un profesor de allí que les conminaba a actuar de una forma vital, yendo más allá del hecho de acudir a una manifestación. Yo presenté en ese entorno “Nuevo amanecer del activismo folclórico”, una obra en la que reflejaba un poco ese ambiente anarquista y también me burlaba un poco de él. Es un mundo que se representa muy poco en la ficción, hay un vacío de representación, por eso mismo supongo que estuvieron encantados con la obra. Yo encarnaba a un tipo de clase alta que bajaba hasta las cabañas para dotar a su arte de subversión. Hablaba de ellos, de nosotros.

Estuviste dentro de ese movimiento en el que estuvo Ada Colau y gente que después ha ocupado lugares de poder.

Sí, gente que ha dado el salto a las instituciones. Ada, la alcaldesa de Barcelona, o Gala Pin, de Valencia, que es concejala y la número dos en el ayuntamiento. De hecho, todo lo que está pasando: atentado terrorista, el independentismo, están recibiendo por todas partes. Yo no estoy dentro del asunto, pero Podemos está mucho más blindado respecto a los medios, son un partido estatal. Ellos, Barcelona en Comú, puede que tengan un problema de cesarismo, como si Ada fuera la Virgen María -no creo que sea cosa de ella, sino de cómo se ha creado aquello-, y ahora están en una situación muy difícil, nadie los quiere ya que al ser un partido independiente está formado por personas de todo tipo, desde el más independentista a los que no lo son nada.

Sorprende esta polarización de la gente tras las banderas y el resurgir de los nacionalismos, que parecían algo casi decimonónico.

Mi visión política es, no sé cómo decirlo, caníbal, no soy muy razonable, lo reconozco. Pero creo que el problema de base son esos “40 años de éxitos del posfranquismo español”; no se han cerrado las heridas de la Guerra Civil: España tiene los trenes más rápidos de toda Europa pero todavía no ha alcanzado la modernidad. Ya se hablaba por aquel entonces en Barcelona de la transición como la transacción, esa imagen modélica de los héroes perseguidos por los grises era una imagen que ocultaba un simple trasvase.

hector-victimasFoto: Raimon Ribera

Vosotros érais unos okupas muy particulares.

Sí, pretendíamos romper con los clichés, eso era algo muy difícil -a los de la CUP todavía los llaman antisistema. Un deseo que seguramente cristalizó con el 15-M o en la aparición de Podemos o Barcelona en Comú. Hasta ese momento los movimientos anarquistas y revolucionarios todavía estaban muy embebidos en el punk; todo cambia y la identidad disidente era muy diferente hace 15 años.

Quizá ahora todo está mucho más politizado.

Es curioso, no sabría darte una respuesta a eso, es una pregunta que me hago mucho. En aquella época se hablaba mucho de que había que politizarse, de que todo era política -lo de que lo íntimo es político era ya un mantra-, y , claro, a veces me pregunto si no está todo excesivamente politizado. También es algo propiciado por las redes sociales, que es una cosa muy nueva, y me sorprende mucho la cantidad de gente que parece tender a la extrema izquierda, gente que jamás hubieras pensado que defendiera ideas semejantes. Todo el mundo está en contra del capital y me deja perplejo. También hay gente que confía mucho en esto y en la capacidad que dan las redes para poder organizarse. Es algo tan nuevo que no sé qué decir. Traduje el documental de Adam Curtis “HyperNormalisation”, que habla justamente del mundo que se ha creado a partir de las redes sociales: la vigilancia, el control, el aprovechamiento por parte de Trump, Putin o el Brexit de esta nueva coyuntura. Un documental que recomiendo, aunque tenga un punto sensacionalista. La redes pueden ser una arma de guerra, de espionaje potentísima, que no sabemos hasta donde llega: la peña confiesa sus más íntimos temores, sus secretos más inconfesables a una máquina…

En esa Barcelona de la que hablamos se gestó el germen de Las Víctimas Civiles.

Sí, allí fue. Yo le tenía mucha admiración al grupo de ellos, Jalea Real, del que saldría Arthur Caravan. Tuve mucha conexión con Pau Miquel, admiraba su forma de componer, de entender la música. Era un sueño hacer algo con él, pero no era algo fácil. Volviendo a la poesía como elemento disuasorio, mucha poesía pasada a música resulta terrible, no es un trasvase sencillo. Pau ha hecho el papel fundamental, dos años de trabajo pensando las canciones que irían mejor, los arreglos…

Y cada canción responde a un universo sonoro diferente.

Eso es algo muy suyo. Hacer algo diferente a los compartimentos estancos -haces pop, punk rock, power-pop… Esto se nota mucho en los festivales, en las tribus, incluso entre amigos míos. Es algo que me aburre terriblemente y que en los 80 no era así, o no tanto. Es algo que he agradecido a Pau, ya que, dado el carácter de mis poemas, hacer algo más compacto no hubiera tenido sentido.

¿Qué ha supuesto para ti embarcarte en este proyecto musical?

Ser conocido por más gente, no mucha más. También he encontrado un canal nuevo para expresarme. Ya había frecuentado los escenarios, como ya te he dicho, pero no me considero actor, lo mío ha sido Do it Yourself. La música es alegría y es comunión, algo que intentamos transmitir en los directos -lo del directo parece ya cosa de abuelitos. Es cuando más disfruto, con mis compañeros. Y, además, tenemos un mensaje; puede parecer una chorrada, pero ¿qué mierda están contando la mayor parte de grupos? A través de la música y el humor se pueden hacer llegar las mayores atrocidades y parecen más o menos livianas.

Vuestros conciertos son una verdadera fiesta, tan divertidos e indomesticados como unas letras que apuntan contra la condición alienante y consumista de la modernidad.

Entre otras muchas aberraciones. Ten en cuenta que resumen 10 años de carrera, no están muy pensadas pero, por decirlo así, han estado testadas. A la gente le gustó en su momento sin instrumentos, y, para bien o para mal, dan cuenta de mi trayectoria. Yo, siendo más joven, me consideraba muy poeta y confiaba mucho en la palabra, en el valor de la palabra como algo autónomo que tenía que gustar por su propio valor. Poco a poco, fui viendo que dependía del escenario, de cómo lo digas, y fui abandonando esa idea áulica de la poesía como verdad última. Y más en un mundo ahíto de mensajes, en el que la sobreabundancia de estímulos es apabullante. Se trata de bombardearnos con información para provocar el desinterés y la apatía, la asepsia. Y fomentar un individualismo máximo; todo está hecho para desgajar del núcleo social a la persona, cada uno tiene sus opiniones, y cada uno opina en las redes sociales. Esa es la libertad. Tendríamos que pensar si son necesarias tantas opiniones de tanta gente tan informada.

victimasFoto: Raimon Ribera

En tus letras, como apuntaba Pasolini, el deseo y el consumismo van de la mano.

Un antiguo tema que imagino que es muy de la época, la pulsión sexual como parte del engranaje consumista. Sexual o hedonista, es igual el sexo que la cocaína. Valencia fue un buen ejemplo: una eterna fiesta. Está muy bien festejar, yo soy el primero, pero es un arma de desactivación política muy interesante y de generación de tristeza. Son 24 años de PP, es interesante ver cómo está todo exquisitamente destruido. En Cataluña el ambiente era muy diferente, eran mucho más educados, más scouts, más organizados. Pude distanciarme de una juventud muy celebrada, muy drogadicta, y sí, muy divertida, pero con un punto de impotencia. Ya antes, en mi Erasmus en Londres, conocí a un profesor de literatura que había sido preso político en Chile, o compañeros hijos de exiliados latinoamericanos. Todo ello fue fundamental para mi toma de conciencia; y también, claro, el conocer Londres, el capitalismo avanzado, una ciudad hecha para ricos, fue como ver el futuro. La violencia misma de la supervivencia -yo me fui de allí con una deuda gigante y tuve que falsificar las notas-. La dominación anglosajona es brutal, somos una colonia de su cultura. En el año 2000 había que pagar y mucho para poder estudiar en Inglaterra, y eso se ha acabado imponiendo aquí. El neoliberalismo va por delante, y lo que nos queda.

En tus letras apuntas prácticamente contra todos los frentes. ¿Crees que esto te ha podido acarrear problemas?

Yo creo que este ha sido mi statu quo. Problemas, no sé, siempre es posible provocar rechazo, actitudes hostiles, perplejidad. La gente me pregunta: ¿tú estás a favor de algo o en contra de todo? Pasolini es una figura importante en todo esto. A nivel de pensamiento está todo muy manso y me produce agonía, me cuesta encontrar algo que me coja de las vísceras. Eso lo encuentro en el cine, tal vez por la preponderancia de lo visual.

Podríamos pensar que el imaginario anarquista le sentaría bien al universo roquero. Aunque, en ocasiones, los grupos que tienden a la crítica social lo hacen de forma bastante manida, contando con un público que ya está esperando su dosis de supuesta rebeldía, cayendo en proclamas prefabricadas.

Como muchos de estos grupos en valenciano -no quiero dar nombres- que ya tienen su público y saben qué es lo que espera. Yo me hice fan de Orxata Sound Sytem porque, a pesar de haber estado en ese ambiente por una cuestión lingüística -que ya tiene delito, no por ellos, sino por cómo está el mundo -, presentaban un mensaje que rompía esa inercia tan barata del eslogan prefabricado. Se trata en muchos casos simplemente de una cuestión identitaria, nadie se pregunta qué está saliendo de su boca, lo único que importa es sentirse guay entre sus compañeros de cuadrilla.

¿Te has propuesto indagar en esta línea, en torno a los clichés y las máscaras?

No sé qué decirte al respecto, pero lo que yo he vivido y conocido ha sido más la izquierda. Y la izquierda está muy maniatada por las reglas del juego del capital y del neoliberalismo, por muchos factores, como la corrección política. Tienes que ser limpio y puro, poco chirriante, más de centro que otra cosa. Es un asco. Nadie habla de las pasiones oscuras, del deseo de matar a tus conciudadanos. Me pasa mucho en esta ciudad, a los de las banderas, que les prendan fuego a todos, coño. El odio social puede ser una cosa muy creativa y lo puedes sublimar; la literatura está llena de ejemplos: Cervantes, Pasolini, Lorca… La sensación ahora es de tibieza, miedo ensordecedor y aburrimiento. Cuando el Estado español, como en el momento presente, manifiesta su verdadero carácter, yo lo celebro. Porque yo lo he vivido y parece que mucha gente no. Yo lo viví a nivel salvaje, en la Valencia de los 90. No avisaban de que te iban a abrir la cabeza. Luego en Barcelona flipaba con los policías hablando con los líderes de la manifestaciones. Yo vi nazis en Ruzafa gritando: “Negros no, España no es un zoo”, y la policía cargando contra los antifascistas. Como es lo que he vivido no me parece mal que se evidencie. Reflexionemos sobre el Estado español, la Guerra Civil, o, ya que estamos, sobre el genocidio de las razas que había en el terruño y que seguimos celebrando. En Portugal no tienen un poder central tan opresor, desalmado y totalitario. La España negra sigue viva. Además, los medios de comunicación son partidistas y timoratos por lo general. Sigo mucho a Guillem Martinez, autor del libro “CT o la cultura de la transición”, y habla de como la transición blanqueó el Régimen franquista, pero la visión es todavía muy monolítica y cuesta mucho acabar con esa visión idílica de la transición y del nacionalismo español que impregna hasta cosas que no nos imaginamos. Pero no todo es malo en España, algunos dirán, de qué nos quejamos: las extremas derechas campan a sus anchas por Europa, Trump, Siria…Ya te digo que mi visión política es muy sui generis, imagino.

El trabajo de Maria Arnal i Marcel Bagés, que lleva canciones vuestras en su repertorio, va también por ese camino: invitar a la reflexión.

Todavía tenemos ahí una cuestión bastante colectiva. Maria habla de las cunetas, de los muertos de la Guerra Civil sin desenterrar. Me preguntó qué me parecía el título del disco, “45 cerebros y 1 corazón”, ella no lo veía muy comercial, pero yo la animé. Marc Sempere, su pareja, está haciendo un documental sobre Niño de Elche y sobre un especialista en desenterrar cadáveres de la Guerra Civil.

¿Qué te parece esta deriva hacia el compromiso que se vive dentro de la música y las artes?

En el teatro también se da mucho, incluso de forma excesiva, pienso yo. Sobre los refugiados se ven hasta superproducciones. Esto hace pensar en las subvenciones que se dan por hablar de estos temas. No se sabe muy bien si es para lograr el aplauso, o para limpiarnos las manos y la culpa. El papel que ocupa la cultura y su industria es muy interesante.

¿El que vuestra propuesta sea tan sui generis puede ser un escollo?

Claro, en música necesitas un manager. Toda la vieja idea del punk y el Do It Yourself -aunque hay gente como Betunizer y Cuello que la mantiene viva-, tiene que ser revisada. La gente se lo pasa muy bien en nuestros conciertos, y el boca a boca funciona, pero no es suficiente. Hay que machacar mucho; este mundo es de percusión, y mejor contar con alguien que sepa moverse.

Con Las Víctimas Civiles en breve te podremos ver dentro de la programación del Trovam!, en Castelló. ¿Cómo afrontáis este concierto?

Pues no tengo ni idea. Yo creo que tocaremos pronto porque hay grandes cabezas de cartel, pero no sé con qué tipo de ambiente nos vamos a encontrar. Pero bienvenido sea esto siempre. No sé si tocaremos el mismo día que Maria Arnal.

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