Mist: entre dos tierras

por | 26 abril 2016 | Reportajes

Vivir prácticamente a caballo entre dos países tan distantes en todo, como España y Holanda, tiene sus ventajas y sus hándicaps. Rick Treffers lleva ya bastantes años con su residencia habitual fijada en Valencia, pero nunca dejará de ser ese neerlandés que destila deliciosas rodajas de dream pop en inglés.

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Ese ápice de distinción es al mismo tiempo su bendición y su condena. Porque le otorga un plus de singularidad, pero con frecuencia se le excluye de esos recuentos que plasman lo mejor de la producción local del año. Aunque sus discos se cuezan aquí, con ayuda de músicos españoles. O aunque su banda de directo esté ahora íntegramente formada por músicos valencianos. Esa dicotomía, la del europeo del norte que constata, con una mezcla de perplejidad y admiración, la idiosincrasia hispana desde un prisma muy septentrional, también tiene su reverso creativo, ya que es el que se filtró en aquel divertido experimento llamado El Turista Optimista (Autoeditado, 2013).

Un álbum repleto de un sentido del humor seguramente algo grueso, tal y como demandaba la materia prima sobre la que trabajaba (la ensalada de tópicos, tan reales como a veces dolorosos, que hacen posible el Spain Is Different), que se consignó a un proyecto que compartía nombre con el propio disco y que -no obstante- suponía un divertimento paralelo, más que un apéndice a la altura de la exquisita discografía que ha ido puliendo desde el primer trabajo de Mist, en 2002.

Fue entonces, hace ya catorce años, que se publicó We Should Have Been Stars (Astro, 2002), el primer álbum de una trayectoria que, hasta entonces, había gozado de otras dos marcas diferenciadas en el tiempo: Girflriend Misery, entre 1993 y 1996 (y con quienes Treffers debutó una noche de mayo de 1995 en nuestro país, en la sala Zeppelin de Valencia) y Miss Universe, de 1997 a 2002. Desde entonces, si algo ha quedado clara es la pericia del de Amsterdam para trazar composiciones tan elegantes como afligidas, aunque la tristeza que se desprende de ellas -en sintonía con la niebla que subraya su nombre grupal- no sea de aquellas que sumen en la pesadumbre, sino de la que acaba por reconfortar. Como mandan los cánones del mejor indie pop británico, ese que emergió a mitad de los 80 (The Field Mice, The Smiths, Felt), y que constituye uno de los evidentes puntos de anclaje de su discurso, junto a las fragancias brianwilsonianas, el pop de cámara (Tindersticks no andan lejos), cierta tradición crooner o el grácil aliento pop que revelan algunas delicias acústicas de cuño más reciente como Kings Of Convenience o Sufjan Stevens.

En esa órbita se ha movido siempre como pez en el agua el holandés en una saga discográfica sin tacha, continuada con Bye-Bye (Astro, 2005), Period (Skipping Records, 2008), el recopilatorio Selection (Skipping Records, 2014) y el estupendo The Loop Of Love (Skipping Records, 2015), el álbum que lleva meses defendiendo sobre los escenarios en compañía de Gilberto Aubán (Gilbertástico), Sergio Devece (La Muñeca de Sal), Remi Carreres (Glamour, Comité Cisne, Coleccionistas) y Javier Marcos (Trinidad, Galope). El 29 de abril reinciden en exponer sus virtudes en la sala 16 Toneladas de Valencia, una de las que mejor acústica detenta en la ciudad. Y para el que han tramado un prolegómeno de lo más curioso: los teloneros saldrán de un concurso que ellos mismos han auspiciado, en el que premian a quienes sean capaces de hacer las mejores versiones de los temas de Mist. Así, sin complejos.

Foto: Stella Blasco

 

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