Mr. Perfumme: “Hay una persecución a la incorrección” MUSIC PORT FEST (PORT DE SAGUNT). VIERNES 5 DE JULIO

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Mr. Perfumme es un proyecto con vocación mutante. Un caos mezclado a machetazos en el que todo el mundo compone, opina y decide. No tienen en cuenta parámetros ni límites. Por eso sus discos son siempre tan distintos y probablemente van a seguir siendo así. A su cantante, David Pascual Huertas, le divierte cambiar; busca los choques, los volantazos. Su universo se desborda en relatos que son una ronda nocturna acelerada, recitales selváticos que se asoman al delirio cotidiano y piezas teatrales que dejan clara su fascinación por las conductas disfuncionales. Conversamos con él aprovechando la participación de Mr. Perfumme en el Music Port Fest, el 5 de julio, en Port de Sagunt.

 perfumme-beat Foto: Pablo Ortuño

Estudiaste Bellas Artes, has publicado varios libros y coescrito obras de teatro como ” Kapøwski”. ¿Cómo combinas estas facetas? ¿Le das prioridad a alguna de ellas?
Lo primero que habría que decir es que hay proyectos, como la obra y como el grupo, que son colectivos. Tanto en Miss Panamá (la compañía teatral) como en Mr. Perfumme (la banda) yo soy solo una pieza más. A partir de ahí, soy una persona un poco hiperactiva y necesito estar constantemente trabajando porque si no me siento desgraciado y me vuelvo hipocondríaco, así que empleo mucho tiempo en hacer muchas cosas e intento organizarme. Me resulta difícil priorizar porque todos son proyectos que me interesan y con los que disfruto mucho, pero me estoy quedando sin vida social.

A pesar de que no eres un gran aficionado al fútbol abres tu libro “Saber matar” con una frase de Éric Cantona, jugador del Manchester United, que, tras propinar un brutal patada a un seguidor del equipo contrario, declaró lo siguiente a los periodistas al finalizar el partido: “Cuando las gaviotas siguen al pesquero es porque creen que echará las sardinas al mar”. ¿Por qué elegiste esta cita? ¿Te parece que representa parte del espíritu del libro?
Yo en esto soy un poco raro porque a mí lo que me interesa del fútbol es más lo que lo rodea que el fútbol en sí. Me interesa lo que para la gente suele ser lo que hace que ya no sea un deporte guay: los personajes, la farándula, lo que lo vuelve absurdo e hiperbólico. Por otro lado, sí, creo que de algún modo representa el libro, porque la novela habla básicamente de violencia, pero de vez en cuando, entre tanto maremágnum de hostias, encuentra cosas bonitas. Un poco como dar patadas voladoras y decir cosas sobre gaviotas.

Pese a la crudeza de los temas el humor resulta vital en tu libro, algo que también es clave en tu música desde el inicio. ¿Es para ti el humor un buen prisma para hablar de cuestiones complicadas?
El humor vertebra mi vida y por tanto está constantemente presente en mi obra. Pero es que además es un recurso muy versátil. Lo utilizo mucho y para distintas cosas, a veces para dar un respiro al lector y otras veces para incomodarlo. Se trata de que seamos conscientes de que la cosa se va a descontrolar un poco.

“Saber matar” está lleno de violencia. Estamos acostumbrados a consumir la violencia lúdica y estilizada que nos da la ficción; sin embargo, por lo general, tratamos de evitar su lado más crudo y desagradable. Parece que en tus manos estas categorías resultan muy difusas y se cuestionan esos modelos de representación. ¿Era tu intención sacudir al lector dinamitando expectativas?
En “Saber matar” hay básicamente dos tipos de violencia, una, como dices, muy ficcional, muy enraizada en géneros que conocemos e identificamos, personificada en tramas como la de Otomo y Pablo que es casi un anime pero en las Alpujarras; y otra más cercana a una violencia más realista, más próxima al cine de Haneke, por decirlo de algún modo, y parte del juego que propone el libro es explorar como las percibimos y ver si pueden coexistir de algún modo.

En las páginas de tu libro podemos entrever la huella de creadores norteamericanos como Fante, Pynchon y el resto de escritores del llamado realismo sucio, pero también la ternura extraña y terrible del cine de Todd Solondz. Sin embargo, inyectas un componente que hace que este delirio sea cercano e identificable. ¿Es el mundo en el que vivimos más loco que los universos de ficción?
Totalmente, y me encanta lo de Todd Solondz porque me siento muy cercano a su sensibilidad. En realidad gran parte de lo que yo propongo en mis libros no es más que situar personajes y situaciones absolutamente cotidianas en contextos muy extremos. Puedes encontrarte una trama de super robots y ninjas pero al final de lo que va es de gente que quiere que la quieran.

A través de tu música entrelazas distintas texturas sonoras. De alguna forma eso es algo que se repite en “Saber matar”. ¿Era lo que buscabas?
Como te comentaba al principio, en la banda yo solo soy una parte de la creación, y, por lo tanto, somos siete personas introduciendo posibilidades para generar un resultado final; pero sí, creo que utilizamos herramientas similares a la hora de jugar a crear disrupciones mediante la mezcla de distintas capas aparentemente irreconciliables.

Otro paralelismo entre tu música y “Saber matar”: el cantante Pablo Und Destruktion (colaborador en tu último disco) se cuela entre las páginas del libro. ¿Cómo ha sido jugar a integrar a alguien tan peculiar como Pablo en un universo de ficción?
Muy divertido. Pablo y yo somos amigos desde hace años y la trama en la que aparece fue una de las primeras que empecé a escribir del libro. Una mañana me levanté en mi casa con una resaca terrorífica y Pablo estaba practicando artes marciales en mi salón. Fue como una de esas apariciones marianas que les ocurren a los niños pastores en las zonas rurales. Pensé que tenía que hacer algo con eso. Cuando termine el libro lo primero que hice fue mandárselo para que diera el visto bueno porque su personaje en el libro es un poco hijo de puta.

Tocáis dentro de la programación del Primavera Sound 2019. ¿Qué supone para vosotros este concierto?
Pues estamos encantados, claro. Tocar en un festival tan grande al que además has acudido a ver a grupos que te encantan como público es muy guay y tiene algo como de sueño adolescente psicodélico que es a la vez emocionante y raro. Y a lo mejor conocemos a Rosalía. Yo una vez me colé en el microbús de artistas del Primavera a la salida del recinto y nos llevaron hasta el after al que íbamos. Ahora se lo puedo pedir sin trampas. Hemos avanzado, ¿no?

En el Music Port Fest actuaréis el 5 de julio y también tocaréis en el Festival de Les Arts. Parece que se avecina una temporada bastante activa para vosotros. ¿Qué otras citas y proyectos tenéis entre manos?
En agosto vamos al Coolfest a Almería y en septiembre a Granada. En septiembre además sacaremos una canción que hemos grabado hace nada y que es lo más loco que hemos hecho.

Mr. Perfumme tiene ya cerca de 10 años. ¿Cómo ves la evolución de la escena valenciana en este tiempo?
La verdad es que nosotros siempre hemos trabajado desde el underground, así que lo que vemos es que en Valencia siempre ha habido muchísimos proyectos interesantísimos. El underground siempre ha sido en Valencia riquísimo y probablemente haya sido en parte por la falta de apoyo institucional. A nosotros, ahora mismo, una plataforma como Sona la Dipu nos está ofreciendo oportunidades que para nosotros son interesantes y agradecemos el trato y los resultados, por supuesto, pero estamos acostumbrados a trabajar desde los márgenes, así que, sinceramente, no esperamos nada que no generemos nosotros mismos, las sorpresas siempre son bienvenidas, pero queda fuera de nuestro día a día.

Parece que nunca habéis tenido en cuenta la corrección política. En “Viva la sangre” cantáis al diablo y elogiáis a un tiempo la sangre, la democracia y los huesos. ¿Consideráis sano el romper tabúes?
Bueno, no es nada a nuevo decir que estamos en un momento muy delicado en cuanto a que, por un lado, hay una reivindicación necesaria por parte de un montón de colectivos no privilegiados de un respeto adeudado que solo está empezando a ser tenido en cuenta, y por otro, hay una persecución a la incorrección que nos lleva a algunas situaciones que para mí son una equivocación, como tratar de encorsetar a la creación, a la ficción más concretamente, dentro de la leyes de la ética o la moral; la ficción con una finalidad moral ya existe y no debe ocupar todo el espacio por que si no, nos perderemos un montón de cosas.

¿Resultó complejo afrontar “Viva la sangre” como una creación colectiva? El resultado, pese a la variedad de registros, es sorprendentemente coherente. Vuestro gusto por el cabaret se emborrona esta vez con la aparición de guitarras distorsionadas.
El disco es una locura que por algún motivo consigue ser coherente. Y ese motivo en realidad es el trabajo de Paul en su estudio, tanto en la grabación como con los arreglos como en la mezcla. Consigue poner orden en el caos y convertirlo todo en algo orgánico. Nuestros conciertos siempre han sido diferentes de nuestros discos, incluso con los discos más tranquilos, siempre hemos hecho conciertos muy locos porque es como mejor nos lo pasamos. Nunca hay nada preparado, la verdad, a mí no me gusta mucho preparar cosas porque pierde frescura, solo dejamos que se nos vaya la olla al máximo. Nos gusta pasárnoslo bien con la gente. Hacemos los conciertos que nos gusta ver.

Justamente hace poco, dentro de la programación de Cabanyal Íntim, pudimos ver en el Teatre El Musical “Kapøwski”, una obra que has escrito junto a María Salguero. ¿Cuál ha sido tu relación con el teatro?
Hice algunas cosas hace unos años, pero no había vuelto a tocar el medio, aunque me encanta. Surgió la oportunidad de trabajar con Colectivo Miss Panamá y ni me lo pensé. El equipo humano de Miss Panamá es brillante, son mis amigas y gente a la que a nivel profesional admiro muchísimo, desde María, hasta Blanca en la escenografía, Julián, Martí, Marc, Jorge y Charlie, son, cada uno en su campo, para mí, de lo mejor que hay. Todo el mundo tiene muchísimo talento. Así que trabajar con ellas ha sido increíble. Conozco a María desde hace muchísimos años, en realidad Julián es el único que no era ya amigo mío antes de empezar en el proyecto. María y yo conocemos y admiramos cada uno la obra del otro y además nos queremos mucho. Así que teníamos muchísimas ganas de trabajar juntos. El trabajo colectivo, además, es una cosa muy frágil y muy complicada porque hace falta ser muy generoso. Yo en los últimos años, cosa que no había hecho nunca fuera del terreno musical, he trabajado mucho en grupo, con Hotel Postmoderno, con Miss Panamá, y en otro proyecto con Guillermo Polo, y he sido muy afortunado porque he trabajado con gente que disfruta produciendo y que antepone la obra y la experiencia al ego, que es algo que a todo el mundo nos cuesta a veces.

En “Kapøwski” nos habláis de la aspiración que tenemos los humanos de sentirnos parte de un colectivo, algo que choca con la feroz individualidad que impone nuestra sociedad. ¿A qué crees que se debe? ¿Se comenten muchos sinsentidos en nombre de esa necesidad?
Nosotros formamos parte de todo lo que utilizamos como material en la obra. Ese choque tan loco entre la necesidad de pertenecer a algo y formar parte de una sociedad basada en la individualidad y la competencia es atroz y nos vuelve un poco locos a todos. No queremos que los curas y los comunistas vistan de uniforme a nuestros niños para igualarlos, queremos conservar nuestra identidad única, pero nos metemos en los ultrasur o en los grupos de WhatsApp de yoga porque nos aterroriza despertarnos y no tener ningún mensaje. Es intrigante, descorazonador y divertidísimo.