Música popular y representación política SONNY BONO, GILBERTO GIL, ROSA LEÓN, PAU ALABAJOS, LABORDETA, FERMÍN MUGURUZA...

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La múltiple convocatoria electoral, desde las elecciones generales hasta las locales, pasando por las autonómicas y europeas, va a cambiar de arriba abajo todas las instituciones del Estado. Es buen momento pues para hablar sobre la relación entre música y representación política.

POLITICOS-BEAT-POP

La música popular siempre ha reflejado la realidad social de la época, con un sentido más o menos contestatario. A mediados del siglo XVII, en la Guerra Civil Inglesa, los soldados del pueblo que en defensa del Parlamento integraban las filas del New Model Army, cantaban antes de entrar en combate, como si fueran salmos religiosos, su lucha por la justicia y la libertad contra el absolutismo del Rey Carlos I.
Estas canciones hicieron de la religión protestante, popular y revolucionaria, una arma política, propagándose por las colonias británicas en el nuevo mundo, originando un cancionero que se desarrollaría en la Guerra de Independencia de 1776, y que alcanzaría casi el carácter de género durante la Guerra Civil Estadounidense. En ese momento la irrupción de los cantos de los esclavos afroamericanos, cargados de sufrimiento y esperanza, irán creciendo a lo largo del siglo XIX, derivando en el siglo XX en diversos estilos que como el góspel, el blues o el soul reflejarán las frustraciones de un pueblo que lejos de ser liberado en 1865, continuó sin derechos civiles hasta justo 100 años después.

El rock and roll, estilo que inicialmente nació en los EEUU desprovisto de una militancia política, y que escandalizaba más que preocupaba al sistema, derivó en los 60 en todo lo contrario. A este cambio no fue ajeno ni mucho menos la llamada “invasión británica”. El origen obrero de la práctica totalidad de los grupos, desde The Beatles hasta The Kinks, les hacía permeables a la tradición del cancionero popular británico con las diferencias de clase como constante. La violencia política, la cercanía de poder superar el capitalismo, la lucha contra el racismo o el imperialismo, impregnaron centenares de canciones de diversos estilos. Si bien destacó el folk con Bob Dylan a la cabeza en los EEUU, también lo hicieron cantantes míticos de la chanson francesa como Georges Moustaki o Georges Brassens.

Músicos y militantes en partidos y sindicatos, como Pete Seeger, Miriam Makeba o Paco Ibáñez, auténticos referentes políticos, han cantado o compuesto canciones de denuncia social o protesta política. Cosa distinta ha sido ver a todos esos artistas dar un paso más allá y convertirse directamente en cargos públicos, con los recelos mutuos con los partidos presidiendo su relación. Pero lo cierto, es que, a pesar de las desconfianzas, algunos valientes han decidido dar el salto a las instituciones democráticas sin abandonar el mundo musical de procedencia. Son varios los casos, seguro que no están todos los que son, pero si son todos los que están. Ahí van algunos.
En el mundo anglosajón Sonny Bono, vocalista junto a Cher de uno de los dúos más famosos de los 60, dio el paso a la política activa en las filas del Partido Demócrata en 1994, como congresista por California a la vez que alcalde de Palm Springs. Dave Rowntree, bajista de los míticos Blur, apasionado militante laborista con más de 25 años de militancia a sus espaldas, fue elegido concejal del Labour Party en 2015 en la localidad británica de Norwich. Algo más lejos, en Australia y también en las filas del laborismo, encontramos a Peter Garret, vocalista de Midnight Oil, cuyo compromiso ecologista le llevó a ser Ministro de Medio Ambiente en 2007.

En Brasil, Gilberto Gil, maestro de la bossa nova, llevó su militancia izquierdista y ecologista a ser elegido ministro de Cultura por parte del presidente Lula da Silva. En el mismo continente, concretamente durante el último mandato de Cristina Fernández de Kirchner, la cantante folk Teresa Parodi fue la primera mujer elegida como ministra de Cultura en Argentina. En Cuba, Silvio Rodríguez, fue diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular durante 15 años. En otro continente y país, uno de los referentes de la música africana, Youssou N’Dour también llegó a ministro de Cultura del Gobierno de Senegal en 2012.

En nuestro país la lista de músicos elegidos cargos públicos no es muy extensa, aunque con los años de consolidación democrática ha ido creciendo. Así nos encontramos con el mítico cantautor Labordeta, que primero en Izquierda Unida y después desde la Chunta Aragonesista, representó al pueblo aragonés en el Congreso de los Diputados cerca de diez años. La también cantautora Rosa León, fue candidata del PCE en las elecciones generales de 1979, y posteriormente elegida concejala en el Ayuntamiento de Madrid entre 2003 y 2007 en las filas socialistas. Más recientemente, encontramos a todo un referente cultural y político de la lucha antifranquista, Lluís Llach, elegido diputado por Girona en el parlamento de Catalunya en las listas soberanistas de Junts Pel Sí.

Ya en el mundo del rock nos encontramos con dos casos antagónicos: por un lado, Fermín Muguruza, líder de Kortatu y Negu Gorriak, referente del Rock Radical Vasco, y candidato al Parlamento Europeo por Euskal Herritarrok en 1999. Por otro, aunque sin llegar a resultar elegido nunca, a Fernando Márquez “El Zurdo”, candidato al Congreso por Falange Auténtica en 1986. Por no hablar del caso de Sabino Méndez, que, sin llegar a ser candidato, presta “El ritmo del garaje” a Ciudadanos en las autonómicas catalanas de 2007, y compone el himno de UPyD.

En el País Valenciano, encontramos a dos referentes de la música en valenciano como cargos públicos de Compromís, con Pau Alabajos como concejal en Torrent , nuevamente elegido candidato a la Alcaldía de la capital de l’Horta Sud, y a Josep Nadal i Sendra cantante de la Gossa Sorda, diputado actual en las Cortes Valencianas y cabeza de lista por la circunscripción de Alicante para las autonómicas de 2019. Ejemplos, todos ellos, que demuestran que la relación entre música y política, no solo existirá siempre, sino que además puede ser llevada hasta sus últimas consecuencias si es verdadera.